jueves, 30 de octubre de 2008

Enfermedades fatales

Recuerden que su interlocutor es una persona muy enferma. Su existencia está amenazada y en realidad es probable que le quede poco tiempo de vida. Su cuerpo está siendo destruido tal vez por el cáncer, la presión sanguínea elevada, un padecimiento cardiaco, alguna falla renal o cualquier otra enfermedad grave. La persona se siente sola y se pregunta: ¿Quién ha sufrido semejante dolor?

La persona se ve presa de diversos sentimientos sucesivos, aunque no necesariamente en forma cronológica, entre los cuales están la negación (“esto no puede estarme sucediendo a mí”), ira (“¿por qué yo, Señor?”), depresión (“toda esperanza está perdida”), intento de chantaje (“Señor, sácame de esta situación y haré todo lo que quieras”) y aceptación (“sea hecha la voluntad de Dios”). Estos sentimientos no se experimentan en un momento dado para luego quedar en el olvido, sino que vuelven una y otra vez. No son sentimientos anormales sino característicos, hasta cierto punto, de todos aquellos que se enfrentan al “valle de las sombras”.

¿Qué podemos decirle a una persona en esta situación? ¿Cómo respondería? Cualquier enfermedad grave resulta tan singular para quien la padece, que a veces es difícil que quien no está en su situación entienda lo que esto representa verdaderamente.

Estrategia de asesoramiento:

1. Escuchen sobre todas las cosas. Escuchen con simpatía hacia los sentimientos que la persona comparta con ustedes. Aliéntenla a hablar. Tal vez crean conveniente indagar un poco sobre sus sentimientos, algunos de los cuales brotan a la superficie en tanto que otros están profundamente ocultos.
2. No se formen un juicio sobre los sentimientos que se comparten, incluso a pesar de que hayan sido expresados con ira, autocompasión o amargura. Simplemente dejen que la persona sepa que lo está escuchando con simpatía. No adopten la actitud arrogante de pretender que entiende la profundidad de sus sentimientos. ¡Esto es absolutamente imposible! Sin embargo, deben hacerle sentir que su interés es genuino. Traten de expresar esto en palabras y comuníquenlo también por el tono de su voz, su ternura y sensibilidad, así como por su sentimiento de identificación con la persona. “Acordaos de los maltratos como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo” (Hebreos 13:3).
No es el momento adecuado para que hablen de su propia experiencia con el dolor; concéntrense en la angustia de su interlocutor.
3. No se muestren excesivamente empalagosos, ni siquiera a un nivel espiritual. Eviten los lugares comunes y las frases huecas. No le digan a la persona “que no se deje amilanar” o que se convierta en un paradigma en medio de la adversidad”.
No ofrezcan esperanzas vanas sobre la curación de la persona ni declaren que toda enfermedad viene del diablo y que si tuviera la fe suficiente podría sanar. No pueden saber si Dios tiene en sus planes sanarlo o no. Estas cuestiones pertenecen sólo a la soberana voluntad de Dios. La única certeza que tenemos es que Dios sana espiritualmente a los que depositan su fe en Cristo Jesús.
4. No desvíen la conversación si la persona hace referencia a la muerte. Esto podría dar como resultado una preparación inevitable. Cualquier referencia a la muerte puede preparar la ocasión para que ustedes, como consejeros, le pregunten si tienen asuntos pendientes que debe resolver. Este es l propósito de nuestro trabajo: ayudar a las personas a prepararse para la eternidad.
Tal vez pueden preguntarle: “Si muriera esta noche y se encontrara ante las puertas del cielo enfrentándose a la pregunta ¿en qué me estoy basando para esperar ser admitido al reino de los cielos? ¿qué contestaría?
Si la situación lo requiere, explíquenle las Cuatro Leyes Espirituales. Si la persona responde afirmativamente, compartan con ella los conceptos de “Seguridad”. También sería conveniente que le presentara otras porciones de las Escrituras, por ejemplo el salmo 23, Juan 14:1-6. 1 Tesalonicenses 4:13-18.
5. La entrega a Cristo debe preparar el camino para preguntarle si tiene algunos otros asuntos pendientes, por ejemplo, sus relaciones humanas (familia, amigos), cuestiones económicas (quizás un testamento), el manejo de los detalles concernientes al proceso de la muerte, la muerte misma, las disposiciones para el servicio fúnebre, lo que se hará con el cuerpo, etc. Aconséjele a su interlocutor que resuelva todas estas cuestiones, tal vez con la ayuda del asesoramiento pastoral o profesional pertinente.
6. Sugiéranle que indague si en su comunidad existe alguna institución para pacientes desahuciados. Estas instituciones se especializan en proveer ayuda a pacientes con enfermedades fatales. Estas agencias se especializan en proporcionarle toda la colaboración adicional en lo tocante a ayuda profesional en los cuidados de la salud, a aquellos que padecen una enfermedad que se clasifica como fatal y a sus familias. Hay varias agencias de esta índole que puede consultar para conocer las clases de servicio que ofrecen.
7. Oren por la persona para que tenga el valor y la fortaleza para vencer el dolor, para que se entregue Cristo, quien llevó nuestros dolores y nuestras tristezas.

Citas Bíblicas:
“No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mi. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a donde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mi”. (Juan 14:1-6)

“Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21)
Salmo 23
1 Tesalonicenses 4:13-18

Enfermedades mentales

Es una generalización que se usa comúnmente para cubrir toda la gama de trastornos psiconeurológicos. Hay algunos que están verdaderamente enfermos, con algún tipo de falla de funcionamiento que se debe a lesiones cerebrales, un mal heredado, desequilibrios glandulares u hormonales, etc. Esas personas deben recibir tratamiento de la ciencia médica con todos los medios posibles.

Sin embargo, hay una zona amplia de lo que suele denominar enfermedades mentales que son el resultado de conductas pecaminosas y actitudes carnales no resueltas. Los así afectados pueden presentar los síntomas de enfermedades mentales; pero muchas veces esos síntomas se relacionan con las tensiones y se deben a problemas espirituales. Algunas veces, esas personas fingirán una enfermedad, en lugar de afrontar la realidad de su situación. Culparán a otras personas y a las circunstancias por sus problemas, con el fin de hacer que la atención se aleje de ellos mismos. “Y oyeron la voz de Jehová que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto… Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”. Por su parte, la mujer dijo: “La serpiente me engaño y comí” (Gen. 3:8,12-13)

Sería un mal servicio el de tratar simplemente los síntomas o excusar a esa persona “por su modo de ser”. Lo cierto es que nunca se sentirá bien, en tanto no resuelva su problema y lo corrija. La primera etapa de la recuperación es la aceptación de responsabilidad por sus actitudes y actos. “Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). “De manera que cada uo de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Rom. 14:12)

El cambio es posible, a condición de que esa persona se enfrente a la realidad: tendrá que presentar su vida desnuda ante Dios, arrepentirse de lo que haya de malo en sus actitudes y actos, y confesárselo a Dios con la intención de abandonarlo a cambio de la novedad de vida en Cristo Jesús.

Muchas vidas se han reencauzado al recibir a Jesucristo como Señor y Salvador personal. El poder de la palabra y el ministerio del Espíritu Santo sobre nuestra vida, tienen efectos muy positivos.

Estrategia de asesoramiento:

1. Animen a su interlocutor, diciéndole que ha llamado al lugar apropiado y que se alegran de hablar con él y ayudarle en todo lo que puedan.
2. Estén listos para escuchar, si esa persona desea hablar. Hagan las preguntas necesarias para estimular la conversación, esperando que surja algo que les dé oportunidad de sugerir una solución espiritual.
3. Cuando consideren que es oportuno, pregúntenle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador. Compartan con él las Cuatro Leyes Espirituales. Su entrega puede iniciar una nueva conciencia y una nueva percepción que le darán deseo y motivación para afrontar su “enfermedad mental” con realismo y determinación
4. Anímenle para que comience a leer la Biblia.
5. Anímenle a que aprenda a orar todos los días.
6. Aconséjenle que vaya al CCLT, donde va a escuchar Palabra de Dios, y va a aprender a adorar, tener comunión y servir a Cristo. Una buena relación en la iglesia será sumamente útil para enseñarle a esa persona lo básico de la Biblia y “cómo orar”, y también para ofrecerle oportunidades de servicio.
7. Oren con esa persona para que su entrega a Cristo pueda reencauzar sus actitudes y actos, con el fin de que viva de un modo agradable a Dios. Lean juntos Romanos 12:1-2, indicándole que, si sigue esos principios, podrá transformarse en una persona íntegra.
8. Invítenle a que trate de obtener el asesoramiento del pastor o un psicólogo cristiano, con el fin de que pueda haber continuidad en el tratamiento de sus problemas a la luz de las Escrituras.

Citas Bíblicas

“Tú guardarás en completa paz aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3)

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18-19)

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2)

“Haya, pues, en vosotros, este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5)

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. (Hebreos 12:14-15)

“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:1-2)

"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejos de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá” (Salmo 1: 1-2,6)

viernes, 24 de octubre de 2008

Apostasía e indiferencia espiritual

La palabra “apostasía” significa abandonar las prácticas religiosas y caer moralmente. Tiene una connotación espiritual más profunda que lo que expresan estas simples palabras. Significa que se pierde la comunión con el Señor, con frialdad e indiferencia hacia las cosas espirituales o, incluso, el abandonar la fe por completo.

Hay diversos grados de apostasía:
Abandono: Una separación debida al rechazo consciente de la verdad de Dios revelada por medio de Su Palabra y Su Hijo.
Pecados de la carne: El “desviarse debido a la lujuria y la atracción” del pecado. Esto significa inmoralidad, ebriedad, homicidio, etc.
Pecados espirituales: (los más comunes entre los cristianos). En primer lugar, podríamos mencionar la indiferencia espiritual –la falta de responsabilidad ante Dios y la iglesia- que hace que seamos ineficientes en nuestra vida y nuestro testimonio, según se subrayan en la Escrituras. También se deben incluir en este punto varios pecados tales como la mentira, las trampas, las murmuraciones, la envidia, el egoísmo, los celos, etc. (Véase Gálatas 5:19-21)

Algunas cosas que conducen a la apostasía:
• Decepción por las incongruencias observadas o imaginadas en otros cristianos.
• Una relación indiferente con Cristo o un “seguimiento desde lejos, y el hacer caso omiso del lugar que ocupan en la vida cristiana la Palabra de Dios, la oración y el testimonio.
• Ignorancia respecto a las verdaderas implicaciones de las responsabilidades y las prácticas espirituales.
• Desobediencia a la voluntad revelada por Dios para la vida propia.
• Pecado voluntario que permanece sin confesión. Debemos darnos cuenta de que todas las personas son responsable de sus propios actos ante el Señor. Esto implica arrepentimiento y confesión.

Estrategia de asesoramiento:

El consejero debe tratar de lograr el verdadero arrepentimiento, la confesión y la restauración del interlocutor, para que su vida pueda renovarse en el amor de Cristo, la Palabra de Dios y el servicio.
Para alcanzar esta meta, traten de determinar cómo perdió su interlocutor su comunión o su relación con el Señor. Si parece sentirse inseguro respecto a su entrega original a Cristo, repasen con esa persona las Cuatro leyes espirituales. Si está dispuesto a afrontar la verdad haga lo siguiente:
1. Pídanle que le confiese al Señor todos los pecados de los que esté consciente, de conformidad con lo que se dice en 1 Juan 1:9.
2. Condúzcanlo a la confesión, ya que de esta manera va a lograr la restauración. No hay ningún pecado que Dios no perdone por medio de Cristo.
3. Anímenlo para que comience a leer y estudiar la Biblia, y a orar todos los días.
4. Invítelo al Centro Cristiano de Los Teques, allí seguro logrará compañerismo, instrucción y servicio cristiano.
5. Indíquenle que deberá hacer una restitución, en caso necesario, o sea ajustar correctamente las cuentas con otros a los que haya perjudicado o de los que se haya aprovechado injustamente.
6. Oren con esa persona, pidiendo la plena restauración y bendiciones para ella.
7. Recomiéndele que aprenda de memoria el pasaje de Proverbios 3:5-6 y que aprenda a basarse en su verdad en le futuro.

Citas Bíblicas:
Arrepentimiento y confesión:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. (1 Juan 1:9)

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13)

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. (Salmo 51:17)

lunes, 20 de octubre de 2008

Ansiedades, preocupaciones y tensiones

El término de ansiedad cubre una gama muy amplia de problemas que se deben a temores infundados. Alguien dijo que los ansiosos y angustiados están tan preocupados por lo que pudiera suceder en el futuro que se olvidan de cómo afrontar el presente. Es característico de ellos que se preocupen por todas las cosas. Construyen montañas con simples montículos, al dejar que las cosas insignificantes adquieran una importancia enorme en sus vidas. Se sienten ansiosos respecto a deficiencias imaginarias, el futuro, su salud, sus familias y su trabajo. A menudo son incapaces de identificar las razones para sus ansiedades y temores.

Muchas personas ansiosas sufren dificultades físicas tales como nerviosismo, insomnio, dolores de cabeza, trastornos respiratorios, sudor excesivo, etc. La incapacidad para encontrar alivio para la ansiedad puede tener consecuencias más graves tales como una depresión nerviosa. Evidentemente, esas personas necesitan nuestra simpatía, nuestras oraciones y toda la ayuda que podamos darles.

Nota: Billy Graham comentó a este respecto: “El hombre se ha visto siempre asediado por las preocupaciones. Las presiones de la vida moderna han hecho que el problema se agrave… Muchos de ustedes están sufriendo miles de ansiedades. Confíenlas a Cristo con fe… Por mi parte, estoy aprendiendo en mi propia vida, día tras día, a mantener mis pensamientos centrados en Cristo; las preocupaciones, las ansiedades y las angustias del mundo pasan, y sólo queda una ‘perfecta paz’ en el corazón humano”.

Estrategia de asesoramiento:


1. Ofrezcan aliento.
¡El Señor puede ayudar! “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmo 42:5) El temor de Dios es el o más que un simple paliativo único que vence todos los demás temores.
2. Ayuden a su interlocutor a descubrir la razón de su ansiedad.
El consejero debe tratar de ofrecer algo más que un simple paliativo (un alivio del dolor sin cura) que puede producir un alivio temporal, sin abordar si quiera el verdadero problema. Hasta donde sea posible, traten de llegar a las “raíces del mal”.
Eviten los sondeos demasiado profundos. La limitación del tiempo de asesoramiento y la posibilidad de que sus ansiedades se basen en experiencias traumáticas del pasado, deberán limitar sus preguntas a sólo las que pueden ayudarles a abrir las puertas para presentar a Cristo como Salvador y sostenedor.

Pregúntenle:
¿Por qué teme por su trabajo, su futuro, su familia, etc.?
¿Por qué está tan nervioso? ¿Por qué tiene dolores de cabeza?
¿Por qué no puede dormir?
Describa sus sentimientos. ¿Se siente culpable? ¿Por qué? ¿Está tratando de huir de algo? ¿Cuál es verdaderamente su problema?

Si la ansiedad parece deberse a verdaderos sentimientos de culpa, esto puede indicar una conducta errónea que requiera corrección. Esto es útil porque el problema es el pecado. ¡Hay un remedio ¡El experimentar el perdón de Dios en Cristo puede eliminar la culpabilidad y los sentimientos de culpa, lo que contribuirá a la sanidad. Denle a esa persona las Cuatro leyes espirituales.

Eviten decirles las personas que si “piensan correctamente”, se “sentirán bien”. A veces, es preciso indicarles que “la vida correcta” produce “pensamientos sanos”. Dios sólo es la fuente de los pensamientos positivos. El afrontar el problema básico –el pecado- producirá finalmente la clase de conducta que agrada a Dios y generará cambios.

Es posible que la ansiedad respecto al futuro revele preocupación por la muerte y el juicio futuro. Además, esto proporciona una oportunidad para presentar a Cristo.
3. Indíquenle a esa persona que es necesario estudiar la Biblia y orar todos los días.
No sólo debemos leer la Biblia, sino que también debemos asimilar sus enseñanzas de tal modo que comiencen a moldear nuestra vida y nuestro carácter. El aprender de memoria la Palabra de Dios es sumamente importante. El “tener los pensamientos de Dios” ocupará el lugar de las preocupaciones que nos llenan de ansiedad y angustia, los pensamientos sobre nosotros mismos y los problemas que nos asedian.
La oración acompaña al estudio de la Biblia. Según las Escrituras, no debemos estar ansiosos por nada, “sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6)
4. Comparta con esa persona algunas de las promesas de la Biblia.
Se puede confiar en que Dios cumplirá sus promesas.
5. Aconsejen a su interlocutor que se identifique con una iglesia en la que se enseñen las doctrinas de la Biblia.
Los pensamientos cristianos y el hecho de servir con otros pueden ser buenos antídotos contra la introspección negativa y poco sana.
6. Oren con su interlocutor, pidiendo soluciones verdaderas. “Busqué a Jehová y él me oyó, y me libró de todos mis temores”. (Salmo 34:4)
Si descubren problemas más profundos que se encuentren fuera de su competencia, recomiéndenle a su interlocutor que trate de obtener consejos de un psicólogo cristiano.

Citas Bíblicas:

“Busqué a Jehová y él me oyó, y me libró de todos mis temores”. (Salmo 34:4)

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. (1 Pedro 5:7)

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7)

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a
Cada día su propio mal”.
(Mateo 6:33-34)

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”. (Salmo 42:5)
Salmo 55:22
Proverbios 3:5-6
Filipenses 4:13
Filipenses 4:19
Romanos 8:28

El Amor

Hasta que las Buenas Nuevas de Jesucristo aparecieron en la escena humana, la palabra amor se entendió primordialmente en función de buscar ventajas para uno mismo. El amar lo que era imposible creer resultaba incomprensible. Un Dios de amor que llamará al hombre pecador era un concepto imposible de entender.

Los escritores del Nuevo Testamento tuvieron que acuñar una palabra nueva, ágape, para expresar lo que Dios quiso revelar de Si mismo en Cristo y cómo deseaba que los cristianos se relacionaran los unos con los otros. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16).

Este nuevo lazo de amor se reveló en el Calvario. A partir de entonces, los redimidos se volverían hacia Dios y unos hacia los otros, en una dimensión nunca antes comprendida ni experimentada. Agape sería ahora el “camino más excelente” (1 Corintios 12:31). Inmediatamente, eso se convirtió en una característica de identificación de la iglesia primitiva Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34) y “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviéreis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).

Sin embargo, conforme fueron transcurriendo los años, gran parte de la verdadera fuerza de ágape se desvaneció. La iglesia de hoy se enfrenta a la necesidad de redescubrir su significado. Agape no es un simple sentimiento; el amor adormecido carece de poder. Es dinámico sólo cuando ama activamente a Dios, tal y como El nos amó a nosotros; sólo cuando surge sin restricciones de ninguna clase –amor hacia los hermanos, las hermanas, los vecinos y el mundo por el que murió Cristo (Véase 1 Juan 4:10-12 y 2 Corintios 5:14).

Es el nivel humano, al igual que en el divino, el amor dice: “Te respeto, te quiero y soy responsable de ti”.

Te respeto:
Te veo como eres, como un individuo singular –como todos somos únicos. Te acepto como eres y te permitiré que te desarrolles de conformidad con el propósito que tenga Dios para ti. No te explotaré para mi propio beneficio. Trataré de conocerte todo lo bien que pueda, porque sé que el aumento de la comunicación y el conocimiento harán que se realce mi respeto por ti.

Te quiero:
Lo que te suceda me interesa mucho. Me preocupa tu vida y tu crecimiento. Deseo fomentar tus intereses, incluso cuando para ello tenga que sacrificar los míos propios.

Soy responsable de ti:
Te responderé, no por algún sentimiento de deber que me obligue, sino voluntariamente. Tus necesidades espirituales me harán orar por ti. Te protegeré; pero me cuidaré de no darte una protección excesiva. Te corregiré con amor; pero trataré de no reaccionar con excesiva fuerza. No me complaceré con tus flaquezas o debilidades y no guardaré recuerdo de ninguna de ellas. Por la gracia de Dios, seré paciente y no te fallaré (Véase 1 Corintios 13).

Sólo entendemos el amor de Dios al responder a él en Cristo. El momento más importante en la vida de cualquier individuo es el de la decisión de aceptar ese amor no merecido ni ganado mediante el cual aprendemos a amar a Dios y a compartir ese amor con otros.

“…Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros…” (1 Juan 4:8-10)

Estrategia de a esoramiento:
Para el no cristiano:
Si el interlocutor no ha experimentado nunca el amor perdonador de Dios, explíquenle las Cuatro leyes espirituales y como obtener la paz con Dios, haciendo hincapié en Juan 3:16.

Para el cristiano:
1. Si su interlocutor es un cristiano que expresa el deseo de amar más a Dios, denle ánimos. Ese es también el objetivo más elevado que tiene Dios para todos nosotros. “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22:37)
A. Debemos amarle, porque El nos amó primero (Véase Juan 4:10).
B. Debemos amarle, “Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). “Mas el fruto del espíritu es amor” (Galatas 5:22)
C. Debemos amarle por medio de la obediencia. “Respondió Jesús y le dijo: El que ama, mi palabra la guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:23-24)
D. Demostramos nuestro amor por medio de nuestra devoción al Señor. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8)
1. Lo buscamos por medio de Su palabra: “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1:2)
2. Lo buscamos por medio de la oración: “Entonces me invocaréis y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré, y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová…” (Jeremías 29:12-14)
3. Tratamos de servirle: “Creciendo en la obra del Señor siempre sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58) “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra oba y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6:10)
El amor ágape es la mejor motivación para participar activamente en el evangelismo y las misiones. Compartimos el amor del Señor con un mundo perdido.
2. Si el interlocutor es cristiano y tiene dificultades para amar a alguno de sus hermanos en el señor, señálenle que sólo comenzamos a entender el amor de Dios cuando nos ofrecemos amor unos a otros.
A. El amar a nuestros hermanos en Cristo es un mandato del Señor. "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:10)
B. Dios ha hecho posible para nosotros el demostrar amor sin tomar en consideración al objeto. “…Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).
C. Señalen que el amor no se demuestra automáticamente; se trata de una conducta aprendida y practicada. Cuanto más amamos y con mayor profundidad, tanto más se perfecciona el amor en nosotros.
1. El orar por otros estimula un amor más profundo hacia ellos.
2. Los actos de bondad, servicio y sacrificio le dan al amor su dimensión dinámica. “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:10). “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:4-8).

Citas Bíblicas:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16)

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5

“Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1)

“Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:12)

“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:9-10)

“Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13)

Intenciones de divorcio

El divorcio, la disolución legal del matrimonio, es un alejamiento de lo que Dios desea y las Escrituras no lo respaldan, excepto en condiciones limitadas. El divorcio es el resultado del pecado en la vida de uno o el otro de los cónyuges, o bien, de los dos. Los más frecuente es que ambos tengan parte de culpa. El egoísmo y el falso orgullo contribuyen a menudo a que se establezcan las condiciones que llevan al divorcio.

Con frecuencia, el divorcio es el resultado de mentalidades inflexibles. “El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así” (Mateo 19:8) Ese no era el propósito original de Dios para el matrimonio.

Ninguna manipulación ni razonamiento de las Escrituras puede hacer que el divorcio sea aprobado. La Biblia declara:
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24)
El apóstol Pablo escribió: “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido… y que el marido no abandone a su mujer”. (1 Corintios 7:10)
“¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el divorcio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos” (Malaquías 2:15-16)

Condiciones limitadas en las que se puede admitir el divorcio:
1. Cuando uno de los cónyuges sea culpable de inmoralidad sexual, como lo son el adulterio y la homosexualidad, y no tenga intenciones de arrepentirse, buscar el perdón de Dios, abandonar su pecado y ser fiel a su cónyuge (Véase Mateo 19:9)
2. Cuando uno de los cónyuges abandone al otro, sobre todo cuando un esposo incrédulo abandone a su cónyuge cristiano. (Véase 1 Corintios 7:15)
Si alguien se casó y se divorció antes de aceptar a Cristo, deberá seguir adelante en su situación actual. Si se ha vuelto a casar, deberá esforzarse en lograr lo que su segundo matrimonio sea un éxito. El abandonar a su segundo cónyuge para volver con el primero sería malo. Dos males nunca constituyen un bien.
El tener un cónyuge incrédulo no es motivo de divorcio. Por el contrario se anima al esposa o la esposa cristiana que “viva en paz” con el cónyuge inconverso, con la finalidad de conquistarlo para la fe en Cristo. (Véase 1 Corintios 7:12-16)
Cuente el costo de esos actos:
1. ¿Es desagradable para Dios? (Véase Malaquías 2:15-16)
2. ¿Podría trastornar esto la continuidad de la vida, afectando adversamente a otras personas, tales como hijos, padres o miembros de familias extendidas?
3. ¿Resolverá esto varios problemas o creará toda una gama de otros nuevos? El divorcio es una experiencia emocionalmente traumática.

Agoten todas las opciones en la búsqueda de soluciones:
1. Traten de resolver las cosas a nivel persona, con toda humildad y espíritu de perdón (Véase Mateo 18:21-22)
2. Sométase al asesoramiento de un consejero matrimonial cristiano o un pastor competente.
3. En caso necesario, experimente una separación de prueba, mientras busca una solución redentora. En caso de malos tratos físicos o psicológicos, homosexualidad, ebriedad, drogadicción, etc., puede ser aconsejable una separación.

Estrategia de asesoramiento
1. Demuestren tener una actitud cariñosa y llena de interés. Tranquilicen a su interlocutor, diciéndole que se alegran de poder hablar con él y ayudarle a buscar una solución. Quieren ser sus amigos y compartir con él todos los discernimientos que tengan.
2. Escuchen con atención, permitiéndole contar su historia y ventilar sus sentimientos hasta que consideren que entienden bien la situación.
3. Eviten actuar como jueves y jurados. Permanezcan neutrales. Su finalidad deberá ser la de presentar un punto de vista bíblico y desafiar a su interlocutor para que tome su propia decisión, sabiendo que deberá vivir con ella todo el resto de su vida. Recuerden el ejemplo de Jesús. Trató amablemente a la mujer junto al pozo, a pesar de que sabía que había tenido cinco maridos y estaba viviendo con un hombre no casado con ella. Se reveló a ella como el Salvador y le ofreció “agua viva” (Véase Juan 4:9-42).
4. Dígale a su interlocutor que para poder esperar recibir la ayuda de Dios, deberá entregarle su vida a Cristo, cueste lo que cueste. Y esa entrega deberá ser permanente, sea cual sea el resultado de su dilema actual. Pregúntenle si ha recibido alguna vez a Cristo como su Señor y Salvador personal. Si es apropiado, compartan con esa persona las Cuatro leyes espirituales.
5. Después de recibir a Cristo, tendrá derecho a esperar la ayuda del Señor. La persona tendrá ahora una nueva dimensión en su vida y una nueva perspectiva que le será útil para obtener soluciones. Puede confiar en los recursos y discernimientos que se encuentran en la Palabra de Dios, que deberá comenzar a leer y estudiar. El interlocutor puede presentarle a Dios su vida y sus problemas en oración. El estudio de la Biblia y la oración le ayudarán a esa persona a realizar ajustes en su nueva personalidad y a buscar el avenimiento con su cónyuge, por medio del arrepentimiento y la confesión.
6. Anímenle para que agote todas sus opciones en la búsqueda de una solución bíblica.
7. Oren con esa persona para que Dios intervenga para hacer que su vida y su matrimonio se ajusten para estar de acuerdo con las Escrituras.
Si es cristianos, anímenle a que ponga su vida en orden sobre la base de la “Restauración”, haciendo hincapié en Juan 1:9 y Romanos 12:1-2.

Citas Bíblicas

“Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de l ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que, si se uniere a otro marido, no será adúltera”. (Romanos 7:2-3)

“El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová”. (Proverbios 18:22)

“El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo sino la mujer”. (1 Corintios 7:3-4)

“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”. (1 Pedro 3:7)

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros, este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. (Filipenses 2:3-5)

martes, 14 de octubre de 2008

El divorcio después de varios años de matrimonio

Es muy difícil describir el sentimiento de horros, dolor, asombro, vacío, ira, rechazo, aislamiento y pérdida de estimación propia de alguien abandonado o divorciado al cabo de muchos años de matrimonio. La persona se pregunta:

¿Es posible que algo así me esté sucediendo a mí? ¿Qué hubiera podido hacer diferente? Y la pregunta más importante es: ¿qué debo hacer ahora?

A pesar del trauma, se le debe ayudar a esa persona a que entienda que la vida sigue adelante. El hecho del divorcio se debe aceptar. Su interlocutor es ahora un soltero y debe afrontar su futuro como tal. Es inútil el seguir recurriendo al pasado, reviviéndolo. La realidad no cambiará debido a preguntas autotorturantes. Es muy posible que, de todos modos, no pudiera hacer absolutamente nada para salvar su matrimonio.

Una persona emocionalmente sana seguirá adelante y se desarrollará a partir del presente. El apóstol Pablo da el ejemplo: “…olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante…” (Filipenses 3:13). Esa persona deberá considerar que su situación es de transición, como una época apropiada para realizar ajustes, ampliar su personalidad mediante la lectura, la reflexión y el establecimiento o reforzamiento de amistades que le sirvan para desarrollarse y crecer.

Si esa persona necesita asesoramiento profesional durante la transición, deberá buscar un pastor competente, o bien, un psicólogo o psiquiatra cristiano que pueda abordar el problema a la luz de las Escrituras.

Estrategia de asesoramiento:
1. Animen a su interlocutor, rodeándolo de afecto y comprensión. Su dolor, sus sentimientos de vacío y rechazo, pueden ser muy profundos.
2. Traten de saber escuchar, tratando de entender el cuadro completo antes de ofrecer ninguna solución. Algunas veces damos consejos con excesivo apresuramiento, cuando sería mucho más apropiado hacer alguna pregunta para estimular la conversación.
3. Cuando consideren que comprenden bien la situación, animen a esa persona con los versículos bíblicos que aparecen al final de esta sección. Hagan hincapié en que Dios le ama y se preocupa por lo que le está sucediendo. Jesús sabe lo que es la tristeza y la aflicción. “(Fue) Despreciado y desechado entre los hombres” (Isaías 53:3) Pregúntele a su interlocutor si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su único Señor y Salvador. Háblele de las Cuatro leyes espirituales.
4. Recomiéndele que lea y estudie la Biblia. Esto le dará a su interlocutor una buena perspectiva y discernimientos adecuados para ajustarse a un nuevo modo de vivir, así como también para que crezca en el Señor.
5. Aconséjenle a esa persona que ore todos los días. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7)
6. Recomiéndenle que se identifique con una iglesia en la que se enseñen las doctrinas bíblicas. Con frecuencia, se pueden encontrar un grupo de cristianos solteros que proporcionará oportunidades para compartir experiencias, crecer y servir.
7. Oren con su interlocutor, pidiendo la ayuda del Señor en estos momentos difíciles de transición y comienzo de una nueva vida.

Citas Bíblicas
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. (Jeremías 29:11)

“Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo” (Salmo 139:17-18)

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. (Salmo 16:11)

“Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado”. (Isaías 50:7)

Salmo 16:8
Salmo 18:2