sábado, 19 de junio de 2010

El Espíritu Santo

Un cristiano nunca puede estar “completo” o maduro sin un conocimiento completo de la Persona y la obra del Espíritu Santo. Es siempre la sensación de necesidad e insuficiencia la que nos hace tratar de obtener este conocimiento.

El Espíritu Santo es una de las tres Personas de la Trinidad. Es igual en posición y poder, con todos los aspectos esenciales de la divinidad. Comparte todos los atributos de Dios: es eterno, sin principio ni fin (hebreos 9:14); omnipotente, poseedor de todo poder (Lucas 1:35); omnipresente, presente en todas partes al mismo tiempo (Salmo 139:7) y omnisciente, o sea, que lo sabe todo (1 Corintios 2:10-11).

Posee todas las características de la personalidad. El Espíritu Santo no es una cosa (véase Romanos 8:16 y 26).

El Espíritu Santo tiene intelecto, emociones y voluntad. Habla (Hechos 13:2), intercede (Hechos 16:6-7), asigna (Hechos 20:28), guía (Romanos 8:14), redarguye y convence de pecado (Juan 16:8). Se le puede mentir y probar (Hechos 5:3,4,9), resistir (Hechos 7:51), afligir (Efesios 4:30) y blasfemar (Mateo 12:31).

Todos los cristianos debemos entender nuestra propia relación con el Espíritu Santo.

*Los que se ha realizado:

Hemos nacido del Espíritu Santo (Juan 2:6,8).

Dios nos ha dado el Espíritu Santo (Juan 14:6; 16:7).

Somos bautizados por el Espíritu (1 Corintios 12:13).

Somos templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20)

Hemos sido sellados por el Espíritu Santo (Efesios 1:13).

*Lo que es potencialmente real:

Todos los cristianos tienen el Espíritu Santo; pero no todos están llenos del Espíritu Santo. Debemos desear esta plenitud, porque Dios nos ordena: “Sed llenos del Espíritu Santo” (Efesios 5:18).

Nota: Billy Graham escribió: “Creo que la Biblia enseña que hay un bautismo en el Espíritu Santo –cuando acudimos por fe a Cristo. La Biblia enseña que hay muchos momentos en los que el Espíritu Santo nos llena- de hecho, debemos estar constantemente llenos del Espíritu Santo. Un bautismo, muchas experiencias de plenitud. Cuando estamos llenos del Espíritu, no se trata de que le pertenezcamos más, como si Su obra fuera cuantitativa. No se trata de qué cantidad del Espíritu tenemos, sino de cuánto tiene el Espíritu de nosotros… Conforme vamos entendiendo mejor el señorío de Cristo, nos rendimos cada vez más a El. Así, al buscar la plenitud del Espíritu Santo, recibimos y gozamos Su presencia que nos llena y Su plenitud cada vez más”.

Estrategia de asesoramiento:

1. Si les hacen alguna pregunta sobre el Espíritu Santo, traten de dar una respuesta a partir de los temas que se mencionaron al comienzo de este tema.

2. Si les hacen preguntas o expresan un deseo sobre la plenitud del Espíritu Santo, compartan los puntos que siguen:

A. Es preciso entender que Dios nos dio Su Espíritu Santo y que mora en nosotros. Tome en cuenta las citas bíblicas que se mencionaron anteriormente.

B. Debemos comprender que Dios nos ordena que debemos estar llenos del Espíritu Santo (Efesios 5:18).

C. Tenemos que entender que antes de que podamos recibir Su plenitud, debemos resolver sinceramente todos los pecados conocidos de nuestra vida. Esto implica arrepentimiento y confesión a Dios.

D. Entregamos sincera y completamente el control de nuestra vida al Señor, como acto definitivo de consagración. Renunciamos a nuestra propia voluntad y, por encima de todo, tratamos de someternos en todo a Cristo, como nuestro Señor, con el fin de tener Su dirección en todos los aspectos de nuestra vida. Esta obediencia requiere una entrega diaria a Dios, para poder aprender los secretos del camino de la fe.

Cuando nos hemos entregado a Dios y Su voluntad, estamos llenos del Espíritu Santo. Ahora debemos actuar de conformidad con esta verdad, y vivir nuestra vida con una seguridad absoluta de que Dios nos ha llenado ya y que nos encontramos bajo Su control.

3. Oren con el interlocutor sobre la aplicación de estas verdades a su vida y para que pueda estar lleno del Espíritu Santo.

Citas Bíblicas:

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. (Juan 14:16,17).

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en samaria y hasta lo último de la tierra”. (Hechos 1:8).

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:7-11).

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13)

Juan 3:6-8

Juan 16:13-14

1 Corintios 6:19-20

Efesios 1:13

Romanos 8:14-16

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Cómo resistir a Satanás?

Antes de que Jesús iniciara Su ministerio terrenal, Satanás lo tentó en el desierto (Mateo 4:11). Después de haber resistido a Satanás, Cristo es capaz de ayudarnos a salir victoriosos sobre él y las tentaciones que pone en nuestro camino (Hebreos 4:15,16).

Puesto que Cristo venció a Satanás en la cruz, los que lo hemos aceptado como Señor y Salvador estamos liberados del poder de las tinieblas y entramos a formar parte del reino del Hijo amado de Dios (Colosenses 1:13). Con todo, nuestra lucha contra Satanás no ha terminado, porque no es una persona que abandone la batalla tan fácilmente. Es el acusador de nuestros hermanos (Apocalipsis 12:10), el enemigo (Mateo: 13:39), el tentador (Mateo4:3) y el engañador (Apocalipsis 12:9).

En el conocido himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, Martín Lutero nos advierte que debemos estar en guardia:

“Con furia y con afán, acósanos Satán,

Por armas deja ver astucia y gran poder,

Como él no hay en la tierra”.

En la Biblia se nos dice que debemos “estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11), y que tenemos que resistirlo (véase Santiago 4:7).

“¿Exactamente qué poderío ejerce Satanás sobre los creyentes? ¿Qué recursos debemos poseer para resistir sus tentaciones y ataques?

El cristiano debe aprender a confiar en la obra concluida de Cristo, porque el Señor venció ya a Satanás. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero” (Apocalipsis 12:11). Jesús se hizo hombre “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).

El cristiano debe comprender que goza de una posición privilegiada de refugio y seguridad. De acuerdo con Colosenses 3:1-3, puesto que hemos resucitado con Cristo y hemos vuelto a una vida con El mediante el nuevo nacimiento (véase Juan 5:24), el “viejo yo” ha muerto (véase Gálatas 2:20) y nuestra vida está ahora “oculta con Cristo en Dios”. El cristiano se encuentra bajo Su protección y cuidado constantes. “Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Juan 5:18).

Estrategia de asesoramiento:

Si un cristiano siente que está siendo atacado por Satanás o que es vulnerable a sus asechanzas o su tentación, pídanle que les explique sus inquietudes. Puede ser que simplemente esté sucumbiendo a sus propios deseos egoístas y pecaminosos. Muchas veces culpamos a Satanás de multitud de cosas por las que no tiene ninguna responsabilidad.

1. Un cristiano debe confesar todos sus pecados conscientes (1 Juan 1:9), entendiendo que debe abandonarlos. Debemos esforzarnos por tener “una conciencia sin ofensas ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16), ya que esto constituye el primer paso para afrontar a Satanás.

2. El cristiano debe permanecer vigilante y en guardia. “Sed sobrios, y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). El estar alerta contra las asechanzas y los intentos de Satanás nos ayudará a evitar encuentros con él.

3. Debemos someternos a Dios (Santiago 4:7-8). Este sometimiento tiene dos aspectos:

A. Resistir al diablo.

1) Prepare su mente sicológicamente en contra del diablo. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse” (Daniel 1:8) “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14)

2) Ponga a Satanás en su lugar. Cuando el diablo le habló a Jesús por medio de Pedro, para tratar de desviarlo de su propósito eterno, Jesús le reprendió: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres (Mateo 16:23)

3) Use las Sagradas Escrituras para hacer huir a Satanás (Mateo 4:1-11). Durante su tentación, Cristo respondió tajantemente con tres citas apropiadas: Deuteronomio 8:3, Deuteronomio 6:16 y Deuteronomio 6:13. Uno de los argumentos más convincentes para estar familiarizado con las Escrituras es el poder resistir a Satanás.

B. Acercarse a Dios para que El se acerque a nosotros. El tener un tiempo íntimo y cotidiano de comunión con el Señor, utilizando Su palabra y buscando Su presencia y fortaleza por medio de la oración se combinará con nuestra resistencia a Satanás y lo hará huir. “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).

4. Debemos vencer a Satanás con la ayuda del Espíritu Santo. “Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Citas bíblicas:

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).

“Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y El se acercará a vosotros”. (Santiago 4:7-8).

“Sí, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:1-3).

“Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).

viernes, 26 de febrero de 2010

Sanidad

El concepto bíblico de la sanidad significa mucho más que el alivio de un conjunto de síntomas físicos. Implica plenitud del cuerpo y el espíritu.

Jesús le preguntó al hombre de Juan 5:6: “¿Quieres ser sano?”

Muchas enfermedades son el resultado del modo de vida y las actitudes del individuo.

*Muchos científicos médicos sostienen que gran parte de nuestros males se deben a causas emocionales: tensiones, temores, tristeza, envidia, resentimiento, odio, etc. Los dolores y los problemas físicos pueden ser muy reales; pero sus causas están enraizadas en las emociones.

*El fumador de toda la vida puede desarrollar diversos males tales como enfisema, cáncer, hipertensión sanguínea, etc., que afectan la boca, la garganta, el esófago, los pulmones y el corazón.

*El consumo de bebidas alcohólicas puede tener consecuencias devastadoras, tanto emocionales como físicas. Muchas de ellas son irreversibles, debido a un conducto digestivo ulcerado, el hígado destruido o el cerebro dañado.

*El comer en exceso o la desnutrición, durante períodos prolongados provocarán también problemas de salud.

Sin embargo, muchas enfermedades no se deben a los abusos, la disipación o los problemas emocionales. ¡Muchas personas están simplemente enfermas! Refiriéndose al hombre que había nacido ciego, Jesús dijo: “No es que pecó éste ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3). Acordémonos de los que nacen con defectos o males genéticos, las víctimas de accidentes, los heridos o muertos que se deben a los descuidos o la falta de prudencia de otros, las infecciones y las enfermedades virales, etc.

Señalamos todo lo anterior con el fin de recalcar que hay varias formas de abordar el problema de la enfermedad. Vamos a ocuparnos de tres de ellas:

Dios sana mediante el nuevo nacimiento:

Cuando una persona se convierte en “nueva criatura” en Cristo (2 Corintios 5:17), descubre que Jesús puede satisfacer todas las necesidades. Muchos han dado testimonio de que, cuando enderezaron todas las cosas espiritualmente y comenzaron a vivir dentro de la perspectiva correcta y en relación con Dios, sus males desaparecieron. El escritor de himnos William B. Bradbury se refirió a esta nueva perspectiva.

“A pesar de que soy pobre, desvalido y ciego; la vista, las riquezas y la salud mental, todo lo que necesito, encuentro en Ti, Oh, Cordero de Dios, voy a Ti”.

Dios sana mediante la confesión del pecado:

Muchos cristianos llevan vidas miserables, débiles y, con frecuencia, enfermizas, debido a su desobediencia y sus pecados no confesados. Esas personas podrían recuperarse totalmente si se enfrentaran a su pecado. El salmista dijo: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias…” (Salmo 103:3-4)

Dios sana mediante intervenciones milagrosas que se conforman a Su voluntad soberana y Sus propósitos:

La Biblia contiene muchos ejemplos de esto. También tenemos pruebas de esos milagros en nuestros días. Sin embargo, Dios no cura a todos los que se lo piden o por los que oran por otros. “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34); pero cura a unos y a otros no, con una divina selectividad que refleja Su propia sabiduría eterna y Su divina voluntad. “Así son mis caminos más altos que vuestros caminos” (Isaías 55:8). Esta selectividad divina puede apreciarse en el ejemplo de Pablo que oró durante mucho tiempo para que le fuera quitada una aflicción (2 Corintios 12:8-10). Dios no curó a Pablo. ¡Le proporcionó gracia y fortaleza – no para que Pablo pudiera soportarlo, sino para que aprendiera a tener gozo y a gloriarse de su absoluta dependencia del Señor! Dios está tratando de enseñarles a los Suyos que en tods las circunstancias debemos aprender que “la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7). La voluntad y los caminos gloriosos de Dios se pusieron de manifiesto en la vida de Pablo, cuando aprendió que “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

No obstante, nada de esto debe hacernos desistir de orar con fe por los enfermos o por cualquier otra cosa. Dios puede responder a nuestras oraciones de fe de modos que nos asombrarán. “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17) es Su mandato. El consejero debe tener cuidado para no dar la idea de una curación física garantizada, como resultado de sus oraciones.

Estrategia de asesoramiento:

1. Asegúrenle a su interlocutor que Dios le ama y puede satisfacer sus necesidades. Indíquenle que se sienten felices de poder compartir su fe y sus oraciones con él.

Nota: Algunas personas, al hablar de sus males, tienden a hablar sin cesar. El consejero deberá demostrarles simparía e interés; pero, en el momento oportuno, tendrá que tomar el control de la conversación.

2. Después de que su interlocutor les haya explicado su problema, infórmenle que les encantaría hablar con él de ese tema; pero que, antes, les gustaría hacerle una pregunta muy importante que se relaciona directamente con su asunto. ¿Ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal? Si es apropiado, explíquenle las “Cuatro leyes Espirituales”.

3. Luego, vuelvan a llevar la conversación hacia el problema emocional o físico. ¿Se debe quizá a hábitos o excesos? Ayuden a esa persona a comprender que esas cosas, si las está experimentando, pueden relacionarse directamente con sus problemas. Anímenle a que confíe en Dios, con el fin de poner su modo de vida bajo el control de la voluntad del Señor.

4. Oren con él para que obtenga la victoria sobre los excesos que contribuyan a sus dificultades, así como también para que recupere completamente su salud.

5. Si su interlocutor es cristiano, traten de determinar si su mal se relaciona e alguna forma con la falta de armonía de su vida con la voluntad y el plan de Dios. Pregúntenle con amabilidad si tiene ira, amargura, resentimiento o algún otro pecado no confesado. Hagan hincapié en 1 Juan 1:9 y 2:1.

Animen a esa persona a que viva en comunión con Cristo, tratando siempre de darle gloria (1 Corintios 10:31). Después de esto, oren fielmente y con fe, pidiendo la sanidad, de conformidad con Mateo 18:19.

6. Si su interlocutor es un cristiano que considera que ha estado siguiendo la voluntad de Dios, inicien inmediatamente su oración, recurriendo a las promesas de Dios para las oraciones de fe.

7. Después de su manejo de cualquiera de los casos anteriores, háblenle siempre a esa persona sobre la paz y la plenitud que se obtienen cuando aprendemos a depender de la Palabra de Dios y la oración, que proporcionarán el mayor ánimo frente a las enfermedades y la adversidad.

8. Aconséjenle que asista al Centro Cristiano de Los Teques, donde se enseña la Palabra de Dios. El compañerismo, la atención y las oraciones del pueblo de Dios tienen un gran poder. El estar involucrado dentro de alguna célula y pertenecer a un ministerio va a ser de gran ayuda para él.

Citas bíblicas:

“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración… ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:13-16)

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).

“Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18).

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:7-9)

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren , les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19)

martes, 12 de enero de 2010

¿Cómo controlar los pensamientos?

La historia del hombre se ha centrado fundamentalmente en torno a una batalla por conquistar su mente. Nuestros pensamientos tienen una importancia vital. “Mejor es… el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

La mente, o las palabras relacionadas con ella como, por ejemplo, “los pensamientos”, “el entendimiento” y “el corazón” (que se usa a veces en lugar de mente”, ocupa un lugar importante en las Sagradas Escrituras. Dios desea controlar nuestra mente y Satanás trata de hacer lo mismo.

Nota: Billy Graham escribió lo siguiente: “Lo que el hombre cree es muy importante, al igual que el desarrollo de su mente. Debemos crecer intelectualmente en Cristo. Es nuestro deber estudiar para presentarnos ´a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse´(2 Timoteo 2:15). Dios declaró: ´Daré mi ley en su mente´(Jeremías 31:33). Dios le dijo a Josué: ´Sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está en él escrito´(Josué 1:8). Isaías dijo: ´Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera´(Isaías 26:3) ¿Quiere rendirle su mente a Cristo, someterla al Señorío de Jesús? ¿Está dispuesto a dedicarle a Él su mente?”.

La Biblia menciona la mente del no creyente que es “enemistad contra Dios” (Rom. 8:7), declarando que está cegada debido al pecado (2 Corintios 4:4), y moralmente contaminada (Marcos 7:20-22)

La Biblia menciona también la mente carnal que es característica del cristiano mundano que sigue caminando en la carne (Santiago 4:4), el cristiano incrédulo (Hebreos 3:12) y el cristiano desobediente (Lucas 6:46 y Efesios 2:2)

Estrategia de asesoramiento:

Para el no cristiano:

1. Explíquenle las Cuatro leyes espirituales para estar en paz con Dios.

2. Aconséjenle a la persona que comience a leer la Palabra de Dios. Haciendo esto, principiará a someter su mente al Creador.

3. Anímenle a habituarse a orar cada día. El libro de los Salmos está lleno de expresiones de plegarias. Sugiéranle también Mateo 6:9-13 y Lucas 11:2-13, en donde se encuentra el Padrenuestro. Estos dos pasajes son buenos ejemplos de oración.

4. Aconséjenle que asista al Centro Cristiano de Los Teques, para que reciba Palabra de Dios, adore al Señor, conviva con hermanos cristianos y comience a servir en la obra de Dios.

5. Oren con él para que Dios le dé una mente renovada.

Para el cristiano carnal:

1. Hagan hincapié en la necesidad de controlar la mente y utilicen los siguientes ejemplos:

A. El Señor Jesucristo: “Haya, pues, en vosotros, este sentir que hubo también en Cristo Jesús… se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, ysss se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8)

B. El Profeta Isaías: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (Isaías 26:3)

C. El Apóstol Pablo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)

“Refutando argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5)

Citas bíblicas:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8,9)

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8)

“Porque la palabra de Dios es viva, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (mente)” (Hebreos 4:12)

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1:1,2)

“Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” (Proverbios 16:3)

viernes, 1 de enero de 2010

El pecado imperdonable

De vez en cuando, oímos que alguien expresa una gran preocupación porque piensa que cometió “el pecado imperdonable”. De hecho, esta persona puede sentirse culpable de un pecado realmente grave como, por ejemplo, un crimen, un adulterio, un incesto, un aborto o, quizá, algo no tan grave como eso. Con el transcurrir del tiempo, desarrolla sentimientos obsesivos de culpa, muy semejantes a los que experimentó David, cuando exclamó: “Mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3) Algunas personas asocian esos sentimientos de culpa con el concepto de que “por su pecado, no tienen esperanza alguna de alcanzar el perdón”.

Si la persona admite su situación pecaminosa actual y la considera lo suficientemente grave para preocuparse mucho por ella, el consejero podrá aprovechar favorablemente esta ventaja. La batalla está parcialmente ganada con una admisión de esta índole.

Estrategia de asesoramiento

1. Denle ánimos inmediatamente a la persona, explicándole que está dispuesto a ayudarle en todo lo que pueda. Asegúrenle que las Sagradas Escrituras sostienen, a pesar de lo que muchos puedan pensar, que cada tentación y pecado va acompañado por una faceta de la gracia de Dios.

2. Definan lo que es el pecado imperdonable a la luz de las Sagradas Escrituras.

Cuando Jesús expulsó a un demonio del hombre ciego y mudo, la gente se maravilló. (véase Mateo 12:22,23). Sin embargo, los fariseos censuraron a Cristo, diciendo que había expulsado a un demonio por el “poder de Beelzebú”, el príncipe de los demonios. El Señor les respondió lo siguiente (versículo 31,32): “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada… No le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.

La frase “pecado imperdonable” se derivó de esta cita bíblica. Los fariseos, obsesionados con el deseo de desacreditar a Jesús en la mente del pueblo, cayeron en el pecado de atribuir al diablo las obras del Espíritu Santo (que obraba juntamente con Cristo Jesús). En efecto, esto equivalía a decir que Jesús no era de Dios sino de Satanás y, según lo afirmó Cristo, esto no le sería perdonado jamás.

3. Pregúntenle si es culpable de este pecado. Si no es así, asegúrenle que no ha cometido el “pecado imperdonable”.

4. Sin embargo, al hacer hincapié en esto, tengan cuidado de no reducir al mínimo la gravedad del pecado de su interlocutor. (Véase Gálatas 5:19-21). Debe aprovechar esta admisión de pecaminosidad para destacar el hecho de que “la sangre de Jesucristo, Su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7) Para que podamos experimentar la gracia salvadora de Dios, que incluye el perdón de pecados, la persona debe reconocer que es pecadora.

La siguiente etapa es confesar los pecados como lo hizo el publicano: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). El reconocimiento y la confesión de los pecados son un prerrequisito para todo lo que sigue. Dios es quien perdona los pecados, y por eso envió a Su Hijo a la cruz para que “nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

Subraye el hecho de que, ahora, el único pecado que se puede considerar “imperdonable” sería rechazar la oportunidad de recibir a Cristo como Su Salvador y Perdonador.

Nota: Billy Graham aclara esta situación como sigue: “Quizá pudiera aventurar una definición de lo que yo entiendo como pecado imperdonable. Desde un punto de vista negativo, creo que nadie que haya cometido este pecado puede seguir estando bajo el poder del Espíritu Santo que redarguye, convence y atrae. En tanto el Espíritu Santo habite en una persona, no habrá cometido el pecado imperdonable. Sin embargo, cuando el ser humano ha resistido continuamente al Espíritu Santo a tal grado de que éste ya no lucha a favor suyo, entonces es cuando se está en peligro eterno. En otras palabras, el pecado imperdonable implica el rechazo total e irrevocable de Cristo Jesús. El resistir al Espíritu Santo, es un pecado que cometen los no creyentes y es un pecado tal que, cuando se prolonga demasiado tiempo, conduce a la condena eterna. A los que se resisten al Espíritu Santo sólo les queda esperar el juicio seguro”.

5. El consejero debe presentarle a la persona las Cuatro leyes espirituales, es impulsarle a confiar en Cristo sin demora alguna, recalcando el hecho de que, aunque su pecado sea grave, Dios le puede perdonar. “El es quien perdona tus iniquidades” (Salmo 103:3).

6. Si se trate de un cristiano, haga hincapié en que los hijos de Dios no son capaces de cometer el “pecado imperdonable”. Sólo los no creyentes rechazan al Espíritu Santo. Siga el procedimiento de asesoramiento, tal y como se definió antes.

A. Defina el pecado imperdonable (Mateo 12:22-31)

B. Pregúntenle si se siente culpable del pecado que Jesús describió, es decir, la blasfemia contra el Espíritu Santo.

C. Cuando despeje estas dudas, recuerde que no debe tratar con ligereza el pecado que la persona consideraría imperdonable.

D. Asegúrenle que el pecado, por horrible que sea, puede alcanzar el perdón, basándose en el arrepentimiento y la confesión. Hagan hincapié, sobre todo, en 1 Juan 1:9.

Quizá no sea fácil convencer a su interlocutor sobre la veracidad de la Biblia respecto al “pecado imperdonable”. Sea persistente en su reiteración del amor de Dios, que demostró pagando el precio de la cruz para que el pecado fuera perdonado. Si estamos dispuestos a confesar nuestros pecados, estos nos serán perdonados.

7. Oren con la persona para que sea capaz de ver el pecado desde la perspectiva de Dios. El Señor aborrece el pecado; pero ama al pecador y perdonará cualquiera de sus pecados por medio de la Persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo.

Citas Bíblicas:

El pecado imperdonable:

“El que no es conmigo contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Por tanto, os digo; todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (mateo 12:30,31)

La gravedad del pecado:

“Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21)

Deseo de Dios de perdonar cualquier pecado:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9)

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia”. (Proverbios 28:13).

“El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”.

“Cuando está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. (Salmo 103:3,12).

“Pacientemente esperé yo a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová”. (Salmo 40:1-3)

domingo, 27 de diciembre de 2009

La Trinidad

El cristiano cree en la bendita Trinidad –que Dios es uno y, con todo, se ha revelado en tres Personas distintas; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada una de ellas es independiente de las otras; pero nunca actúa por separado. Cada una de estas Personas es distinta; pero poseen un mismo propósito, una misma esencia y una misma naturaleza. La mente finita encuentra difícil entender cabalmente este misterio de Dios y a decir verdad, debemos aceptarlo por fe. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6)

El Credo de los apóstoles, que la iglesia histórica ha aceptado a través de los siglos, principia como sigue: “Creo en Dios, el Padre Todopoderoso, Creador de los cielos y la tierra, y en Jesucristo, Su Hijo unigénito, nuestro Señor, quien fue concebido por el Espíritu Santo”.

La Confesión de Wesminter encierra una defensa elocuente de la Trinidad: “Hay tres Personas en la Deidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y estos tres son un Dios, iguales en substancia, iguales en poder y en gloria”.

La obra redentora de Dios no se puede entender separándola de la Trinidad. El Padre dio al Hijo (Juan 3:16), el Hijo se entregó a sí mismo (Gálatas 2:20) y el Padre envió al Espíritu Santo, quien regenera (Juan 3:8).

Los unitarios, los testigos de Jehová, la ciencia cristiana, los espiritistas, los mormones, los cientólogos y los seguidores de todas las religiones orientales niegan la Trinidad.

Estrategia de Asesoramiento:

1. Feliciten a la persona interesada por su búsqueda de la verdad. Díganle que les es muy grato conversar con ella, porque la palabra de Dios, la Biblia, habla elocuentemente sobre la realidad de la Trinidad.

2. Inspírenla para que reciba a Jesucristo como su Señor y Salvador. Comuníquenle que la mejor manera de entender la Trinidad es recibiendo la vida eterna por medio de Jesús. Explíquenle las Cuatro Leyes Espirituales. A continuación, damos varias citas de las Sagradas Escrituras que le serán útiles: “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1 Timoteo 2:5,6) También Tito 3:5, Juan 1:12 y Juan 3:36.

3. Si la persona invita a Cristo a entrar en su corazón, anímenle a hacer lo siguiente:

a. Decidirse a adoptar una posición firme por Cristo.

b. Comenzar a leer y estudiar la Biblia. Ofrézcanle ayudarle.

c. Que pueda comenzar a asistir al CCLT, donde podrá compartir con otros cristianos y recibir Palabra de Dios, alabar y dar testimonio de Dios.

4. Ore con esa persona para que aprenda a caminar fielmente con Cristo y a alcanzar una comprensión plena de las Escrituras.

Citas bíblicas:

La Biblia hace una defensa muy convincente tanto de la diversidad como de la unidad de las Personas que componen la Trinidad. A continuación se da una lista que no es completa, sino más bien incluye sólo algunos ejemplos de los textos más claros.

El Padre:

Un Dios y Padre

1 Corintios 8:6

Padre de nuestro Señor Jesucristo

Efesios 1:3

Es Todopoderoso

Efesios 4:6

Es inmutable

Santiago 1:17

El autor de nuestra redención

Gálatas 1:3,4

El Padre de los creyentes

2 Corintios 6:17,18

Jesucristo, el Hijo

Es eterno, desde el principio

Juan 1:1

Se encarnó

Juan 1:14

Autor de la gracia y la verdad

Juan 1:17

Es el Hijo de Dios, nuestro Salvador

Juan 3:16

El Padre ama al Hijo

Juan 3:35

El Hijo y el Padre son Uno

Juan 10:30


El Espíritu Santo

Dios es Espíritu

Juan 4:24


Inspiró las Escrituras

2 Pedro 1:21


Nos guía a toda verdad

Juan 16:13

El Padre lo envió al mundo

Juan 14:26

Mora en el corazón de los creyentes

Juan 14:17

Nos confirma que somos de Dios

Romanos 8:16

Los creyentes pueden estar llenos de El

Hechos 4:31

La Trinidad presentada como un todo:

Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo descendió y el Padre habló.

Mateo 3:16, 17

Los creyentes se deben bautizar y consagrar, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Mateo 28:18,19

Los ministerios singulares de la Trinidad en la redención:

La parte del Padre

Efesios 1:3-6

La parte del Hijo

Efesios 1:6:12

La parte del Espíritu Santo

Efesios 1:13,14


viernes, 18 de diciembre de 2009

Las sectas

Las sectas

¿Qué es una secta? Se trata de un grupo que enseña doctrinas o creencias que se desvían de las que enseña la iglesia cristiana histórica y evangélica. Abundan en verdades a medias o distorsionan la verdad. Lo poco de verdad que utilizan se mezcla con los errores y resulta peligrosa. Las sectas logran engañar a muchos. Pablo dijo lo siguiente: “Porque vendrán tiempos cuando no sufrirán la sana doctrina… y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4). Jesús dijo: “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos” (Marcos 13:6).

¿A qué se debe la proliferación de las sectas?

Las sectas medran sobre la ignorancia y la incertidumbre. Los cristianos que no saben de quién son, en qué creen o por qué lo creen, son especialmente vulnerables. Las iglesias se muestran blandas en su responsabilidad de enseñar la Palabra de Dios y discipular a los cristianos. Pablo le recomendó a Timoteo: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2)

Todas las sectas tienen características comunes:

*Una revelación extrabíblica o especial.

A los sesenta y seis libros del Antiguo y el Nuevo Testamento agregan sus propias revelaciones, que son para ellos más importantes que la Biblia. O bien, utilizan una cantidad limitada de pasajes de las Escrituras fuera de contexto, lo que da como resultado interpretaciones erróneas.

La Biblia defiende muy explícitamente su propia integridad. “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Galatas 1:9) (Véase también Apocalipsis 22:18-19)

*La salvación por obras.

Cualquier enseñanza que trata de llevar a las personas a una relación correcta con Dios, aparte de la singularidad de la persona y la obra del Señor Jesucristo, es errónea. Esto puede tomar la forma de un rechazo completo de Cristo y Su obra, o bien, de un rechazo parcial que trata de añadir algo a Su obra. El evangelio es de gracia, ni más ni menos (véase Efesios 2:8-9)

*El rechazo o la falta de reconocimiento completo de Cristo como el Hijo de Dios.

Se le rechaza totalmente o se le relega a un lugar muy inferior al que le corresponde. “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega a Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (1 Juan 2:22)

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintio 3:11)

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra” (Colosenses 1:15-16)

“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:17)

“Y aquel Verbo (Jesús) fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14)

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12)

Estrategia de asesoramiento

1. Para el cristiano que se ha visto engañado para ingresar a una secta.

A. Necesitará asegurar en lo que se refiere a su relación personal con Jesucristo. Es feliz el creyente que puede decir, junto con el Apóstol Pablo: “Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12)

B. Debe reafirmar constantemente su fe y su entrega al Señor, apegándose a las enseñanzas de la Biblia. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Colosenses 2:6-8)

C. Necesita estar seguro de identificarse con la congregación de creyentes evangélicos del Centro Cristiano de Los Teques, participar en algún ministerio, sirviendo a Cristo y dar testimonio a las personas que tengan necesidades espirituales. Una persona redimida de una de las sectas puede ser un testigo sumamente eficiente para las personas que permanecen todavía en ellas.

D. Oren con él para que se vea definitivamente liberado de la secta y para que se entregue al Señor Jesucristo y Su palabra.

2. Si tienen que asesorar a algún seguidor de una secta muy enérgico, les resultará necesario tomar el mando de la conversación porque, de lo contrario, tratará de abrumarles con una defensa interminable de la organización y las doctrinas falsas de su secta.

Pueden interrumpirle con una frase como: “Comprendo que todo esto es muy importante para usted; pero permítame hacerle unas cuantas preguntas cruciales”.

A. ¿Qué piensa sobre Jesús? ¿Es el Hijo de Dios? ¿Es el único Salvador? (Utilicen Juan 3:16 y Hechos 4:12)

B. ¿Qué cree respecto al pecado? ¿Es usted pecador? Si no confía en Jesucristo para su perdón, ¿cómo cree poder obtenerlo?

C. Tanto si recibe respuestas positivas como negativas a los puntos anteriores, haga la pregunta más importante de todas:

¿Ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Salvador personal? O bien, ¿Conoce el plan de Dios para obtener paz y vida?

D. Animen a su interlocutor para que adopte una posición firme por Cristo, abandonando su secta y todas sus asociaciones anteriores. Es preciso que rompa con el pasado.

E. Animen a esa persona a que asista a la iglesia, que sostenga la posición cristiana evangélica, para que pueda comenzar a leer la Biblia y a ver lo que realmente dice.

F. Oren con él pidiendo su liberación total y su entrega absoluta a Cristo y la Palabra de Dios.

Citas Bíblicas

Profecías sobre maestros falsos y doctrinas impuras:

“Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. Estos son los que causan divisiones; los sensuales que no tienen al Espíritu” (Judas 17:19)

“Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfrazó como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”. (2 Corintios 11:13-15)

Cómo discernir el error:

“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o mirad, allí está, no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes” (Marcos 13:21-23)

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Sios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios; Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios, y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:1-3)

“…Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:13-15)

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tienen de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15)

“Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1:10-11)

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; en el espíritu a la verdad está dispuesto; pero la carne es débil” (Marcos 14:38)

“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Judas 20:23).