miércoles, 19 de agosto de 2009

Los sufrimientos y la adversidad

¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a mi familia? ¿Qué sentido tiene este sufrimiento?

Estas son preguntas muy conocidas que se formulan los cristianos y los no creyentes por igual. Nadie es inmune al sufrimiento y la adversidad. “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (Job 5:7) Todos estamos sometidos a las presiones de los deseos, la necesidad, la tristeza, la persecución, la falta de popularidad y la soledad. Algunos sufren por lo que han hecho, otros por lo que la gente les hace a ellos. Muchos padecen porque son víctimas de circunstancias que no pueden controlar.

El dolor es desesperante. A veces, hay noches de agonía en que Dios nos parece injusto y se nos antoja que no hay ayuda o respuesta posible. El alivio temporal puede parecer adecuado; pero la solución real al sufrimiento no es aislarse en un intento de suprimirlo, como tampoco lo es soportarlo rechinando los dientes. La solución es, más bien, condicionar nuestras actitudes de tal manera que aprendamos a vencerlo y a recibir las lecciones que nos otorga. Cuando el Apóstol Pablo pedía ser liberado de su “espina en la carne”, Dios no se la quitó, sino que lo consoló, diciéndole: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9) En otro pasaje de aliento a los corintios, escribió: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo los suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8)

Excepción hecha del dolor físico, la forma en que manejemos el sufrimiento parece reducirse a una cuestión de actitud: “¿Qué debo hacer frente al sufrimiento para aprender de él y utilizarlo en provecho mío y lo concerniente a los propósitos eternos de Dios?”

Nota: Billy Graham comentó: “No hay ninguna parte de la Biblia que enseñe que los cristianos están exentos de las tribulaciones y los desastres naturales que asedian al mundo. Lo que sí enseñan las Sagradas Escrituras es que el cristiano puede enfrentarse a las tribulaciones, las crisis, las calamidades y los sufrimientos personales, con un poder sobrenatural que no está a disposición de las personas ajenas a Cristo”.

Algunos de los seres más patéticos de este mundo son aquellos que, en medio de la adversidad, se ahogan en un mar de autocompasión y amargura, en tanto que obtienen cierto agrado en culpar a Dios por sus problemas.

La actitud de Job es una buena inspiración: “He aquí aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).

El que sufre se sentirá bendecido si, en medio de la más tremenda agonía y desesperación, puede elevar el rostro al Padre celestial y sentirse agradecido por Su amor eterno y Su presencia constante. Reiterando, nuestra respuesta al sufrimiento debe llevarnos a ver más allá de él, tratando de determinar las metas supremas de Dios y la enseñanza que está tratando de darnos.

¿Cuáles son algunas de las razones del sufrimiento humano?

1. Hay ocasiones en que sufrimos porque nos lo buscamos.

La disipación y a falta de disciplina generan consecuencias de desdicha. El abuso prolongado de nuestros cuerpos puede traer enfermedad. Nuestras decisiones equivocadas vuelven a asediarnos.

Conviene que el consejero le pregunte al interlocutor: “¿Cree que esto le está sucediendo debido a su falta de juicio o moderación? ¿Puede tomar alguna medida que alivie sus sufrimientos?”

2. Hay ocasiones en que Dios toma medidas correctivas debido a nuestro pecado y nuestra desobediencia. Dios corrige y disciplina a los que son suyos. Utiliza el castigo para demostrarnos Su amor y que somos verdaderamente Suyos (Hebreos 12:5-11)

3. A veces, Dios permite que suframos para que aprendamos a responder a los problemas y a El en una forma bíblica. Las Escrituras nos dicen que Jesús “Por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5:8).

Nuestra meta debe ser no sólo librarnos del sufrimiento, sino, más bien, aprender a agradar a Dios, siendo sensibles y obedientes a El y a Su palabra (véase Romanos 12:1,2).

4. Algunas veces, Dios permite que suframos para que entendamos que el dolor forma parte de la vida. No hay ningún pasaje en la Biblia que enseñe que el cristiano será inmune al sufrimiento y la adversidad. En Filipenses 1:29, Pablo afirma que “a vosotros os es concedido, a causa de Cristo, no sólo que crezcáis en él, sino también que padezcáis por él”. La adversidad puede ser un don de Dios. ¿Por qué debe ser tan difícil pensar en esto desde este punto de vista?

Cristo no evadió la cruz para escapar al sufrimiento. Hebreos 12:2 nos dice: “El sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”. ¿Por qué lo hizo? “Por el gozo puesto delante de Él”. Sabía que la palabra final no era la crucifixión, el sufrimiento, sino la resurrección, La victoria.

Es probable que suframos brevemente o durante todo el curso de nuestra existencia. Para los que sufren, el fin no parece llegar nunca. Sin embargo, no perdamos la esperanza ni nos sumerjamos en la autocompasión o la amargura. El resultado final es en lo que debemos fijar nuestra vista. ¡El pensar en que estaremos con el Señor en el cielo deberá ponerlo todo en la perspectiva correcta!

5. A veces, Dios permite el sufrimiento porque busca nuestro bienestar por medio de él. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Debemos aceptar esto por fe y pedirle a Dios que el bien máximo para nuestra vida sea el resultado de nuestros sufrimientos. Sólo a través de la adversidad podremos aprender las lecciones más profundas de la vida. Confíe en que Dios realizará Su voluntad y Su plan en nuestra vida, para que seamos más semejantes a Cristo (Véase Romanos 8:29).

No hay mérito alguno en nuestro sufrimiento para fines de redención, como lo hubo en el de Cristo Jesús; pero si somos fieles en la adversidad, tendremos “participación en sus padecimientos” (Filipenses 3:10).

6. Dios permite a veces que suframos para poder hablarles a otros por medio de nuestra vida y nuestro testimonio, con el fin de consolarlos. Jesús dijo que el sufrimiento del ciego del que se nos habla en Juan 9 era para que “las obras de Dios se manifiesten en él”.

Tal vez el Señor esté obrando en su vida mediante el sufrimiento, para que otros se sientan inspirados por el ejemplo que les da en la adversidad. Los que soportan la adversidad se identifican y compadecen con mayor eficiencia de los demás que sufren. Aprendemos a consolar a otros como somos consolados. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3,4).

Estrategia de asesoramiento:

Para el no cristiano:

1. Muéstrese llenos de comprensión. Escuchen con cuidado el problema que la persona desea compartir. El expresar bien los problemas es de gran ayuda. Tomen a iniciativa para orientar la conversación, de tal modo que pueda ofrecerle ayuda espiritual.

2. Denle palabras de aliento y esperanza. Indíquenle que Dios le ama y sabe lo que le está sucediendo, que no está solo. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:2)

Díganle que está agradecido porque les haya llamado y que juntos buscarán las respuestas a sus problemas.

3. Pregúntenle si ha recibido a Cristo Jesús como su Señor y Salvador personal. Dios permite a veces la aflicción. Desea que le prestemos atención para llevarnos al camino de salvación. Compartan con él las Cuatro Leyes Espirituales.

4. Oren con esa persona para fines de salvación y liberación y pónganla en las manos de Dios.

5. Anímenle a que comience a leer y estudiar la palabra de Dios. El aprender a orar le otorgará fuerza y visión en los problemas de la vida.

6. Aconséjenle que se integre a la iglesia. El compañerismo con cristianos consagrados le ayudará a madurar en la vida y a entender los caminos de Dios y de la existencia. La iglesia le brindará también oportunidades para estudiar la Biblia y servir al Señor.

Para el cristiano:

Si el interlocutor es un cristiano que se encuentra afligido por alguna tragedia o un sufrimiento que le haya sobrevenido, traten de analizar las razones posibles por las que Dios haya permitido tal situación.

1. Muéstrenle su comprensión. Anímenle por medio del consuelo que Dios da a través de los suyos.

2. Anímenle a investigar la palabra de Dios y a orar sinceramente para que el Señor le revele Sus motivos para el sufrimiento.

A. ¿Qué está tratando de decirme Dios?

B. ¿Qué está tratando de enseñarme?

C. ¿Qué debo hacer como consecuencia de ello?

3. Si hasta ahora no participa en una iglesia donde se enseñe la palabra de Dios, anímenle a que asista al CCLT. El estudio de las Sagradas Escrituras le ayudará a profundizar su comprensión de la voluntad y los caminos del Señor.

4. Aconséjenle que se ponga en contacto con amigos cristianos. Siempre es de gran consuelo tener a alguien que esté dispuesto a escuchar. Además, esto le traerá consuelo, comprensión y fortaleza.

5. Oren con él personalmente, pidiéndole a Dios que le libre de la angustia.

Citas Bíblicas:

"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos”. (Romanos 8:28-29).

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos mas que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Romanos 8:35-37)

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la palabra de vida que Dios ha prometido a los que le aman”. (Santiago1:2,3 y 12).

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”. (Juan 14:1).

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría”. (1 Pedro 4:12,13).

“Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien”. (1 Pedro 4:16,19).

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. (Apocalipsis 21:4).

martes, 4 de agosto de 2009

Las dudas

Las dudas pueden debilitar. Los titubeos y la inseguridad son característicos de las personas que dudan. Santiago dice que el hombre “de doble ánimo” es “inestable en todos sus caminos. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:7).

Sin embargo, no es raro que incluso los cristianos tengan dudas. Puede preguntarse, “¿Es verdadera la Biblia?”, al escuchar alguna persona criticar la Palabra de Dios. Lleno de confusión por alguna petición no concedida, puede preguntarse: “¿Es Dios real?” “¿Responde verdaderamente a las oraciones?” Al enfrentarse a la realidad de sus propios deseos pecaminosos, puede interrogarse: “¿Me ha salvado Dios realmente?”

Nota: Billy Graham escribió: “Probablemente todos hemos tenido dudas e incertidumbres algunas veces en nuestra vida cristiana. Cuando Moisés ascendió al Monte Sinaí para recibir las tablas de la Ley de manos de Dios, y al estar mucho tiempo fuera de la vista de su pueblo que esperaba ansiosamente su regreso, dudaron de que volviera. Y se construyeron un becerro de oro (Éxodo 32:8). Su apostasía se debió a sus dudas y su incertidumbre”.

A pesar de la tendencia a dudar, podemos recibir aliento porque las dudas sinceras conducen con frecuencia a una fe sólida y una entrega firme al Señor.

Por supuesto, lo contrario de las dudas es la fe. Santiago exhortaba a los que estaban teniendo pruebas que “le pidieran a Dios” y que lo hicieran “con fe” (Santiago 1:5,6). Debemos recodar que las dudas pueden ser un instrumento muy eficaz de Satanás. Hizo que Eva dudara, diciendo: “¡Con que Dios ha dicho!” (Génesis 3:1). Nos llenará de dudas en los puntos en que seamos más vulnerables. La desobediencia espiritual, las decepciones, la depresión, las enfermedades e incluso los temores de la ancianidad pueden fomentar dudas.

Estrategia de asesoramiento:

Para quienes duden de su salvación:

1. Feliciten a su interlocutor por su preocupación respecto a sus dudas. La Palabra de Dios ofrece verdadero aliento a los inseguros.

2. Si se dan cuenta de que esa persona ha estado confiando en algo que no sea su relación personal con Jesucristo, explíquenle las Cuatro Leyes Espirituales.

3. Si se convencen de que se ha entregado ya antes a Jesucristo con toda sinceridad, pregúntenle:

A. ¿Está siendo desobediente? Hagan hincapié en 1 Juan 1:9.

B. ¿Se ha mostrado indiferente a las cosas espirituales, descuidando la asistencia a la iglesia, la lectura de la Biblia y la oración? Háblele sobre La Restauración, que está en este blog. Hagan hincapié en 1 Juan 1:9 y Romanos 12:1,2.

C. Anímenlo para que si afirme en la fe, confiando en Dios (Hechos 27:25). Recomiéndenle que adopte una posición firme por Cristo, a que estudie la Palabra de Dios, aprenda la disciplina de la oración y a que sirva a Cristo en la Iglesia.

D. Oren con esa persona para que pueda tener una relación con Dios basada en una fe firme.

Para los que se hayan desilusionado debido a las decepciones:

Pueden tener dudas respecto a Dios debido a un divorcio, una muerte en la familia, un hijo o una hija rebelde, las oraciones que no reciben respuesta o la traición de otro cristiano.

1. Denle ánimos. Dios nos ama y nos cuida. El Señor desea que esa persona ande con El llena de fe.

2. Ayúdenle a identificar las causas de sus dudas, haciendo hincapié en que no es malo preguntarse por qué en la vida.

3. Recuérdenle que Dios nunca nos prometió que estaríamos libres de adversidades en nuestras vidas. Es posible que esa persona tenga que apartar un poco sus ojos de sí misma y sus dificultades, con el fin de regresar a Dios. Es posible que deba discernir, por encima de las circunstancias directas de su vida, lo que Dios trata de enseñarle mediante esas experiencias.

El Señor es fiel. El hecho de que las dudas echen raíces en nuestra mente no quiere decir que Dios haya dejado de cuidarnos.

4. Deberá reflexionar en la bondad de Dios que ha experimentado en el pasado, recordando ejemplos de la fidelidad del Señor en su propia vida y en las de otras personas. Esto le ayudará a tener firmeza.

Se debe llevar a cabo una renovación de su fe. Animen a su interlocutor a que comience a confiar otra vez en las promesas de Dios. Debe saturar su vida con las Escrituras y creer lo que dice Dios. Jesús señaló: “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

5. Oren con esa persona pidiendo su renovación, animándole a que le confiese sus dudas a Dios y le ruegue que le dé una fe dinámica.

6. Recomiéndenle que sea fiel en su adoración con el pueblo del Señor. El cultivar relaciones con otros cristianos será muy útil. El participar en el servicio a Cristo en la iglesia, reforzará sus resoluciones y hará que su entrega al Señor se haga más firme y profunda.

C Cómo darles seguridad sobre la salvación a los ancianos:

DeDebido a numerosos cambios que acompañan a la entrada en años, los ancianos necesitan a veces recibir confirmación de su salvación y su relación eterna con Dios. Ayúdenles a recordar:

1. Que deben confiar absolutamente en Jesucristo como su Señor y Salvador. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39)

2. Que deben confiar sin titubeos en su relación con el Padre celestial “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12) “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2)

3. Que confíen sin dudar en la Palabra de Dios. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos. De generación en generación es tu fidelidad” (Salmo 119:89,90) “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1:19)

Citas Bíblicas:

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1:5-8)

“Jesús le dijo: porque me has visto, Tomás creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20:29)

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1)

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6)

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:1,2)

La soledad

La soledad es la comprensión dolorosa de que carecemos de relaciones significativas y estrechas con otros. Esta carencia produce vacío, melancolía, aislamiento e incluso desesperación. Se encuentran presentes una sensación de rechazo y una baja imagen propia, porque no podemos establecer relaciones o nos sentimos excluidos e indeseables, por mucho que nos esforcemos en sentir que somos aceptados.

La sociedad es que vivimos contribuye a la soledad. A algunos les resulta muy difícil mantener su propia identidad y relaciones significativas en la jungla de burocracia, especialización, regimentación y competencia. La movilidad y los cambios constantes tienden a hacer que algunos individuos se sientan fragmentados y carentes de verdaderas raíces.

La soledad puede ser auto provocada. A algunas personas les resulta muy difícil comunicarse con otras o carecen de confianza porque tienen una imagen muy baja de sí mismas. Otras ansían reunirse con otros; pero sus exigencias de intimidad e independencia inhiben el desarrollo de lazos firmes con otros. El temor a que sus personalidades sean reveladas actúa como una especia de parálisis social.

Nota: En muchos de sus mensajes, Billy Graham se refirió a esta “soledad cósmica” de la persona separada de Dios y que siente que su vida tiene poco interés. Dijo: “Hay miles de personas solitarias que llevan cargas pesadas y difíciles de angustia, soledad, dolor y decepciones; pero la más solitaria de todas es aquella cuya vida está hundida en el pecado”.

Uno de los resultados de la caída es que el hombre quedó separado de Dios. Esa enajenación hizo que Adán y Eva se ocultaran de Dios y trataran de cubrir su desnudez (es posible que estas tres condiciones ayuden a describir a una persona solitaria) Nuestra situación espiritual se puede resumir como sigue: “El hombre fue creado con un vacío en el pecho del tamaño de Dios, que sólo el Señor puede llenar”.

Sólo al encontrar a Cristo trascendemos nuestro propio yo y desarrollamos la perspectiva sobre la vida que puede hacer que se mitigue el dolor de nuestra soledad. El salmista realzó la obra de Dios en su propia vida, al escribir: “Restauró mi alma”. Esta restauración elimina las causas de nuestra enajenación. “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él…” (Colosenses 1:21,22) El resultado es también que vuestro cuerpo se convierte en morada del Espíritu Santo. “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19) Así, estamos completos en él. “Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:10)

Estrategia de asesoramiento:

Analizaremos la soledad desde el punto de vista espiritual, así como también en forma práctica, tanto para los no cristianos como para los creyentes. Buscamos la comunión con Dios y el compañerismo con otros seres humanos.

Para el no cristiano solitario:

1. Denle ánimos. Al compartir su problema de la soledad, su interlocutor está admitiendo que tiene una necesidad. Esto es importante para poder resolver cualquier problema de la vida. Asegúrenle que a este primer paso importante pueden seguir otros que le conducirán a soluciones.

2. Traten de determinar las causas de su soledad. Si no les proporciona suficiente información, háganle preguntas sobre él mismo, en lo personal: ¿dónde vive, quiénes son sus vecinos, dónde trabaja, le gusta su empleo? ¿Qué puede decirles sobre sus aficiones y amistades, su iglesia, etc.?

3. Pregúntenle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Salvador. Explíquenle las Cuatro leyes espirituales. La primera etapa del plan de Dios para su vida se realizará cuando acepte a Cristo; pero podrá estar también seguro que se resolverán sus sentimientos de enajenación. Estará en paz con Dios (Romanos 5:1), y Cristo será su amigo constante. “Y amigo hay más unido que un hermano” (Proverbios 18:24).

4. Aconséjenle que trate de crecer espiritualmente mediante la lectura y el estudio de la Biblia y aprendiendo a orar.

La oración diaria contribuirá mucho a mejorar sus sentimientos de soledad, proporcionándole un acceso inmediato a Dios que es “nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1)

5. Invítenle a la iglesia, donde se enseña la palabra de Dios, y también podrá encontrar compañerismo cristiano, la adoración y el servicio al Señor. Díganle que no deberá esperar demasiado con excesiva rapidez. Las relaciones significativas no se desarrollan de la noche a la mañana. Es preciso cultivarlas y eso requiere tiempo. Cuanto más dé de sí mismo, al participar en la vida de la iglesia, tanto más recibirá de otros. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo” (Proverbios 18:24)

6. Sugiéranle que afirme los lazos familiares que nos sean como debieran. Las comunicaciones con los otros miembros de la familia contribuirán mucho al desarrollo del respeto y el interés mutuo. Ahora que conoce a Cristo, deberá tratar de ganar a los miembros de su familia para el Salvador.

7. Oren con él, pidiendo su crecimiento espiritual y el desarrollo de relaciones significativas con sus amigos tanto cristianos como inconversos.

Para el cristiano solitario:

1. Aconséjenle que tenga unos momentos de quietud cada día. La sensación de la presencia perpetua de Dios contribuirá a reducir sus sentimientos de soledad.

Nota: Billy Graham ofrece sus propias experiencias como aliento: “Les voy a dar una pequeña receta que he descubierto para combatir la soledad. En primer lugar, nunca estoy solo cuando oro, porque eso me hace entrar en comunión con el mejor amigo de todos: Jesucristo. El Señor dijo: `Ya no os llamaré siervos, sino amigos´(Juan 15:15). Además, nunca estoy solo cuando leo la Biblia. Lo hago todos los días –capítulos enteros de las Escrituras. Nada hace que desaparezca la soledad mejor que una sesión con la Palabra de Dios”.

Al crecer en esta relación piadosa con Dios, comenzamos a cambiar. Las actitudes de amor y cuidado que se desarrollan gradualmente se convierten en las bases para los contactos con otros y la profundización de las amistades.

2. Anímenle para que busque un lugar importante de servicio en la iglesia. Al enfocar nuestra atención en los problemas de otros, los nuestros quedarán bajo una perspectiva adecuada y nos parecerán menos importantes. Por otra parte, el servicio nos ayuda a cultivar nuestras relaciones con otros cristianos que sirven también al Señor, y tiende a hacer aumentar la estimación que tenemos de nosotros mismos, al entrar a formar parte de un grupo.

Nota: Respecto al servicio, Billy Graham dijo: “Nunca estoy solo cuando le doy testimonio del Señor a otros. Es enormemente emocionante el hablarles a los demás de Cristo. Y esto es algo que podemos hacerlo todos”.

3. Aconséjenle a su interlocutor que fortalezca sus lazos familiares. Las personas solitarias tienen a veces “cabos sueltos” en sus relaciones con sus familiares. Los esfuerzos constantes para comunicarnos con nuestra propia familia –aprendiendo a compartir, respetar y amar, convirtiéndose los unos en parte de los otros- contribuirá mucho a evitar los sentimientos de soledad. El mejoramiento de las relaciones en el hogar significará siempre un mejoramiento en todos los demás aspectos.

4. Anímenle para que busque los consejos del pastor. El pastor podrá ayudarle a desarrollar sus relaciones y le recomendará esferas de servicio en la iglesia.

Citas Bíblicas:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy mando y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30)

“No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5,6)

“Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)

“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación; del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová. Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira. Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enumerados” (Salmo 40:1-5)

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. (1 Corintios 1:9)

Proverbios 3:5-6)

miércoles, 22 de julio de 2009

La Mayordomía (Ofrendas y Diezmos)

El plan de Dios es que los crisrianos sostengan la obra de Cristo en el mundo, por medio de sus diezmos y ofrendas. “Cada primer dia de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Corintios 16:2).

El concepto del diezmo se remonta a la primera época de la historia bíblica. Abraham pagó sus diezmos a Melquidesec, al regresar de la guerra contra los reyes (Hebreos 7:6. En la Ley se estableciò que los levitas debían recibir los diezmos del pueblo (Hebreos 7:5). Aunque el diezmo de nuestros ingresos se estableció como la porción dedicada al Señor, esto no debe limitar a los que tienen medios y la dispocisión de dar más.

El Nuevo Testamento enseña que los cristianos deben dar individual, regular, metódica y proporcionalmente de sus ingresos a fin de sostener la iglesia local, a los necesitados, el evangelismo, y las misiones (1 Corintios 16:2).
Una de las características del creyente que ha experimentado el nuevo nacimiento es dar con el corazón henchido del amor de Dios. “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segara. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:6-8).

Dios nos prometió que nuestras necesidades quedarán satisfechas, si respondemos a las necesidades de Su obra y Sus siervos. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

Nota: Billy Graham comentó: “En nuestro hogar descubrimos, como lo han hecho miles de otros, que cuando diezmamos, la bendición de Dios sobre los nueve décimos restantes hacen que alcances más allá de lo que lograríamos con los diez décimos, sin Su bendición. El modo en que manejemos nuestro dinero es opcional. Dios no nos obliga a distribuirlo de una manera u otra. Sin embargo, hay ciertos principios bíblicos en los que se basa la filosofía cristiana de la mayordomía. Por un lado, Dios es el dueño de todas las cosas y nosotros somos, por así decirlo, custodios de Sus propiedades. Cualquier cosa que le demos a El es, por definición, Su proiedad absoluta. En segundo lugar, lo que le demos debe ser bajo impulso del amor, motivado por la consagración personal a Cristo. En tercer lugar, aunque la mayordomía cristiana no se basa en las recompensas, ciertamente reconoce que no hay mejor inversión posible en lo que respecta al pago. En Marcos 4, Cristo se refirió al rendimiento de treinta, sesenta y cien… Si el diezmar era apropiado bajo la Ley, lo es todavía más bajo la libertad y la gracia… Trate de dar el diezmo y algo más, por encima de él. Con gozo y liberalidad y vea lo que puede suceder”.

Estrategia de asesoramiento:

1. Determine si su interlocutor es cristiano.
El primer regaloq ue Dios espera de nosotros es nosotros mismos. Explíquenle a esa persona las Cuatro Leyes Espirituales. Aliéntenla a tomar una posición positiva respecto a Cristo, a saturarse de la palabra de Dios, a cultivar el hábito de la oración, a participar activamente en la iglesia, para así lograr tener compañerismo con los demás creyentes. Analizar la palabra y servir.

2. A cualquier persona que les pida consejos sobre el dar, díganle lo siguiente.
A. Que se convierta en cristiano activo y decidido en la iglesia. El participar en el compañerismo de los freyentes le presentará tanto metas que alcanzar como motivación y perspectivas en el dar.
B. Ore pidiendo sabiduría para dar y, luego, investigue para saber a quién le está dando. Hay muchas organizaciones no evangélicas o de sectas extrañas que reciben donativos regulares de cristianos evangélicos que carecen del discernimiento espiritual necesario. ¡Infórmese antes de dar!
C. ¿A quién debe dar el cristiano evangélico?
1) Una parte substancial de ssus diezmos y ofrendas debe ir a la iglesia.
2) Otra porción debe separarse y utilizarse para los pobres o aquellos que tengan necesidades especiales. También esto se puede realizar por mediación de la iglesia.
3) Hay muchos ministerios dentro del evangelismo, las misiones y la beneficencia que merecen el apoyo del cristiano. Tome medidas para contribuir a algunos de ellos.

Citas Bíblicas:

“Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos y serán llenos tus graneros con abundacnia y tus lagares rebosarán de mosto”. (Proverbios 3:9-10)

“Dad y se os dará, medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medía, os volverán a medir” (Lucas 6:38)

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. (Malaquias 3:10).

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamente para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Timoteo6:17-19).

“Cuando, pues, des limosna no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompansa. Mas tú, cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público”. (Mateo 6:2-4)

Romanos 12:1

La Depresión

La depresión es probablemente responsable de más dolor y desazón en la humanidad que cualquier otro tipo de aflicción. Es difícil de definir, describir sus síntomas y tratar. El diccionario la define como un estado emocional, ya sea neurótico o psicótico, que se caracteriza por sentimientos de desesperación, incapacidad, melancolía, abatimiento, tristeza, dificultades de pensamiento y concentración, e inactividad.

Las personas deprimidas tienen una imagen propia negativa que va acompañada con frecuencia por sentimientos de culpa, vergüenza y autocrítica. Cierta cantidad de depresión neurótica se enlaza al comportamiento o la conducta errónea y a las reacciones inapropiadas ante ese modo de actuar. Después de una serie de actos inadecuados y las reacciones incorrectas subsecuentes, los sentimientos de culpa y la depresión echan raíces. Si está el pecado a la raíz del problema, nunca se deberá minimizar su importancia. Tampoco se deberá dar respaldo a la idea de que otras cosas y personas son responsables de los problemas conductuales. Tanto si estamos de acuerdo con esa persona sobre este punto como si no tomamos en serio sus expresiones de pecado y sentimientos de culpa, le estaremos privando de todas las soluciones reales y duraderas. Tanto los cristianos como los no cristianos pueden ser víctimas de la depresión. Ambos tipos de personas tienen casi siempre interés en mejorar. Sin embargo, esto no es lo primero en orden de prioridades. En lugar de ello, será preferible que trate de determinar las causas que le condujeron a su depresión. Finalmente, el poner su vida en orden desde el punto de vista espiritual hará que se sienta mejor.

Es en este punto donde se podrán utilizar las Escrituras. La liberación del poder del Espíritu Santo dará inevitablemente como resultado pasos positivos en el camino hacia la recuperación y la integridad. El testigo cristiano debe tratar de infundir siempre ánimos a los demás. Aun cuando no se llegue a ninguna decisión espiritual, traten de dejar a su interlocutor con sentimientos de esperanza y bienestar. Sean pacientes. Con frecuencia participan en la depresión problemas para los que no hay soluciones sencillas y rápidas. La persona afectada no “saldrá” de su depresión al recibir una orden. A menudo se requieren para resolver el problema muchos meses de ayuda profesional.

Sepan escuchar. No hagan un sondeo demasiado profundo; sin embargo, hagan preguntas y, a continuación, esperen a que surja algo en la conversación que les dé la oportunidad para ofrecer soluciones espirituales. No traten de recomendar soluciones en tanto no conozcan bien el problema.

Estrategia de Asesoramiento:
Para el no cristiano:

1. Su interlocutor puede revelar síntomas de depresión como resultado de la ira no resuelta, el resentimiento, los daños reales o imaginarios, la autocompasión, los sentimientos de culpa, la inmoralidad, etc. Asegúrenle que están interesados en su problema y que desean ayudarle a buscar soluciones.
2. Pregúntenle si ha confiado alguna vez en Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Si es apropiado, compartan con esa persona las “Cuatro leyes espirituales”. Recuerden que sería perjudicial para el interlocutor el minimizar cualquier forma la gravedad del pecado. Para que experimente el perdón, debe haber reconocimiento y confesión del pecado.
3. Indíquenle que su experiencia con Cristo ofrece una verdadera esperanza. Pudiera dar como resultado una nueva conciencia y una nueva comprensión en su deseo y esfuerzo de enfrentarse a los problemas relacionados con su estado de depresión.
4. Anímenle para que lea y estudie la Palabra de Dios. Esto le enseñará lo relativo a los caminos del Señor y Su voluntad. Hará que sus pensamientos se armonicen con Dios y el resultado será la paz interna. (Véase Isaías 26:3)
5. Impúlsenle a que aprenda a orar y que lo haga todos los días. Por medio de la oración, confesamos nuestros pecados y nos renovamos. Aprendemos a experimentar la presencia y la aprobación constante de Dios. Adoramos al alabarle y darle gracias al Señor. Y también expresamos nuestras peticiones por nuestras propias necesidades y las de los demás.
6. Recomiéndenle que cultive amistades con personas que le proporcionen el aliento y el respaldo que necesita. Esos amigos los podrá encontrar en la iglesia. Este compañerismo podrá proporcionar también oportunidades para un servicio cristiano en el que las preocupaciones se concentren en las necesidades de otros.
7. Anímenlo a que busque al pastor o un psicólogo cristiano para obtener asesoramiento continuo, con el fin de que todas las facetas de su depresión se pueden abordar a la luz de las Escrituras.

Para el cristiano:
1. Un cristiano puede sufrir también depresión al reaccionar contra las situaciones adversas, las derrotas y los inconvenientes, tales como una muerte en la familia, un hijo o una hija rebelde o la pérdida de empleo.
a. En esos casos, deberán ofrecerle siempre palabras cariñosas de aliento, tales como:
“No está sólo en sus sufrimientos”.
“Dios le ama y no le dejará solo”.
“Nuestro Señor Jesucristo no sólo llevó nuestros pecados, sino también nuestras penas y aflicciones”.
b. Sugiéranle que su problema actual puede deberse a su incapacidad para confiar plenamente en Dios en todas las circunstancias de la vida. Puede necesitar reconsagrar su vida a Jesucristo, mientras trata de ser obediente y responder a la voluntad de Dios (véase Romanos 12:1,2)
c. Recomiéndenle una nueva entrega a las disciplinas de estudio de la Biblia oración. (véase Proverbios 3:5,6 e Isaías 26:3).
d. Anímenlo para que sea fiel en la adoración y el servicio por medio de la iglesia.

Nota: Biblly Graham escribió: “El desaliento es lo opuesto a la fe. Es el instrumento de Satanás para obstaculizar la obra de Dios en nuestras vidas. El desaliento ciega nuestros ojos a la misericordia de Dios y nos hace percibir sólo las circunstancias desfavorables. Nunca he conocido a una persona que dedique diariamente tiempo a la oración y al estudio de la Palabra de Dios, y que tenga una fe firme, que haya permanecido presa de la decepción durante mucho tiempo”.

2. Un cristiano se puede sentir también deprimido debido a la desobediencia espiritual y el pecado no resuelto en aspectos tales como la ira y la amargura, los celos, el rencor, un divorcio, la inmoralidad, etc.
a. Al manifestarse el problema, animen al interlocutor, diciéndole que es correcto que busque una solución. Asegúrenle que el primer paso para volver a la plenitud es la renovación espiritual.
b. Comparta con esa persona sobre el amor de Dios y su restauración.
c. Recomiéndenle que se dedique a estudiar seriamente la Biblia, aprendiendo a considerar los pensamientos sobre Dios como ayudas valiosas para la recuperación espiritual (véase Filipenses 4:8 y Romanos 12:2).
d. Recomiéndele que vaya fielmente a la iglesia, para que reciba palabra de Dios.
e. Anímenlo para que tome en consideración la posibilidad de buscar seriamente los consejos del pastor o un psicólogo cristiano hasta resolver todos los problemas que forman parte de su depresión, a la luz de las Escrituras.
3. Un cristiano puede sentirse también deprimido cuando se fije niveles y metas que se encuentren muy por encima de sus capacidades reales. Esto puede resultar cierto tanto en el caso de las metas económicas como en el de las espirituales. El fracaso engendra depresión.
a. Indíquenle con paciencia que las metas que otros se fijan y parecen alcanzar pueden no ser apropiadas para él o ella. El hecho de que haya llegado a su estado emocional actual puede indicar que no fijó sus metas en forma ponderada y correcta.
b. Señalen que el éxito o el fracaso no se pueden medir por medio de normas humanas, sino por lo que sigue: ¿Está lo que deseo de acuerdo con la voluntad de Dios y puedo obtener respaldo para ello en las Escrituras? ¿Es lo que deseo para la gloria de Dios o para satisfacer algún capricho personal o alguna ambición egoísta? ¿Me he visto motivado por el orgullo espiritual? ¿Va lo que quiero de acuerdo con las indicaciones dadas por el Apóstol Pablo?: 1. Ser lo que soy, como me ha hecho Dios; aprender a vivir con mis puntos fuertes y mis flaquezas. “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Corintios 10:12).
4. Recomienden a su interlocutor que renueve su entrega esperitual al Señor. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. (Mateo 6:33).
5. Anímenle a que aprenda la disciplina de la lectura y el estudio de la Biblia y la oración.
6. Recomiéndenle que ordene sus prioridades para que se ajusten mejor a sus capacidades y que lo haga así de día en día.
7. Sugiéranle que es conveniente que se someta a un asesoramiento profesional , si se requiere algún tipo de seguimiento. Deberá buscar un pastor competente o un psicólogo cristiano.

Citas Bíblicas:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. (Isaías 53:4-5)

“Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados, pero no destruidos”. (2 Corintios 4:8-9).

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20)

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.
(Proverbios 3:5,6).

“El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas, ¿quién soportará en ánimo angustiado?”. (Proverbios 18:14).

Salmo 38: 1-4, 21,22

Los demonios

Tanto en el mundo religioso como en el secular se observa un reconocimiento y un interés creciente por las actividades demoniacas. La Biblia reconoce la realidad de estas actividades. “Porque no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Los demonios, denominados también en las Escrituras “espíritus de adivinación” (1 Samuel 28:7), “espíritus impuros” (Lucas 4:36) y “espíritus engañadores” (1 Timoteo 4:1), son invisibles, están desencarnados y poseen una inteligencia sobrehumana.

Al igual que Satanás, los demonios cayeron en condenación debido a su soberbia y son adversarios tanto de Dios como del hombre. Aunque reales y activos, el diablo y sus mensajeros (demonios) se ven acusados con frecuencia de muchas cosas de las que no son culpables. Algunos cristianos tienden a achacar todas las conductas erráticas a la “posesión demoníaca”, cuando, en realidad, la mayor parte de esos comportamientos se deben a la naturaleza pecaminosa y egoísta de los seres humanos. Asimismo, algunas veces, los individuos que están bajo los efectos de las drogas, que se han inmiscuido en el ocultismo o las religiones orientales o que están trastornados mentalmente, parecen estar afectados por los demonios.

El cristiano que desee que Dios le use para ayudar a personas con problemas espirituales hará bien en prestar atención a la amonestación que hace el Apóstol Juan: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” o “el espíritu del anticristo” (1 Juan 4:1,3). Así, pues, los cristianos deben discernir, probar, resistir y rechazar a los demonios (véase 1 Corintios 12:10; Efesios 4:27; 6:10-18; 1 Pedro 5:8-9; 1 Juan 4:1-6; Santiago 4:7)

Mediante la victoria de Jesucristo sobre Satanás y sus huestes, y en el nombre poderoso del Señor Jesús y el poder del Espíritu Santo, los hijos de Dios podemos vencer a Satanás y sus demonios (véase Mateo 8:16,17; 12:28; Marcos 16:17; Hechos 19:15)

Nuestros recursos contra los huestes del mal son:
· Vigilancia (1 Pedro 5:8)
· Oración (Juan 15:7)
· El revestirse con toda la armadura de Dios (véase Mateo 26:41 y Efesios 6:10-18)

Estrategia de asesoramiento:
Para el no cristiano:


Si el interlocutor les habla de esclavitud espiritual, actividades o conductas demoníacas, háganle preguntas. Traten de discernir si la situación es realmente como se la describe. “Hábleme de eso”, es una frase que se debe repetir, una y otra vez, hasta que surja el problema verdadero. No duden en ejercer presiones para obtener respuestas.
1. Hagan hincapié en la eficacia del sacrificio de Cristo en la cruz para resolver los problemas del pecado. “Y la sangre de Jesucristo, du Hijo (de Dios) nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7)
2. Si recibe a Cristo, anímenle para que lea y estudie la Biblia todos los días. También deberá orar diariamente. Estas dos disciplinas se suelen establecer firmemente en el caso de las personas que asisten al CCLT, con el fin de obtener compañerismo cristiano, adorar a Dios, estudiar la Biblia y aprender el gozo en el Señor.
3. Si creen que se están enfrentando a una persona verdaderamente poseída por el demonio, sigan las etapas de que dan más adelante respecto a “Cómo ocuparse del caso de una persona verdaderamente poseída por el demonio”.

Para el cristiano:
Si está temeroso de las actividades demoníacas, hagan lo que sigue:
1. Háganle preguntas respecto a las circunstancias. ¿Por qué creen que participan en ellos los demonios? Algunas veces, esos temores los inducen otros cristianos con buena voluntad; pero equivocados.
2. Recuérdenle que todos los recursos de Dios se encuentran a su disposición:
Satanás es un enemigo derrotado (1 Juan 3:8)
Cristo vive en el creyente (Colosenses 1:27)
El Espíritu Santo le da poder (Hechos 1:8 y 2 Timoteo 1:7)
La Palabra de Dios le guía (2 Timoteo 3:16-17)
3. El cristiano está seguro de la victoria, si se somete constantemente al señorio de Cristo a la autoridad y la iluminación de las Escrituras, a la disciplina de la oración triunfadora y al formar parte de un grupo dinámico de creyentes en una iglesia local que enseñe la Biblia.
4. Es posible que el interlocutor esté sufriendo sentimientos profundos de culpa debido al pecado real en su vida y que aborde el tema de la influencia de los demonios, tratando de transferir la culpa, en lugar de aceptar sus responsabilidades personales. El arrepentimiento verdadero y la confesión eliminarán la culpa y también las raíces básicas de la opresión.
5. Es posible que se enfrenten al caso verdadero de una persona poseída por el demonio. Si es así, sigan las etapas que se dan a continuación.
¿Cómo tratar a una persona poseída por el demonio?
Tengan cuidado. Deben estar seguros de que se trata de un caso verdadero de posesión diabólica y no una situación que se deba a algún trastorno físico, psicológico o espiritual. ¡Se puede dañar mucho al interlocutor, si se le indica que está bajo la posesión del demonio, cuando no sea así.
1. Tomen nota cuidadosamente de los síntomas de la persona trastornada, pidiendo sabiduría y discernimiento al Señor. Una persona poseída por el espíritu se encuentra bajo la influencia de un espíritu maligno o se ha visto invadida por él. En ese caso, se observará una conducta extremadamente extraña. Es posible que la persona hable en un idioma o dialecto extraño. A veces, usará un lenguaje blasfemo, soez e inmoral.
2. El caso de una persona así no deberá tomar a la ligera. La resistencia suele ser tenaz y se necesita mucho tiempo para poder resolver realmente las dificultades. Evidentemente, el asesor no podrá dedicar a esa persona todo ese tiempo. Jesús les indicó en cierta ocasión a sus discípulos que no tenían poder en un caso específico porque “este género (los demonios) no salen sino con oración y ayuno” (Mateo 17:21)
3. En los casos en que se libera una persona poseída por los demonios, los participantes señalan unánimemente que es sumamente necesario orar mucho, por lo común mediante un grupo de cristianos reunidos con ese fin. Bajo la dirección del Espíritu Santo, y en los momentos en que él lo indique, se deberá lanzar una orden en el nombre de Jesucristo y con Su autoridad (Mateo 28:18) para expulsar al espíritu maligno. Una persona deberá asumir el liderazgo y actuar como portavoz.
4. Aconséjenle a su interlocutor que busque inmediatamente amistades en la familia de Dios. Puede fortalecer considerablemente la obra de Dios en su vida mediante la lectura y el estudio de la Palabra de Dios, la oración y la iniciación del testimonio sobre las maravillosas obras de Dios en su propia vida (véase Marcos 9:19-22)

Citas Bíblicas
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo y huirá de vosotros” (Santiago 4:7)

“Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar, al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 Pedro 5:8-9)

“Y Jesús se les acercó y les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18)

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”. (1 Juan 4:1-3)

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y siempre, y por los siglos” (Hebreos 13:8)

Apocalipsis 12:11
1 Juan 3:8

martes, 21 de julio de 2009

El Temor

Un sentimiento moderado de temor se puede considerar como normal e, incluso, sano. Puede tratarse de una emoción o la conciencia de un peligro inminente – un mecanismo de defensa. Puede ser simplemente el aumento de los latidos del corazón, el rostro sonrojado y las manos sudorosas, al esperar que un profesor nos pregunte algo en clase o que se nos pida que hablemos en alguna reunión. Los temores pueden ser una reacción a las circunstancias imaginarias o reales. Pueden ser agudos o crónicos. Muchas personas temerosas tienden a contagiar a otros con sus ansiedades y tensiones.

El consejero debe dar muestras de amor y trata de descubrir las causas de los temores, ofreciendo ayuda bíblica. Puede que no haya soluciones sencillas o instantáneas para el problema total; pero podemos recomendar una relación apropiada con Jesucristo, la dependencia del Espíritu Santo, y el centrar la vida en la palabra de Dios, como etapas necesarias para lograr una solución.

Las expresiones “temor de Dios” o “respeto hacia Dios” en la Biblia no deben tomarse en el sentido de que Dios espera que nos sobrecojamos de terror ante El, en espera del castigo, sino que le debemos nuestro respeto reverencial y nuestra confianza absoluta. Salomón dijo: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Proverbios 9:10) ¡El temor de Dios (una actitud de confianza y reverencia) elimina todos los demás temores!


“Busqué a Jehová y El me oyó, y me libró de todos mis temores” (Salmo 34:4)

Nota: Billy Gram. escribió: “Jesús dijo que no debemos temer, estar ansiosos, turbarnos ni angustiarnos. La Biblia enseña que este tipo de temor es pecado. ´La paz os dejo, mi paz os doy… No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo´ (Juan 14:27)”.

Estrategia de asesoramiento
Para el no cristiano

Si el interlocutor es una persona no cristiana que exprese un temor a Dios poco sano, debido a su conciencia culpable o el miedo al castigo (el juicio futuro) se estarán enfrentando probablemente a un pecado no resuelto para el que habrá un remedio. Compartan con esa persona Las Cuatro Leyes Espirituales. Hagan hincapié en lo siguiente:
Dios limpia nuestras conciencias. “¿Cuánto más las sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14).
2. Dios libera de los temores al castigo futuro. “Ahora, pues, ninguna conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1,2).

Para el Cristiano
Si el interlocutor es un cristiano cuyo principal temor es el de fallar personalmente –el no tener suficiente capacidad-, compartan con él lo que sigue:
El Señor se preocupa por nosotros. “Yo soy el buen pastor, y conozco a mis ovejas, y las mías me conocen…” (Juan 10:14). “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).
Y ha prometido:
* Su presencia. “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé ni te dejaré” (Hebreos 13:5).
* Su providencia. “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25).
* Su protección. “Jehová es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmo 27:1).
2. Señalen que el amor es la antítesis del temor. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18).

Si su interlocutor es un cristiano que tenga miedo de dar su testimonio de Cristo, anímenle para que:
Esté completamente seguro de su propia relación con Cristo. “Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).
Adquiera un compromiso moral consciente con Dios. “Que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo… agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).
Confíe implícitamente en Dios para que esté y actúe a través de él. “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. (2 Corintios 12:9). “No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová” (Jeremías 1:8).
Sea fiel en su testimonio en las cosas pequeñas. Lleve una vida cristiana con actos de bondad, vigilancia de sus propias actitudes, agradecimiento público a Dios por las comidas, etc.
Busque el compañerismo y la fortaleza de un cristiano más firme, para que puedan dar su testimonio juntos. La confianza aumenta cuando uno toma parte en el evangelismo. “Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con dirección sabia se hace la guerra” (Proverbios 20:18).
Asista al Centro Cristiano de Los Teques, y allí recibirá la consejería necesaria a través de las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Ore para tener una compasión por los perdidos que le llene. “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad y, ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16).

Citas Bíblicas:
“No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás…” (Isaías 43:1,2).

“Busqué a Jehová y él me oyó, y me libró de todos mis temores”. (Salmo 34:4).

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10)

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”
(Romanos 8:15-16).

“Mas el que me oyere habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal” (Proverbios 1:33)