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lunes, 3 de mayo de 2010

¿Cómo resistir a Satanás?

Antes de que Jesús iniciara Su ministerio terrenal, Satanás lo tentó en el desierto (Mateo 4:11). Después de haber resistido a Satanás, Cristo es capaz de ayudarnos a salir victoriosos sobre él y las tentaciones que pone en nuestro camino (Hebreos 4:15,16).

Puesto que Cristo venció a Satanás en la cruz, los que lo hemos aceptado como Señor y Salvador estamos liberados del poder de las tinieblas y entramos a formar parte del reino del Hijo amado de Dios (Colosenses 1:13). Con todo, nuestra lucha contra Satanás no ha terminado, porque no es una persona que abandone la batalla tan fácilmente. Es el acusador de nuestros hermanos (Apocalipsis 12:10), el enemigo (Mateo: 13:39), el tentador (Mateo4:3) y el engañador (Apocalipsis 12:9).

En el conocido himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, Martín Lutero nos advierte que debemos estar en guardia:

“Con furia y con afán, acósanos Satán,

Por armas deja ver astucia y gran poder,

Como él no hay en la tierra”.

En la Biblia se nos dice que debemos “estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11), y que tenemos que resistirlo (véase Santiago 4:7).

“¿Exactamente qué poderío ejerce Satanás sobre los creyentes? ¿Qué recursos debemos poseer para resistir sus tentaciones y ataques?

El cristiano debe aprender a confiar en la obra concluida de Cristo, porque el Señor venció ya a Satanás. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero” (Apocalipsis 12:11). Jesús se hizo hombre “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).

El cristiano debe comprender que goza de una posición privilegiada de refugio y seguridad. De acuerdo con Colosenses 3:1-3, puesto que hemos resucitado con Cristo y hemos vuelto a una vida con El mediante el nuevo nacimiento (véase Juan 5:24), el “viejo yo” ha muerto (véase Gálatas 2:20) y nuestra vida está ahora “oculta con Cristo en Dios”. El cristiano se encuentra bajo Su protección y cuidado constantes. “Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Juan 5:18).

Estrategia de asesoramiento:

Si un cristiano siente que está siendo atacado por Satanás o que es vulnerable a sus asechanzas o su tentación, pídanle que les explique sus inquietudes. Puede ser que simplemente esté sucumbiendo a sus propios deseos egoístas y pecaminosos. Muchas veces culpamos a Satanás de multitud de cosas por las que no tiene ninguna responsabilidad.

1. Un cristiano debe confesar todos sus pecados conscientes (1 Juan 1:9), entendiendo que debe abandonarlos. Debemos esforzarnos por tener “una conciencia sin ofensas ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16), ya que esto constituye el primer paso para afrontar a Satanás.

2. El cristiano debe permanecer vigilante y en guardia. “Sed sobrios, y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). El estar alerta contra las asechanzas y los intentos de Satanás nos ayudará a evitar encuentros con él.

3. Debemos someternos a Dios (Santiago 4:7-8). Este sometimiento tiene dos aspectos:

A. Resistir al diablo.

1) Prepare su mente sicológicamente en contra del diablo. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse” (Daniel 1:8) “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14)

2) Ponga a Satanás en su lugar. Cuando el diablo le habló a Jesús por medio de Pedro, para tratar de desviarlo de su propósito eterno, Jesús le reprendió: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres (Mateo 16:23)

3) Use las Sagradas Escrituras para hacer huir a Satanás (Mateo 4:1-11). Durante su tentación, Cristo respondió tajantemente con tres citas apropiadas: Deuteronomio 8:3, Deuteronomio 6:16 y Deuteronomio 6:13. Uno de los argumentos más convincentes para estar familiarizado con las Escrituras es el poder resistir a Satanás.

B. Acercarse a Dios para que El se acerque a nosotros. El tener un tiempo íntimo y cotidiano de comunión con el Señor, utilizando Su palabra y buscando Su presencia y fortaleza por medio de la oración se combinará con nuestra resistencia a Satanás y lo hará huir. “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).

4. Debemos vencer a Satanás con la ayuda del Espíritu Santo. “Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Citas bíblicas:

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).

“Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y El se acercará a vosotros”. (Santiago 4:7-8).

“Sí, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:1-3).

“Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).

viernes, 26 de febrero de 2010

Sanidad

El concepto bíblico de la sanidad significa mucho más que el alivio de un conjunto de síntomas físicos. Implica plenitud del cuerpo y el espíritu.

Jesús le preguntó al hombre de Juan 5:6: “¿Quieres ser sano?”

Muchas enfermedades son el resultado del modo de vida y las actitudes del individuo.

*Muchos científicos médicos sostienen que gran parte de nuestros males se deben a causas emocionales: tensiones, temores, tristeza, envidia, resentimiento, odio, etc. Los dolores y los problemas físicos pueden ser muy reales; pero sus causas están enraizadas en las emociones.

*El fumador de toda la vida puede desarrollar diversos males tales como enfisema, cáncer, hipertensión sanguínea, etc., que afectan la boca, la garganta, el esófago, los pulmones y el corazón.

*El consumo de bebidas alcohólicas puede tener consecuencias devastadoras, tanto emocionales como físicas. Muchas de ellas son irreversibles, debido a un conducto digestivo ulcerado, el hígado destruido o el cerebro dañado.

*El comer en exceso o la desnutrición, durante períodos prolongados provocarán también problemas de salud.

Sin embargo, muchas enfermedades no se deben a los abusos, la disipación o los problemas emocionales. ¡Muchas personas están simplemente enfermas! Refiriéndose al hombre que había nacido ciego, Jesús dijo: “No es que pecó éste ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3). Acordémonos de los que nacen con defectos o males genéticos, las víctimas de accidentes, los heridos o muertos que se deben a los descuidos o la falta de prudencia de otros, las infecciones y las enfermedades virales, etc.

Señalamos todo lo anterior con el fin de recalcar que hay varias formas de abordar el problema de la enfermedad. Vamos a ocuparnos de tres de ellas:

Dios sana mediante el nuevo nacimiento:

Cuando una persona se convierte en “nueva criatura” en Cristo (2 Corintios 5:17), descubre que Jesús puede satisfacer todas las necesidades. Muchos han dado testimonio de que, cuando enderezaron todas las cosas espiritualmente y comenzaron a vivir dentro de la perspectiva correcta y en relación con Dios, sus males desaparecieron. El escritor de himnos William B. Bradbury se refirió a esta nueva perspectiva.

“A pesar de que soy pobre, desvalido y ciego; la vista, las riquezas y la salud mental, todo lo que necesito, encuentro en Ti, Oh, Cordero de Dios, voy a Ti”.

Dios sana mediante la confesión del pecado:

Muchos cristianos llevan vidas miserables, débiles y, con frecuencia, enfermizas, debido a su desobediencia y sus pecados no confesados. Esas personas podrían recuperarse totalmente si se enfrentaran a su pecado. El salmista dijo: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias…” (Salmo 103:3-4)

Dios sana mediante intervenciones milagrosas que se conforman a Su voluntad soberana y Sus propósitos:

La Biblia contiene muchos ejemplos de esto. También tenemos pruebas de esos milagros en nuestros días. Sin embargo, Dios no cura a todos los que se lo piden o por los que oran por otros. “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34); pero cura a unos y a otros no, con una divina selectividad que refleja Su propia sabiduría eterna y Su divina voluntad. “Así son mis caminos más altos que vuestros caminos” (Isaías 55:8). Esta selectividad divina puede apreciarse en el ejemplo de Pablo que oró durante mucho tiempo para que le fuera quitada una aflicción (2 Corintios 12:8-10). Dios no curó a Pablo. ¡Le proporcionó gracia y fortaleza – no para que Pablo pudiera soportarlo, sino para que aprendiera a tener gozo y a gloriarse de su absoluta dependencia del Señor! Dios está tratando de enseñarles a los Suyos que en tods las circunstancias debemos aprender que “la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7). La voluntad y los caminos gloriosos de Dios se pusieron de manifiesto en la vida de Pablo, cuando aprendió que “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

No obstante, nada de esto debe hacernos desistir de orar con fe por los enfermos o por cualquier otra cosa. Dios puede responder a nuestras oraciones de fe de modos que nos asombrarán. “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17) es Su mandato. El consejero debe tener cuidado para no dar la idea de una curación física garantizada, como resultado de sus oraciones.

Estrategia de asesoramiento:

1. Asegúrenle a su interlocutor que Dios le ama y puede satisfacer sus necesidades. Indíquenle que se sienten felices de poder compartir su fe y sus oraciones con él.

Nota: Algunas personas, al hablar de sus males, tienden a hablar sin cesar. El consejero deberá demostrarles simparía e interés; pero, en el momento oportuno, tendrá que tomar el control de la conversación.

2. Después de que su interlocutor les haya explicado su problema, infórmenle que les encantaría hablar con él de ese tema; pero que, antes, les gustaría hacerle una pregunta muy importante que se relaciona directamente con su asunto. ¿Ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal? Si es apropiado, explíquenle las “Cuatro leyes Espirituales”.

3. Luego, vuelvan a llevar la conversación hacia el problema emocional o físico. ¿Se debe quizá a hábitos o excesos? Ayuden a esa persona a comprender que esas cosas, si las está experimentando, pueden relacionarse directamente con sus problemas. Anímenle a que confíe en Dios, con el fin de poner su modo de vida bajo el control de la voluntad del Señor.

4. Oren con él para que obtenga la victoria sobre los excesos que contribuyan a sus dificultades, así como también para que recupere completamente su salud.

5. Si su interlocutor es cristiano, traten de determinar si su mal se relaciona e alguna forma con la falta de armonía de su vida con la voluntad y el plan de Dios. Pregúntenle con amabilidad si tiene ira, amargura, resentimiento o algún otro pecado no confesado. Hagan hincapié en 1 Juan 1:9 y 2:1.

Animen a esa persona a que viva en comunión con Cristo, tratando siempre de darle gloria (1 Corintios 10:31). Después de esto, oren fielmente y con fe, pidiendo la sanidad, de conformidad con Mateo 18:19.

6. Si su interlocutor es un cristiano que considera que ha estado siguiendo la voluntad de Dios, inicien inmediatamente su oración, recurriendo a las promesas de Dios para las oraciones de fe.

7. Después de su manejo de cualquiera de los casos anteriores, háblenle siempre a esa persona sobre la paz y la plenitud que se obtienen cuando aprendemos a depender de la Palabra de Dios y la oración, que proporcionarán el mayor ánimo frente a las enfermedades y la adversidad.

8. Aconséjenle que asista al Centro Cristiano de Los Teques, donde se enseña la Palabra de Dios. El compañerismo, la atención y las oraciones del pueblo de Dios tienen un gran poder. El estar involucrado dentro de alguna célula y pertenecer a un ministerio va a ser de gran ayuda para él.

Citas bíblicas:

“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración… ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:13-16)

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).

“Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18).

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:7-9)

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren , les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19)

martes, 4 de agosto de 2009

La soledad

La soledad es la comprensión dolorosa de que carecemos de relaciones significativas y estrechas con otros. Esta carencia produce vacío, melancolía, aislamiento e incluso desesperación. Se encuentran presentes una sensación de rechazo y una baja imagen propia, porque no podemos establecer relaciones o nos sentimos excluidos e indeseables, por mucho que nos esforcemos en sentir que somos aceptados.

La sociedad es que vivimos contribuye a la soledad. A algunos les resulta muy difícil mantener su propia identidad y relaciones significativas en la jungla de burocracia, especialización, regimentación y competencia. La movilidad y los cambios constantes tienden a hacer que algunos individuos se sientan fragmentados y carentes de verdaderas raíces.

La soledad puede ser auto provocada. A algunas personas les resulta muy difícil comunicarse con otras o carecen de confianza porque tienen una imagen muy baja de sí mismas. Otras ansían reunirse con otros; pero sus exigencias de intimidad e independencia inhiben el desarrollo de lazos firmes con otros. El temor a que sus personalidades sean reveladas actúa como una especia de parálisis social.

Nota: En muchos de sus mensajes, Billy Graham se refirió a esta “soledad cósmica” de la persona separada de Dios y que siente que su vida tiene poco interés. Dijo: “Hay miles de personas solitarias que llevan cargas pesadas y difíciles de angustia, soledad, dolor y decepciones; pero la más solitaria de todas es aquella cuya vida está hundida en el pecado”.

Uno de los resultados de la caída es que el hombre quedó separado de Dios. Esa enajenación hizo que Adán y Eva se ocultaran de Dios y trataran de cubrir su desnudez (es posible que estas tres condiciones ayuden a describir a una persona solitaria) Nuestra situación espiritual se puede resumir como sigue: “El hombre fue creado con un vacío en el pecho del tamaño de Dios, que sólo el Señor puede llenar”.

Sólo al encontrar a Cristo trascendemos nuestro propio yo y desarrollamos la perspectiva sobre la vida que puede hacer que se mitigue el dolor de nuestra soledad. El salmista realzó la obra de Dios en su propia vida, al escribir: “Restauró mi alma”. Esta restauración elimina las causas de nuestra enajenación. “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él…” (Colosenses 1:21,22) El resultado es también que vuestro cuerpo se convierte en morada del Espíritu Santo. “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19) Así, estamos completos en él. “Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:10)

Estrategia de asesoramiento:

Analizaremos la soledad desde el punto de vista espiritual, así como también en forma práctica, tanto para los no cristianos como para los creyentes. Buscamos la comunión con Dios y el compañerismo con otros seres humanos.

Para el no cristiano solitario:

1. Denle ánimos. Al compartir su problema de la soledad, su interlocutor está admitiendo que tiene una necesidad. Esto es importante para poder resolver cualquier problema de la vida. Asegúrenle que a este primer paso importante pueden seguir otros que le conducirán a soluciones.

2. Traten de determinar las causas de su soledad. Si no les proporciona suficiente información, háganle preguntas sobre él mismo, en lo personal: ¿dónde vive, quiénes son sus vecinos, dónde trabaja, le gusta su empleo? ¿Qué puede decirles sobre sus aficiones y amistades, su iglesia, etc.?

3. Pregúntenle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Salvador. Explíquenle las Cuatro leyes espirituales. La primera etapa del plan de Dios para su vida se realizará cuando acepte a Cristo; pero podrá estar también seguro que se resolverán sus sentimientos de enajenación. Estará en paz con Dios (Romanos 5:1), y Cristo será su amigo constante. “Y amigo hay más unido que un hermano” (Proverbios 18:24).

4. Aconséjenle que trate de crecer espiritualmente mediante la lectura y el estudio de la Biblia y aprendiendo a orar.

La oración diaria contribuirá mucho a mejorar sus sentimientos de soledad, proporcionándole un acceso inmediato a Dios que es “nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1)

5. Invítenle a la iglesia, donde se enseña la palabra de Dios, y también podrá encontrar compañerismo cristiano, la adoración y el servicio al Señor. Díganle que no deberá esperar demasiado con excesiva rapidez. Las relaciones significativas no se desarrollan de la noche a la mañana. Es preciso cultivarlas y eso requiere tiempo. Cuanto más dé de sí mismo, al participar en la vida de la iglesia, tanto más recibirá de otros. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo” (Proverbios 18:24)

6. Sugiéranle que afirme los lazos familiares que nos sean como debieran. Las comunicaciones con los otros miembros de la familia contribuirán mucho al desarrollo del respeto y el interés mutuo. Ahora que conoce a Cristo, deberá tratar de ganar a los miembros de su familia para el Salvador.

7. Oren con él, pidiendo su crecimiento espiritual y el desarrollo de relaciones significativas con sus amigos tanto cristianos como inconversos.

Para el cristiano solitario:

1. Aconséjenle que tenga unos momentos de quietud cada día. La sensación de la presencia perpetua de Dios contribuirá a reducir sus sentimientos de soledad.

Nota: Billy Graham ofrece sus propias experiencias como aliento: “Les voy a dar una pequeña receta que he descubierto para combatir la soledad. En primer lugar, nunca estoy solo cuando oro, porque eso me hace entrar en comunión con el mejor amigo de todos: Jesucristo. El Señor dijo: `Ya no os llamaré siervos, sino amigos´(Juan 15:15). Además, nunca estoy solo cuando leo la Biblia. Lo hago todos los días –capítulos enteros de las Escrituras. Nada hace que desaparezca la soledad mejor que una sesión con la Palabra de Dios”.

Al crecer en esta relación piadosa con Dios, comenzamos a cambiar. Las actitudes de amor y cuidado que se desarrollan gradualmente se convierten en las bases para los contactos con otros y la profundización de las amistades.

2. Anímenle para que busque un lugar importante de servicio en la iglesia. Al enfocar nuestra atención en los problemas de otros, los nuestros quedarán bajo una perspectiva adecuada y nos parecerán menos importantes. Por otra parte, el servicio nos ayuda a cultivar nuestras relaciones con otros cristianos que sirven también al Señor, y tiende a hacer aumentar la estimación que tenemos de nosotros mismos, al entrar a formar parte de un grupo.

Nota: Respecto al servicio, Billy Graham dijo: “Nunca estoy solo cuando le doy testimonio del Señor a otros. Es enormemente emocionante el hablarles a los demás de Cristo. Y esto es algo que podemos hacerlo todos”.

3. Aconséjenle a su interlocutor que fortalezca sus lazos familiares. Las personas solitarias tienen a veces “cabos sueltos” en sus relaciones con sus familiares. Los esfuerzos constantes para comunicarnos con nuestra propia familia –aprendiendo a compartir, respetar y amar, convirtiéndose los unos en parte de los otros- contribuirá mucho a evitar los sentimientos de soledad. El mejoramiento de las relaciones en el hogar significará siempre un mejoramiento en todos los demás aspectos.

4. Anímenle para que busque los consejos del pastor. El pastor podrá ayudarle a desarrollar sus relaciones y le recomendará esferas de servicio en la iglesia.

Citas Bíblicas:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy mando y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30)

“No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5,6)

“Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación; del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová. Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira. Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enumerados” (Salmo 40:1-5)

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. (1 Corintios 1:9)

Proverbios 3:5-6)