miércoles, 23 de junio de 2010

Los dones del Espíritu Santo

El cristiano verdaderamente consagrado querrá apropiarse de todo lo que Dios tiene en reserva para su vida. Hemos recibido la gracia de Dios por medio de la Persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo. Ahora, debemos permanecer abiertos para recibir los dones del Espíritu Santo. “Procurad, pues, los dones mejores” (1 Corintios 12:31)

Sin embargo, es preciso que tengamos cuidado de no ser presuntuosos al reclamar cualquier don para nosotros. En lugar de ello, debemos confiar en la soberanía del Espíritu Santo para que le dé “a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). Muchas personas pretenden poseer ciertos dones; pero su vida y su ministerio no dan pruebas de ello. No se debe considerar que los dones espirituales hacen a algún creyente o grupo de creyentes más santo o espiritualmente más avanzado que otro.

El orgullo espiritual puede anular la eficacia de cualquier don.

Evidentemente, algunos cristianos poseen los dones más manifiestos, tales como el de la predicación, la enseñanza o el evangelismo. Esto no quiere decir que son “supercristianos”. Simplemente están aplicando los dones que les dio Dios. El cristiano que ejercita el don más calmado de la fe es igualmente importante para Dios y para la edificación del cuerpo de Cristo. En ninguna parte de las Escrituras se nos dice que debamos buscar los mismos dones. No todos son iguales; pero todos tienen la misma finalidad: deben aplicarse a la obtención de la unificación y la edificación del cuerpo, la iglesia (Efesios 4:12-16)

Dos porciones de las Escrituras enumeran los dones del Espíritu Santo:

“Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia, según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, profecía; u otro, discernimiento de espíritus; a otros, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y le mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como quiere” (1 Corintios 12:8-11).

“Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12)

Nota: Billy Graham: “Esos dones nos llegan del Espíritu Santo, que escoge a quienes van a obtenerlos, y los reparte como quiere. Aunque somos responsables del modo en que utilicemos los dones que hayamos recibido, no somos responsables de los dones que no poseamos. Ni debemos codiciar lo que tenga otra persona ni tenerle envidia. Podemos desear tener ciertos dones e incluso pedirlos; pero si no responden a la voluntad del Espíritu Santo, no obtendremos lo que pidamos. Y si no estamos satisfechos debido a que el Espíritu Santo no nos da los dones que deseamos, estaremos pecando”.

Estrategia de asesoramiento:

1. Permanezcan dentro de los lineamientos que se presentaron al comienzo de este tema cuando den asesoramiento en lo que se refiere a los dones del Espíritu Santo. Es fácil dejarse llevar por alguien que considere que los dones son algo que nunca han sido ni serán.

2. Afirmen con toda claridad que una persona debe haber nacido de nuevo en Cristo para poder apropiarse de los dones del Espíritu Santo. A diferencia de lo que muchos pretenden, no se puede invertir este orden de las cosas. Pregúntenle a su interlocutor si ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador. Si no es así, explíquenle las Cuatro leyes espirituales.

3. Si su interlocutor es un creyente que está buscando sinceramente la plenitud del Espíritu Santo y la identificación de algún don, aconséjenle que dedique tiempo a un estudio prolongado y cuidadoso de las Escrituras que se ocupan de los dones, incluso el libro de los Hechos y las epístolas de Pablo, donde podemos ver los dones en acción. A ese estudio debe acompañar la oración sincera y fervorosa, porque así el que busca obtendrá discernimiento y sabiduría para alejarse de los excesos.

4. Aconséjenle que no se deje afectar demasiado por personas o grupos que insistan en algún tipo de método estandarizado para recibir o ejercer algún don o que pretendan que todos los creyentes deben poseer ciertos dones. Cada uno debe confiar en que el Espíritu Santo distribuirá Sus dones como lo desee (véase Juan 3:8 y 1 Corintios 12:11)

Nota: Uno de los comentarios de Billy Graham ayuda a poner esto en perspectiva: “Creo que una persona llena del Espíritu Santo –que se someta constantemente al Señorío de Cristo- llegará a descubrir sus dones con bastante facilidad. Querrá que Dios le guíe en su vida, y esa es la clase de persona que Dios está dispuesto a bendecir, mostrándole los dones que le ha conferido el Espíritu Santo”.

5. Indíquenle que junto a los dones del Espíritu Santo, debemos tratar de demostrar siempre los frutos del Espíritu. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23). Los frutos y los dones deben permanecer unidos. Se nos conoce por nuestros frutos (Mateo:7:16)

6. Oren con su interlocutor para que tenga una demostración de los frutos del Espíritu Santo en su vida, y para que pueda servir con mayor eficacia al cuerpo de Cristo y al mundo, utilizando algún don que haya recibido según la voluntad soberana del Espíritu de Dios.

Citas bíblicas:

Estudien 1 Corintios 13 en relación con otras porciones de las Escrituras para obtener una buena perspectiva sobre los dones del Espíritu Santo.

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10)

domingo, 20 de junio de 2010

Los frutos del Espíritu Santo

El estar lleno del Espíritu Santo, incluye dos aspectos: las pruebas de frutos del Espíritu Santo y Sus dones.

La plenitud del Espíritu Santo en su vida. El patrón de vida del Nuevo Testatmento se establece en Mateo 7:16: “Por sus frutos los conoceréis”. La primera evidencia de estar lleno del Espíritu Santo es llevar una vida piadosa. Dios quiere cristianos maduros, que demuestran tener los frutos del Espíritu Santo de conformidad con lo que se nos dice en Gálatas 5:22-23: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

Nota: “Los frutos del Espíritu Santo son lo que Dios espera ver en nuestras vidas”, dijo Billy Graham. “A diferencia de los dones del Espíritu, Sus frutos no se dividen entre los creyentes. En lugar de ello, TODOS los cristianos deben distinguirse por tener todos los frutos del Espíritu Santo. En la forma más sencilla posible, la Biblia nos indica que necesitamos al Espíritu para que dé frutos en nuestra vida, porque no podemos producir nada santo apartados del Espíritu. En nuestro propio interior estamos llenos de toda clase de deseos egocéntricos y egoístas que se oponen a la voluntad de Dios para nuestra vida”.

En la práctica, ¿cómo comenzamos a desarrollar estos frutos del Espíritu Santo en nuestra vida?

Debemos entregarnos conscientemente al Espíritu Santo de conformidad con lo que dice en 1 Corintios 6:19-20 y Romanos 12:1-2. Pregúntese usted mismo, ¿se ha dado cuenta alguna vez de que es de Dios y que su cuerpo es verdaderamente la morada del Espíritu Santo? ¿Le ha ofrecido alguna vez su cuerpo (su vida) a Dios tal y como se exige en Romanos 12:1?

A continuación, debemos considerar que hemos muerto al pecado; pero estamos vivos en Cristo (Romanos 6:11). En Gálatas 2:20, Pablo dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Estamos muertos al pecado, en el sentido de que este último ya no nos controla /véase Romanos 6:12-13).

Luego, decidimos, con fe, entregarnos al Señorío de Jesucristo. Esto sucede gradualmente, a medida que logramos controlar nuestra mente. Nuestros actos responden al control que tiene el Espíritu de nuestros pensamientos. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Trabajamos sobre uno de los “frutos” cada vez, orando con fe y confiando en que Dios nos dará el amor, el gozo, la paz y la paciencia que se mencionan en Gálatas 5:22 y 23, para que esas características sean una realidad en nuestra vida.

Estrategia de asesoramiento:

1. Si su interlocutor se muestra preocupado porque desea los frutos del Espíritu Santo en su vida, pueden ver con él parte de lo que se presenta al comienzo de este tema.

2. Algunas veces, las preguntas revelan el punto de enfoque que se requiere. Pregúntenle:

“¿Está consciente de alguna falta de disciplina personal en usted?”

“¿Rompió sus relaciones con alguna otra persona y necesita reanudarlas?”

“¿Permanece conscientemente en Cristo?”

“¿Está leyendo y estudiando diariamente la Biblia?”

“¿Está orando respecto a su relación con Cristo, pidiéndole que desarrolle en usted los frutos del Espíritu Santo?”

3. Oren con su interlocutor, pidiendo que tenga la plenitud del Espíritu Santo, para que Sus frutos aparezcan en su vida.

Citas bíblicas:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2)

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo y morada del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros cuerpos? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).

“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros como instrumentos de justicia” (Romanos 6:11-13).

Gálatas 5:22-23

sábado, 19 de junio de 2010

El Espíritu Santo

Un cristiano nunca puede estar “completo” o maduro sin un conocimiento completo de la Persona y la obra del Espíritu Santo. Es siempre la sensación de necesidad e insuficiencia la que nos hace tratar de obtener este conocimiento.

El Espíritu Santo es una de las tres Personas de la Trinidad. Es igual en posición y poder, con todos los aspectos esenciales de la divinidad. Comparte todos los atributos de Dios: es eterno, sin principio ni fin (hebreos 9:14); omnipotente, poseedor de todo poder (Lucas 1:35); omnipresente, presente en todas partes al mismo tiempo (Salmo 139:7) y omnisciente, o sea, que lo sabe todo (1 Corintios 2:10-11).

Posee todas las características de la personalidad. El Espíritu Santo no es una cosa (véase Romanos 8:16 y 26).

El Espíritu Santo tiene intelecto, emociones y voluntad. Habla (Hechos 13:2), intercede (Hechos 16:6-7), asigna (Hechos 20:28), guía (Romanos 8:14), redarguye y convence de pecado (Juan 16:8). Se le puede mentir y probar (Hechos 5:3,4,9), resistir (Hechos 7:51), afligir (Efesios 4:30) y blasfemar (Mateo 12:31).

Todos los cristianos debemos entender nuestra propia relación con el Espíritu Santo.

*Los que se ha realizado:

Hemos nacido del Espíritu Santo (Juan 2:6,8).

Dios nos ha dado el Espíritu Santo (Juan 14:6; 16:7).

Somos bautizados por el Espíritu (1 Corintios 12:13).

Somos templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20)

Hemos sido sellados por el Espíritu Santo (Efesios 1:13).

*Lo que es potencialmente real:

Todos los cristianos tienen el Espíritu Santo; pero no todos están llenos del Espíritu Santo. Debemos desear esta plenitud, porque Dios nos ordena: “Sed llenos del Espíritu Santo” (Efesios 5:18).

Nota: Billy Graham escribió: “Creo que la Biblia enseña que hay un bautismo en el Espíritu Santo –cuando acudimos por fe a Cristo. La Biblia enseña que hay muchos momentos en los que el Espíritu Santo nos llena- de hecho, debemos estar constantemente llenos del Espíritu Santo. Un bautismo, muchas experiencias de plenitud. Cuando estamos llenos del Espíritu, no se trata de que le pertenezcamos más, como si Su obra fuera cuantitativa. No se trata de qué cantidad del Espíritu tenemos, sino de cuánto tiene el Espíritu de nosotros… Conforme vamos entendiendo mejor el señorío de Cristo, nos rendimos cada vez más a El. Así, al buscar la plenitud del Espíritu Santo, recibimos y gozamos Su presencia que nos llena y Su plenitud cada vez más”.

Estrategia de asesoramiento:

1. Si les hacen alguna pregunta sobre el Espíritu Santo, traten de dar una respuesta a partir de los temas que se mencionaron al comienzo de este tema.

2. Si les hacen preguntas o expresan un deseo sobre la plenitud del Espíritu Santo, compartan los puntos que siguen:

A. Es preciso entender que Dios nos dio Su Espíritu Santo y que mora en nosotros. Tome en cuenta las citas bíblicas que se mencionaron anteriormente.

B. Debemos comprender que Dios nos ordena que debemos estar llenos del Espíritu Santo (Efesios 5:18).

C. Tenemos que entender que antes de que podamos recibir Su plenitud, debemos resolver sinceramente todos los pecados conocidos de nuestra vida. Esto implica arrepentimiento y confesión a Dios.

D. Entregamos sincera y completamente el control de nuestra vida al Señor, como acto definitivo de consagración. Renunciamos a nuestra propia voluntad y, por encima de todo, tratamos de someternos en todo a Cristo, como nuestro Señor, con el fin de tener Su dirección en todos los aspectos de nuestra vida. Esta obediencia requiere una entrega diaria a Dios, para poder aprender los secretos del camino de la fe.

Cuando nos hemos entregado a Dios y Su voluntad, estamos llenos del Espíritu Santo. Ahora debemos actuar de conformidad con esta verdad, y vivir nuestra vida con una seguridad absoluta de que Dios nos ha llenado ya y que nos encontramos bajo Su control.

3. Oren con el interlocutor sobre la aplicación de estas verdades a su vida y para que pueda estar lleno del Espíritu Santo.

Citas Bíblicas:

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. (Juan 14:16,17).

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en samaria y hasta lo último de la tierra”. (Hechos 1:8).

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:7-11).

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13)

Juan 3:6-8

Juan 16:13-14

1 Corintios 6:19-20

Efesios 1:13

Romanos 8:14-16

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Cómo resistir a Satanás?

Antes de que Jesús iniciara Su ministerio terrenal, Satanás lo tentó en el desierto (Mateo 4:11). Después de haber resistido a Satanás, Cristo es capaz de ayudarnos a salir victoriosos sobre él y las tentaciones que pone en nuestro camino (Hebreos 4:15,16).

Puesto que Cristo venció a Satanás en la cruz, los que lo hemos aceptado como Señor y Salvador estamos liberados del poder de las tinieblas y entramos a formar parte del reino del Hijo amado de Dios (Colosenses 1:13). Con todo, nuestra lucha contra Satanás no ha terminado, porque no es una persona que abandone la batalla tan fácilmente. Es el acusador de nuestros hermanos (Apocalipsis 12:10), el enemigo (Mateo: 13:39), el tentador (Mateo4:3) y el engañador (Apocalipsis 12:9).

En el conocido himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, Martín Lutero nos advierte que debemos estar en guardia:

“Con furia y con afán, acósanos Satán,

Por armas deja ver astucia y gran poder,

Como él no hay en la tierra”.

En la Biblia se nos dice que debemos “estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11), y que tenemos que resistirlo (véase Santiago 4:7).

“¿Exactamente qué poderío ejerce Satanás sobre los creyentes? ¿Qué recursos debemos poseer para resistir sus tentaciones y ataques?

El cristiano debe aprender a confiar en la obra concluida de Cristo, porque el Señor venció ya a Satanás. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero” (Apocalipsis 12:11). Jesús se hizo hombre “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).

El cristiano debe comprender que goza de una posición privilegiada de refugio y seguridad. De acuerdo con Colosenses 3:1-3, puesto que hemos resucitado con Cristo y hemos vuelto a una vida con El mediante el nuevo nacimiento (véase Juan 5:24), el “viejo yo” ha muerto (véase Gálatas 2:20) y nuestra vida está ahora “oculta con Cristo en Dios”. El cristiano se encuentra bajo Su protección y cuidado constantes. “Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Juan 5:18).

Estrategia de asesoramiento:

Si un cristiano siente que está siendo atacado por Satanás o que es vulnerable a sus asechanzas o su tentación, pídanle que les explique sus inquietudes. Puede ser que simplemente esté sucumbiendo a sus propios deseos egoístas y pecaminosos. Muchas veces culpamos a Satanás de multitud de cosas por las que no tiene ninguna responsabilidad.

1. Un cristiano debe confesar todos sus pecados conscientes (1 Juan 1:9), entendiendo que debe abandonarlos. Debemos esforzarnos por tener “una conciencia sin ofensas ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16), ya que esto constituye el primer paso para afrontar a Satanás.

2. El cristiano debe permanecer vigilante y en guardia. “Sed sobrios, y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). El estar alerta contra las asechanzas y los intentos de Satanás nos ayudará a evitar encuentros con él.

3. Debemos someternos a Dios (Santiago 4:7-8). Este sometimiento tiene dos aspectos:

A. Resistir al diablo.

1) Prepare su mente sicológicamente en contra del diablo. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse” (Daniel 1:8) “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14)

2) Ponga a Satanás en su lugar. Cuando el diablo le habló a Jesús por medio de Pedro, para tratar de desviarlo de su propósito eterno, Jesús le reprendió: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres (Mateo 16:23)

3) Use las Sagradas Escrituras para hacer huir a Satanás (Mateo 4:1-11). Durante su tentación, Cristo respondió tajantemente con tres citas apropiadas: Deuteronomio 8:3, Deuteronomio 6:16 y Deuteronomio 6:13. Uno de los argumentos más convincentes para estar familiarizado con las Escrituras es el poder resistir a Satanás.

B. Acercarse a Dios para que El se acerque a nosotros. El tener un tiempo íntimo y cotidiano de comunión con el Señor, utilizando Su palabra y buscando Su presencia y fortaleza por medio de la oración se combinará con nuestra resistencia a Satanás y lo hará huir. “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).

4. Debemos vencer a Satanás con la ayuda del Espíritu Santo. “Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Citas bíblicas:

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).

“Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y El se acercará a vosotros”. (Santiago 4:7-8).

“Sí, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:1-3).

“Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).

viernes, 26 de febrero de 2010

Sanidad

El concepto bíblico de la sanidad significa mucho más que el alivio de un conjunto de síntomas físicos. Implica plenitud del cuerpo y el espíritu.

Jesús le preguntó al hombre de Juan 5:6: “¿Quieres ser sano?”

Muchas enfermedades son el resultado del modo de vida y las actitudes del individuo.

*Muchos científicos médicos sostienen que gran parte de nuestros males se deben a causas emocionales: tensiones, temores, tristeza, envidia, resentimiento, odio, etc. Los dolores y los problemas físicos pueden ser muy reales; pero sus causas están enraizadas en las emociones.

*El fumador de toda la vida puede desarrollar diversos males tales como enfisema, cáncer, hipertensión sanguínea, etc., que afectan la boca, la garganta, el esófago, los pulmones y el corazón.

*El consumo de bebidas alcohólicas puede tener consecuencias devastadoras, tanto emocionales como físicas. Muchas de ellas son irreversibles, debido a un conducto digestivo ulcerado, el hígado destruido o el cerebro dañado.

*El comer en exceso o la desnutrición, durante períodos prolongados provocarán también problemas de salud.

Sin embargo, muchas enfermedades no se deben a los abusos, la disipación o los problemas emocionales. ¡Muchas personas están simplemente enfermas! Refiriéndose al hombre que había nacido ciego, Jesús dijo: “No es que pecó éste ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9:3). Acordémonos de los que nacen con defectos o males genéticos, las víctimas de accidentes, los heridos o muertos que se deben a los descuidos o la falta de prudencia de otros, las infecciones y las enfermedades virales, etc.

Señalamos todo lo anterior con el fin de recalcar que hay varias formas de abordar el problema de la enfermedad. Vamos a ocuparnos de tres de ellas:

Dios sana mediante el nuevo nacimiento:

Cuando una persona se convierte en “nueva criatura” en Cristo (2 Corintios 5:17), descubre que Jesús puede satisfacer todas las necesidades. Muchos han dado testimonio de que, cuando enderezaron todas las cosas espiritualmente y comenzaron a vivir dentro de la perspectiva correcta y en relación con Dios, sus males desaparecieron. El escritor de himnos William B. Bradbury se refirió a esta nueva perspectiva.

“A pesar de que soy pobre, desvalido y ciego; la vista, las riquezas y la salud mental, todo lo que necesito, encuentro en Ti, Oh, Cordero de Dios, voy a Ti”.

Dios sana mediante la confesión del pecado:

Muchos cristianos llevan vidas miserables, débiles y, con frecuencia, enfermizas, debido a su desobediencia y sus pecados no confesados. Esas personas podrían recuperarse totalmente si se enfrentaran a su pecado. El salmista dijo: “El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias…” (Salmo 103:3-4)

Dios sana mediante intervenciones milagrosas que se conforman a Su voluntad soberana y Sus propósitos:

La Biblia contiene muchos ejemplos de esto. También tenemos pruebas de esos milagros en nuestros días. Sin embargo, Dios no cura a todos los que se lo piden o por los que oran por otros. “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34); pero cura a unos y a otros no, con una divina selectividad que refleja Su propia sabiduría eterna y Su divina voluntad. “Así son mis caminos más altos que vuestros caminos” (Isaías 55:8). Esta selectividad divina puede apreciarse en el ejemplo de Pablo que oró durante mucho tiempo para que le fuera quitada una aflicción (2 Corintios 12:8-10). Dios no curó a Pablo. ¡Le proporcionó gracia y fortaleza – no para que Pablo pudiera soportarlo, sino para que aprendiera a tener gozo y a gloriarse de su absoluta dependencia del Señor! Dios está tratando de enseñarles a los Suyos que en tods las circunstancias debemos aprender que “la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7). La voluntad y los caminos gloriosos de Dios se pusieron de manifiesto en la vida de Pablo, cuando aprendió que “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

No obstante, nada de esto debe hacernos desistir de orar con fe por los enfermos o por cualquier otra cosa. Dios puede responder a nuestras oraciones de fe de modos que nos asombrarán. “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17) es Su mandato. El consejero debe tener cuidado para no dar la idea de una curación física garantizada, como resultado de sus oraciones.

Estrategia de asesoramiento:

1. Asegúrenle a su interlocutor que Dios le ama y puede satisfacer sus necesidades. Indíquenle que se sienten felices de poder compartir su fe y sus oraciones con él.

Nota: Algunas personas, al hablar de sus males, tienden a hablar sin cesar. El consejero deberá demostrarles simparía e interés; pero, en el momento oportuno, tendrá que tomar el control de la conversación.

2. Después de que su interlocutor les haya explicado su problema, infórmenle que les encantaría hablar con él de ese tema; pero que, antes, les gustaría hacerle una pregunta muy importante que se relaciona directamente con su asunto. ¿Ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal? Si es apropiado, explíquenle las “Cuatro leyes Espirituales”.

3. Luego, vuelvan a llevar la conversación hacia el problema emocional o físico. ¿Se debe quizá a hábitos o excesos? Ayuden a esa persona a comprender que esas cosas, si las está experimentando, pueden relacionarse directamente con sus problemas. Anímenle a que confíe en Dios, con el fin de poner su modo de vida bajo el control de la voluntad del Señor.

4. Oren con él para que obtenga la victoria sobre los excesos que contribuyan a sus dificultades, así como también para que recupere completamente su salud.

5. Si su interlocutor es cristiano, traten de determinar si su mal se relaciona e alguna forma con la falta de armonía de su vida con la voluntad y el plan de Dios. Pregúntenle con amabilidad si tiene ira, amargura, resentimiento o algún otro pecado no confesado. Hagan hincapié en 1 Juan 1:9 y 2:1.

Animen a esa persona a que viva en comunión con Cristo, tratando siempre de darle gloria (1 Corintios 10:31). Después de esto, oren fielmente y con fe, pidiendo la sanidad, de conformidad con Mateo 18:19.

6. Si su interlocutor es un cristiano que considera que ha estado siguiendo la voluntad de Dios, inicien inmediatamente su oración, recurriendo a las promesas de Dios para las oraciones de fe.

7. Después de su manejo de cualquiera de los casos anteriores, háblenle siempre a esa persona sobre la paz y la plenitud que se obtienen cuando aprendemos a depender de la Palabra de Dios y la oración, que proporcionarán el mayor ánimo frente a las enfermedades y la adversidad.

8. Aconséjenle que asista al Centro Cristiano de Los Teques, donde se enseña la Palabra de Dios. El compañerismo, la atención y las oraciones del pueblo de Dios tienen un gran poder. El estar involucrado dentro de alguna célula y pertenecer a un ministerio va a ser de gran ayuda para él.

Citas bíblicas:

“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración… ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:13-16)

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).

“Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18).

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:7-9)

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren , les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19)

martes, 12 de enero de 2010

¿Cómo controlar los pensamientos?

La historia del hombre se ha centrado fundamentalmente en torno a una batalla por conquistar su mente. Nuestros pensamientos tienen una importancia vital. “Mejor es… el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

La mente, o las palabras relacionadas con ella como, por ejemplo, “los pensamientos”, “el entendimiento” y “el corazón” (que se usa a veces en lugar de mente”, ocupa un lugar importante en las Sagradas Escrituras. Dios desea controlar nuestra mente y Satanás trata de hacer lo mismo.

Nota: Billy Graham escribió lo siguiente: “Lo que el hombre cree es muy importante, al igual que el desarrollo de su mente. Debemos crecer intelectualmente en Cristo. Es nuestro deber estudiar para presentarnos ´a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse´(2 Timoteo 2:15). Dios declaró: ´Daré mi ley en su mente´(Jeremías 31:33). Dios le dijo a Josué: ´Sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está en él escrito´(Josué 1:8). Isaías dijo: ´Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera´(Isaías 26:3) ¿Quiere rendirle su mente a Cristo, someterla al Señorío de Jesús? ¿Está dispuesto a dedicarle a Él su mente?”.

La Biblia menciona la mente del no creyente que es “enemistad contra Dios” (Rom. 8:7), declarando que está cegada debido al pecado (2 Corintios 4:4), y moralmente contaminada (Marcos 7:20-22)

La Biblia menciona también la mente carnal que es característica del cristiano mundano que sigue caminando en la carne (Santiago 4:4), el cristiano incrédulo (Hebreos 3:12) y el cristiano desobediente (Lucas 6:46 y Efesios 2:2)

Estrategia de asesoramiento:

Para el no cristiano:

1. Explíquenle las Cuatro leyes espirituales para estar en paz con Dios.

2. Aconséjenle a la persona que comience a leer la Palabra de Dios. Haciendo esto, principiará a someter su mente al Creador.

3. Anímenle a habituarse a orar cada día. El libro de los Salmos está lleno de expresiones de plegarias. Sugiéranle también Mateo 6:9-13 y Lucas 11:2-13, en donde se encuentra el Padrenuestro. Estos dos pasajes son buenos ejemplos de oración.

4. Aconséjenle que asista al Centro Cristiano de Los Teques, para que reciba Palabra de Dios, adore al Señor, conviva con hermanos cristianos y comience a servir en la obra de Dios.

5. Oren con él para que Dios le dé una mente renovada.

Para el cristiano carnal:

1. Hagan hincapié en la necesidad de controlar la mente y utilicen los siguientes ejemplos:

A. El Señor Jesucristo: “Haya, pues, en vosotros, este sentir que hubo también en Cristo Jesús… se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, ysss se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8)

B. El Profeta Isaías: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (Isaías 26:3)

C. El Apóstol Pablo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)

“Refutando argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5)

Citas bíblicas:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8,9)

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8)

“Porque la palabra de Dios es viva, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (mente)” (Hebreos 4:12)

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1:1,2)

“Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” (Proverbios 16:3)

viernes, 1 de enero de 2010

El pecado imperdonable

De vez en cuando, oímos que alguien expresa una gran preocupación porque piensa que cometió “el pecado imperdonable”. De hecho, esta persona puede sentirse culpable de un pecado realmente grave como, por ejemplo, un crimen, un adulterio, un incesto, un aborto o, quizá, algo no tan grave como eso. Con el transcurrir del tiempo, desarrolla sentimientos obsesivos de culpa, muy semejantes a los que experimentó David, cuando exclamó: “Mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3) Algunas personas asocian esos sentimientos de culpa con el concepto de que “por su pecado, no tienen esperanza alguna de alcanzar el perdón”.

Si la persona admite su situación pecaminosa actual y la considera lo suficientemente grave para preocuparse mucho por ella, el consejero podrá aprovechar favorablemente esta ventaja. La batalla está parcialmente ganada con una admisión de esta índole.

Estrategia de asesoramiento

1. Denle ánimos inmediatamente a la persona, explicándole que está dispuesto a ayudarle en todo lo que pueda. Asegúrenle que las Sagradas Escrituras sostienen, a pesar de lo que muchos puedan pensar, que cada tentación y pecado va acompañado por una faceta de la gracia de Dios.

2. Definan lo que es el pecado imperdonable a la luz de las Sagradas Escrituras.

Cuando Jesús expulsó a un demonio del hombre ciego y mudo, la gente se maravilló. (véase Mateo 12:22,23). Sin embargo, los fariseos censuraron a Cristo, diciendo que había expulsado a un demonio por el “poder de Beelzebú”, el príncipe de los demonios. El Señor les respondió lo siguiente (versículo 31,32): “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada… No le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.

La frase “pecado imperdonable” se derivó de esta cita bíblica. Los fariseos, obsesionados con el deseo de desacreditar a Jesús en la mente del pueblo, cayeron en el pecado de atribuir al diablo las obras del Espíritu Santo (que obraba juntamente con Cristo Jesús). En efecto, esto equivalía a decir que Jesús no era de Dios sino de Satanás y, según lo afirmó Cristo, esto no le sería perdonado jamás.

3. Pregúntenle si es culpable de este pecado. Si no es así, asegúrenle que no ha cometido el “pecado imperdonable”.

4. Sin embargo, al hacer hincapié en esto, tengan cuidado de no reducir al mínimo la gravedad del pecado de su interlocutor. (Véase Gálatas 5:19-21). Debe aprovechar esta admisión de pecaminosidad para destacar el hecho de que “la sangre de Jesucristo, Su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7) Para que podamos experimentar la gracia salvadora de Dios, que incluye el perdón de pecados, la persona debe reconocer que es pecadora.

La siguiente etapa es confesar los pecados como lo hizo el publicano: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). El reconocimiento y la confesión de los pecados son un prerrequisito para todo lo que sigue. Dios es quien perdona los pecados, y por eso envió a Su Hijo a la cruz para que “nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

Subraye el hecho de que, ahora, el único pecado que se puede considerar “imperdonable” sería rechazar la oportunidad de recibir a Cristo como Su Salvador y Perdonador.

Nota: Billy Graham aclara esta situación como sigue: “Quizá pudiera aventurar una definición de lo que yo entiendo como pecado imperdonable. Desde un punto de vista negativo, creo que nadie que haya cometido este pecado puede seguir estando bajo el poder del Espíritu Santo que redarguye, convence y atrae. En tanto el Espíritu Santo habite en una persona, no habrá cometido el pecado imperdonable. Sin embargo, cuando el ser humano ha resistido continuamente al Espíritu Santo a tal grado de que éste ya no lucha a favor suyo, entonces es cuando se está en peligro eterno. En otras palabras, el pecado imperdonable implica el rechazo total e irrevocable de Cristo Jesús. El resistir al Espíritu Santo, es un pecado que cometen los no creyentes y es un pecado tal que, cuando se prolonga demasiado tiempo, conduce a la condena eterna. A los que se resisten al Espíritu Santo sólo les queda esperar el juicio seguro”.

5. El consejero debe presentarle a la persona las Cuatro leyes espirituales, es impulsarle a confiar en Cristo sin demora alguna, recalcando el hecho de que, aunque su pecado sea grave, Dios le puede perdonar. “El es quien perdona tus iniquidades” (Salmo 103:3).

6. Si se trate de un cristiano, haga hincapié en que los hijos de Dios no son capaces de cometer el “pecado imperdonable”. Sólo los no creyentes rechazan al Espíritu Santo. Siga el procedimiento de asesoramiento, tal y como se definió antes.

A. Defina el pecado imperdonable (Mateo 12:22-31)

B. Pregúntenle si se siente culpable del pecado que Jesús describió, es decir, la blasfemia contra el Espíritu Santo.

C. Cuando despeje estas dudas, recuerde que no debe tratar con ligereza el pecado que la persona consideraría imperdonable.

D. Asegúrenle que el pecado, por horrible que sea, puede alcanzar el perdón, basándose en el arrepentimiento y la confesión. Hagan hincapié, sobre todo, en 1 Juan 1:9.

Quizá no sea fácil convencer a su interlocutor sobre la veracidad de la Biblia respecto al “pecado imperdonable”. Sea persistente en su reiteración del amor de Dios, que demostró pagando el precio de la cruz para que el pecado fuera perdonado. Si estamos dispuestos a confesar nuestros pecados, estos nos serán perdonados.

7. Oren con la persona para que sea capaz de ver el pecado desde la perspectiva de Dios. El Señor aborrece el pecado; pero ama al pecador y perdonará cualquiera de sus pecados por medio de la Persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo.

Citas Bíblicas:

El pecado imperdonable:

“El que no es conmigo contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Por tanto, os digo; todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (mateo 12:30,31)

La gravedad del pecado:

“Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21)

Deseo de Dios de perdonar cualquier pecado:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9)

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia”. (Proverbios 28:13).

“El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”.

“Cuando está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. (Salmo 103:3,12).

“Pacientemente esperé yo a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos y temerán, y confiarán en Jehová”. (Salmo 40:1-3)