viernes, 25 de marzo de 2011

La paciencia


La paciencia es una cualidad admirable en la vida que pocas personas parecen poseer, incluso los cristianos. Según la palabra de Dios, nuestra vida se debe caracterizar por la paciencia, porque es importante para desarrollar el carácter maduro y estable que el Señor desea que se produzca en Su pueblo. “El amor es sufrido, es benigno… no se irrita” (1 Corintios 13:4,5)

La paciencia es la capacidad de absorber problemas y tensiones sin quejarse, y no verse afectado por los obstáculos, los retrasos y los fracasos. Dios permite que tengamos dificultades, inconvenientes, pruebas e incluso sufrimientos, con un fin específico: nos ayudan a desarrollar la actitud apropiada para que crezca nuestra paciencia. Cuando el cristiano ve que esas pruebas se resuelven en su provecho, permitiéndole alcanzar resultados convenientes y de refuerzo para su carácter, se prepara el escenario para el desarrollo de un espíritu paciente. A continuación, el Espíritu Santo de Dios podrá desarrollar el fruto de la paciencia en su vida. “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia…” (Gálatas 5:22).

Nota: Sobre la falta de paciencia que caracteriza a nuestra generación, Billy Graham comentó lo que sigue: “esta es una época altiva, neurótica y llena de impaciencia. Nos apresuramos cuando no hay necesidad –sólo por apresurarnos. Esta época acelerada ha producido más problemas y menos moralidad que las generaciones anteriores, y nos ha provocado males nerviosos. La impaciencia ha producido una secuela de hogares destruidos, úlceras, etc., y ha preparándola escena para más guerras mundiales”.

Un poco de introspección y análisis de la impaciencia por nuestra parte puede ser conveniente y útil. ¿Qué me hace ser impaciente?

· ¿Soy inmaduro? ¿Soy quisquilloso?

“Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y el mal” (Hebreos 5:14).

· ¿Soy egoísta, legalista o exigente? ¿Soy capaz de dejar margen para las equivocaciones y las imperfecciones de los demás, recordando que Dios está actuando también sobre ellos?

“… Que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14-15).

· ¿Me irrito con facilidad “porque alguien se está saliendo con la suya”?

“No te impacientes a causa de los malignos” (Salmo 37:1)

· ¿Soy envidioso o celoso?

“Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados” (Santiago 5:8-9)

· ¿Soy materialista? ¿Estoy dominado por el espíritu de este mundo?

Sí, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba…” (Colosenses 3:1)

· ¿He superado realmente la “mentalidad secular”?

“… pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11).

· ¿Estoy siendo insensible a los esfuerzos de Dios para ocuparse de mí, permitiendo que sufra circunstancias adversas, irritaciones y tensiones, con el fin de que, por medio de Su gracia, aprenda a trascender el yo y a crecer en amor y estatura espiritual?

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4).

Estrategia de asesoramiento:

1. Con tacto, pregúntenle a su interlocutor si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador. Explíquenle las “Cuatro leyes espirituales”.

2. Traten la impaciencia como sigue:

A. Inviten a su interlocutor a que admita que tiene un problema. La impaciencia es un pecado y se debe superar.

B. Anímenle a identificar las áreas de su impaciencia y las circunstancias que provocan respuestas negativas.

C. Anímenle para que ore todos los días respecto a sus circunstancias.

1. Que confiese su impaciencia como pecado, pidiéndole perdón a Dios (1 Juan 1:9).

2. Pídanle a Dios que haga que esa persona sea sensible a esta esfera de fracaso y que le ayuda a controlarla.

D. Resuelvan esforzarse para superar el problema.

1. Puesto que las personas impacientes parecen estar dominadas por una actitud mental que les hace responder negativamente a las irritaciones, las tensiones y las provocaciones, el interlocutor debe estar dispuesto a permitirle a Dios actuar en él para que le dé paciencia.

Esa persona debe tomar la resolución de “llevar todos sus pensamientos cautivos a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5) y hacer un pacto con Dios para convertirse en “triunfador”.

2. Puesto que la impaciencia es una característica de la “naturaleza vieja” o “adánica” (Colosenses 3:9-10), se debe poner en práctica el principio de “despojo” y “revestimiento”. La impaciencia es una respuesta que debemos “desaprender”. Pablo dice: “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente y que me lleva cautivo a la ley del pecado… ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:23-25).

Así pues:

o Debo renunciar a mi impaciencia, “Despojarme” de ella.

o Me debo rendir un poco más cada día, al pedir el poder de Dios con fe, “despojo” + “revestimiento” (2 Timoteo 1:7, Gálatas 2:20).

o Luego, proclamaré la victoria del Señor, Su amor y Su paciencia, como frutos del Espíritu Santo, “revestimiento” (1 Corintios 13:4; Gálatas 5:22)

E. Recomiéndenle al interlocutor que le dé sus respuestas y lleve cuenta sus triunfos y derrotas.

F. Anímenle para que desarrolle la disciplina de lectura y estudio diario de la Biblia, el aprendizaje de memoria de versículos de las Escrituras y la oración.

G. Invítenle a que pueda asistir fielmente al CCLT, y allí haga compañerismo cristiano, que tengas, quizás, ideas similares a la suya, con el fin de tener oportunidad para estudiar la Palabra de Dios, y de esta forma puedan ayudarse mutuamente.

Citas bíblicas:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor” (1 Corintios 13:4,5).

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. (Gálatas 5:22-23).

“…sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza…” (Romanos 5:3-5).

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

“Por tanto hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta” (Santiago 5:7-8).

“Guarda silencio ante Jehová y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades” (Salmo 37:7)

Colosenses 3:9-10

2 Pedro 1:5-9.

lunes, 7 de marzo de 2011

El infierno


Hay tres palabras griegas que se traducen como infierno en la Biblia en español:

Tartaros se encuentra una sola vez en las Escrituras. “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándoles al infierno los entregó a prisiones de obscuridad, para ser reservados al juicio…” (2 Pedro 2:4). Los ángeles que se mencionan aquí son los “que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada” (en rebelión) (Judas 6). Así pues, Tartaros (el infierno), es un lugar de confinamiento para los ángeles rebeldes hasta el momento de su juicio.

Hades se encuentra diez veces en el Nuevo Testamento: (Mateo 11:23; 16:18; Lucas 10:15; 16:23;hechos 2:17-31; Apocalipsis 1:18; 6:8; 20:13-14).

No es el destino final de quienes mueren habiendo rechazado a Cristo, sino un lugar de tormento hasta que resuciten para presentarse al juicio ante el gran trono blanco (véase Apocalipsis 20:13-15). El sufrimiento, aunque real, no es físico. El Hades es también un lugar de separación de Dios y del que no es posible escapar. “…Una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar para acá” (Lucas 16:26). Nota: el lugar imaginario de sufrimiento correctivo (el purgatorio) no tiene base bíblica en absoluto.

Gehena o Gehenna se traduce doce veces como infierno (Mateo 5:22,29,30; 10:28; 18:9; Marcos 9:43,45,47; Lucas 12:5; Santiago 3:6). Once de esas doce citas son de palabras pronunciadas por el mismo Jesús.

La gehena se refiere al valle de Hinón, un lugar en el que solían sacrificar antiguamente niños al dios Moloc (2 Crónicas 33:1-6). Situado fuera del muro meridional de Jerusalén, era un lugar cómodo para que los residentes arrojaran su basura. Incluso se tiraban en ese lugar cadáveres de animales y criminales. Este “basurero” de la ciudad era un lugar de descomposición y fuego continuo (Marcos 9:44), y lo utilizó Jesús para darnos enseñanzas sobre la residencia final de quienes lo rechacen como Salvador.

La gehena se menciona también como lago de fuego. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15). No habrá apelación después de que se pronuncie la sentencia en el juicio ante el gran trono blanco. Todos los que hayan rechazado a Cristo estarán presentes. “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos… Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:13-15).

Nota: Billy Graham escribió: “Por tremendo y literal que pueda ser o no ser el fuego del infierno, la sed de un alma perdida por el Agua de Vida será más dolorosa que el fuego de perdición. El infierno es esencial y básicamente la exclusión de la presencia de Dios por el rechazo deliberado de Jesucristo como Señor y Salvador”.

Estrategia de asesoramiento:

1. Si el interlocutor teme al infierno y la posibilidad de ir a él, anímenle para que tenga la seguridad de su salvación eterna. Explíquenle las Cuatro leyes espirituales. En Cristo, no necesita temerle al infierno. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

2. Si el interlocutor niega la existencia del infierno, compartan con él los temas que aquí se exponen.

3. Si su interlocutor acusa a Dios de ser injusto al condenar a las personas al infierno, indíquenle que “el fuego eterno”, según lo que dice en Mateo 25:41, fue preparado para el diablo y sus ángeles, no para la humanidad. Si una persona va al infierno, será por su pecado voluntario al rechazar a Jesucristo como Señor y Salvador (véase Juan 3:16-18 y Juan 5:24).

Indíquenle que Dios le perdonará y salvará si recibe a Jesucristo. Compartan las Cuatro leyes espirituales.

4. Si el interlocutor acusa a Dios de ser injusto por condenar a los que nunca tuvieron la oportunidad de escuchar el evangelio, recuérdenle que Dios no condena a nadie al infierno (véase lo anterior).

¡En el caso de quienes nunca han oído el mensaje del evangelio, debemos confiar en la justicia de Dios! Podemos estar seguros de que será justo y misericordioso. Hay recompensas que se darán, en distintos niveles, en el juicio presidido por Cristo. Podemos suponer también que habrá distintos niveles de responsabilidad para quienes se hayan visto privados del evangelio.

Citas bíblicas:

“Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy” (Mateo 11:23)

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18)

“Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida”. (Lucas 10:15)

“Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, suelto los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia. Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono.Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción" (Hechos 2:17-31)

"Pero os enseñaré a quién debéis temer. Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar al infierno, si os digo, a éste temed" (Lucas 12:5)

jueves, 10 de febrero de 2011

La Biblia




Algunos cristianos mal informados, o que tienen dudas sinceras, ponen en tela de juicio la autoridad de la Biblia. Podemos tener que enfrentarnos a personas que sostienen que la Biblia es una colección de mitos e inexactitudes. Hay tres cosas que caracterizan a casi todos aquellos a los que les resulta difícil aceptar la autoridad de las Escrituras.


· Es raro que se molesten en leer la Biblia.

· Abordan la Biblia con muchos prejuicios aprendidos de los críticos de las Escrituras y sus escritos.

· No conocen al “Autor”.

Sin embargo, ¿podemos confiar en la Biblia? ¡Sí!

Nota: Billy Graham dijo: “Hace mucho tiempo decidí aceptar la Biblia por fe. Esto no debería resultarle a nadie muy difícil. La mayoría de nosotros no entendemos la fisión nuclear; pero la aceptamos. Por mi parte, no comprendo la televisión, pero la acepto. No entiendo la radio; pero todas las semanas mi voz recorre el mundo y la acepto. ¿Por qué es tan fácil aceptar todos estos milagros realizados por el hombre y tan difícil aceptar los milagros de la Biblia?”

¿En qué autoridad nos basamos para creer en la Biblia?

1. La Biblia misma sostiene que es la Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).

“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21)

2. Jesús y los apóstoles confirmaron su autenticidad, citando sus pasajes continuamente en sus escritos y ministerios. Por ejemplo, tenemos la confirmación de Jesús: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18) Asimismo, Pedro citó las palabras de David para substanciar la resurrección de Jesucristo (véase Hechos 2:29-36).

3. La iglesia histórica ha reconocido y utilizado siempre la Biblia como la palabra inspirada por Dios sobre Sí mismo y Su voluntad. Hay citas de los primeros cristianos que se remontan hasta el final del primer siglo de nuestra era. La Biblia ha sido siempre la regla definitiva de fe y práctica para la verdadera iglesia.

4. La historia y arqueología se combinan para confirmar la autenticidad de la Biblia. Las crónicas históricas son evidentes e indiscutibles. Muchos de los lugares que se mencionan en la Biblia se pueden identificar con facilidad, incluso en la actualidad. Centenares de sitios arqueológicos han permitido obtener pruebas abundantes que confirman la tesis cristiana de que se debe confiar en la Biblia. También se han preservado hasta nuestros días manuscritos antiguos de la Biblia y podemos mencionar tres de ellos:

Los Rollos del Mar Muerto contienen ya sea fragmentos o el texto completo de todos los libros del Antiguo Testamento, con excepción del de Ester. Algunos de esos textos se remontan a dos o tres siglos antes de Cristo.

El Códice Sinaítico, descubierto en el antiguo monasterio situado al pie del Monte Sinaí, se remonta a los primeros siglos de la era cristiana.

Muchos de estos y otros documentos se encuentran disponibles para examen.

5. El cumplimiento de las profecías es un buen testimonio de la exactitud de la Biblia. Unos cuantos ejemplos tomados de la vida de Jesús servirán para ilustrar este punto:

Nacería en Belén: Miqueas 5:2 y Lucas 2:4-7.

Llevaría una vida sin pecado: Isaías 53:9 y 2 Corintio 5:21.

Lo matarían (crucificarían): Isaías 53:5-7 y Mateo 27:35.

Clamaría desde la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?: Salmo 22:1 y Mateo 27:46.

6. La notable unidad y la coherencia de la Biblia confirman su autenticidad. Revela un solo autor –el Espíritu Santo- tras la diversidad de sus autores humanos. No es simplemente un conjunto de personajes, lugares y fechas. Posee una continuidad asombrosa, puesto que los hechos como el mensaje de la Biblia están recíprocamente relacionados, en formas estrechas y asombrosas, para revelar al Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo y Su obra de redención y restauración del género humano. ¡Es un libro con un tema: Jesucristo!

7. La Biblia se confirma por su poder para transformar vidas. Su mensaje surgió con poder en la escena humana, en la época neotestamentaria, para trastornar “el mundo entero” (Hechos 17:6). Hay poder en el mensaje de la Palabra de Dios. Desde la época del Apóstol Pablo hasta nuestros días, el poder del evangelio ha transformado muchas vidas. Sólo los países afectados por el mensaje evangélico de la Biblia han conocido una elevación de sus sociedades: los derechos humanos, el trato que se les da a los niños y las mujeres, los avances médicos, la libertad de la esclavitud, etc. La Biblia es el único libro que proporciona respuestas para las preguntas cruciales de los seres humanos: ¿Quién soy? ¿De dónde procedo? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy? ¿Cuál es la finalidad de la existencia?

Estrategia de asesoramiento:

¡No inicien discusiones nunca! Si su interlocutor es lo bastante flexible como para escucharles, preséntenle una cantidad tan grande de lo que aquí se ha escrito como sea posible.

1. La aceptación de la Biblia por una persona se relaciona directamente con su disposición para aceptar a su autor. En algún momento apropiado, durante la conversación, pregúntenle a su interlocutor si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador. Háblenle de las Cuatro leyes espirituales.

2. Aconséjenle que obtenga una traducción reciente de la Biblia para su lectura y estudio. El abordar el estudio de la Biblia con la mente dispuesta y pidiéndole a Dios que se revele a Sí mismo, Su voluntad y Sus propósitos, deberá proporcionar una experiencia muy valiosa.

3. Invítenlo al CCLT, donde se enseña la Palabra de Dios, que pueda formar parte de nuestro maravilloso grupo de adoración o pueda incorporarse al servicio dentro de cualquier ministerio, incorporarse a una célula y conozca a otros cristianos, desarrollando de esta manera compañerismo y amistad cristiana.

4. Oren con esa persona, pidiendo que tenga iluminación espiritual, fe y plenitud en su vida mediante el poder de la palabra de Dios. “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32).

Recomendaciones adicionales:

1. Si su interlocutor admite no haber leído mucho la Biblia, anímenle a que comience a hacerlo cuanto antes. Deberá seguir los mismos métodos que emplearía en cualquier experimento: abordar las Escrituras imparcialmente y darles una oportunidad en sus pensamientos. Recomiéndenle que comience con el evangelio de Lucas, luego con el Libro de los Hechos y, a continuación, en cualquier otro lugar de la Biblia.

2. Respuestas a posibles preguntas que se puedan presentar:

A. La Biblia dice que el hombre ha estado en la tierra durante sólo unos 6.000 años.

Respuesta: La Biblia no dice en ninguna parte que el hombre haya estado en la tierra sólo 6.000 años. Este concepto falso se debe probablemente a la cronología del Obispo Ussher, desarrollada en el siglo XVII. La Biblia no dice que la antigüedad del hombre sea de 6.000, 60.000 ni 600.000 años. Lo que dice es: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

B. La Biblia está llena de inexactitudes.

Para poner a prueba los conocimientos de su interlocutor, pregúntenle: ¿Qué inexactitudes? En caso de que responda mencionando la creación, el arca de Noé, el día largo de Josué, el pez de Jonás, el nacimiento virginal, etc., díganle que no podemos explicar esas cosas, aunque creemos que son históricas. No necesitamos defender esos conceptos. Dios habló. ¡La Biblia exige fe! Citen a Billy Graham del comienzo de este tema. Pablo, el apóstol, dijo, al escribir respecto a quienes tienen dificultades con las Escrituras: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (sólo se pueden por medio del Espíritu Santo) (1 Corintios 2:14).

C. Me resulta difícil creer en la Biblia o no la entiendo.

Respuesta: Recomiéndenle que adquiera una traducción moderna de la Biblia y que vuelva a intentarlo. Citen a Mark Twain, que escribió: “Lo que me inquieta no son las cosas de la Biblia que no comprendo, sino las que entiendo”.

Si el interlocutor parece sincero en sus dudas, recomiéndenle que recite la oración que sugiere John Stott en su libro “Basic Christianity”: Dios, si existes (y no sé si existes o no) y si puedes oír esta oración (y tampoco sé si puedes hacerlo), quiero decirte que estoy buscando sinceramente la verdad. Muéstrame si Jesús es verdaderamente Tu Hijo y el Salvador del mundo. Y si logras convencerme en mi mente, confiaré en El como mi Salvador y lo seguiré como mi Señor”.

Quizá le resulte conveniente utilizar el método de D.L. Moody para abordar el estudio de la Biblia:

“Oré pidiendo fe y creí que algún día la fe descendería sobre mí y me golpearía como un rayo. ¡Sin embargo, la fe no llegaba! Un día estaba leyendo el capítulo 10 de Romanos: “Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Había cerrado mi Biblia y pedido fe. Entonces, abrí mi Biblia, comencé a estudiarla y la fe ha ido creciendo en mí desde entonces”.

Citas bíblicas:

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos ylas intenciones del corazón”. (Hebreos 4:12)ón”. (Hebreos 4:12)

Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como la palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13).

Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. (Romanos 15:4).

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”. (Apocalipsis 1:3).

Testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:4).

2 Timoteo 3:16-17

2 Pedro 1:20-21

Hechos 20:32.

jueves, 20 de enero de 2011

El hogar, conflictos entre padres y adolescentes


En nuestra época electrónica de avances rápidos, los niños crecen con mayor rapidez y desean liberarse a una edad más temprana que la que tenían sus padres cuando se independizaron. A los padres les resulta con frecuencia muy difícil mantenerse al paso de los cambios relampagueantes que se producen en sus hijos. Como resultado de ello, se generan conflictos.

Parece que un día un niño está en brazos de sus padres y, al siguiente, asiste ya a la escuela, lleva amigos a casa, ayuda en tareas pequeñas del hogar, comienza a practicar algún deporte o entra a formar parte de los Niños Exploradores o Scouts, en general, un buen muchacho. Luego, de pronto, todo parece desplomarse. Comienza a hacerse respondón, a discutir y violar las reglas y, algunas veces, a volverse hosco y poco comunicativo. Han llegado los años de la adolescencia, tomando a sus padres completamente desprevenidos.

Puede haber muchos tipos de conflictos: sus amigos (muchos de los cuales nos desagradan) su aspecto personal, sus salidas con adolescentes del sexo opuesto, las tareas en la casa, el dinero para gastos que se les da, el automóvil de la familia, la escuela y las tareas escolares, y la disciplina, entre otras muchas cosas.

Se presenta también una barrera que impide las comunicaciones. A los padres les resulta muy difícil analizar las cosas con sus hijos. Retrasan las explicaciones de cambios físicos y mentales cruciales, sobre todo en los campos del sexo y la reproducción. Los padres aprietan los controles y los adolescentes se esfuerzan todavía más por obtener la independencia. El abismo que los separa se hace más profundo, se transforman en antagonistas, y la batalla prosigue.

Nota: Billy Graham escribió: “La rebelión, la indocilidad, la falta de disciplina, las confusiones y los conflictos impiden que haya relaciones agradables en el hogar. Sin embargo, a Dios le interesan su familia, su matrimonio y sus hijos. El Señor nos muestra los ideales y las metas para la familia y quiere ayudarnos… ¿Ha buscado alguna vez la voluntad de Dios? ¿Ha caído alguna vez de rodillas para confiarle al Señor sus hijos? ¿Los reúne a todos en servicios devocionales familiares? La solución está en la entrega de su corazón y su vida a Jesucristo, para que todos los miembros de su familia conozcan al Señor y vivan según la palabra de Dios”.

Estrategia de asesoramiento:

Al dar consejos a padres que están en conflicto con sus hijos, anímenlos a que pongan su vida en orden en lo que se refiere a lo espiritual.

1. Explíquenles que para poder tener paz divina en sus hogares, primeramente deben estar en paz con Dios en su propio corazón. Y esto se obtiene mediante una relación personal con Jesucristo. Compartan con esas personas Las Cuatro leyes espirituales.

2. Animen a los padres a que adopten una posición firme por Cristo, en el espíritu de Josué, que dijo: “Escogeos hoy a quien sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15) Deberán tomar la determinación de que en su casa se alabe a Cristo.

3. Aconséjenles que aprendan a depender de los recursos de Dios, que se pueden obtener por medio de la oración. Deberán pedirle a Dios la sabiduría que promete (Santiago 1:5) y obtener Su ayuda para que sus hijos puedan tener el desarrollo espiritual apropiado (véase Filipenses 4:6). Deben aprender a orar con sus hijos y no sólo por ellos.

4. Inviten a los padres a que edifiquen la vida de la familia en torno a la palabra de Dios, ayudando a todos sus miembros a entender todos los aspectos de la vida desde el punto de vista bíblico. Anímenles a que:

A. Busquen mutuamente su conversión a Cristo.

B. Centren en gran parte las actividades de la familia en el CCLT donde enseñamos la Biblia.

C. Estén dispuestos a abordar pacientemente las dudas espirituales que puedan tener sus hijos.

5. Los padres deberán establecer en su hogar reglas equitativas, razonables y “obedecibles”. El respeto se aprende como respuesta a la autoridad. Sean tan flexibles como puedan en lo que se refiere a la identidad, la independencia y el amor propio. Los adolescentes necesitan mucho respaldo y aliento. Los conflictos no se resuelven nunca mediante disputas y peleas.

6. La estabilidad y el ejemplo de los padres influyen mucho en los hijos. Un matrimonio bueno y lleno de felicidad contribuirá más a preparar a los hijos para la vida que todas las reglas y supervisión. Una demostración constante de virtudes cristianas tales como amor, paciencia, comprensión, ánimo y confianza proporcionarán el anclaje que necesitan los adolescentes en esta época cambiante y llena de tensiones. Las creencias de los padres nunca deberán estar separadas de la experiencia y la práctica, sobre todo en el hogar.

7. Las comunicaciones cercanas con los adolescentes contribuirán mucho a que se eviten los conflictos. Esto no sólo se refiere a las conversaciones serias, sino también a pasar mucho tiempo útil con ellos. Esta atención personal contribuirá a la creación de una autoimagen positiva y a reforzar la solidaridad. No teman demostrar el afecto en forma física. Un abrazo paterno o un beso materno contribuirán a hacer que un hijo se sienta aceptado y amado.


Citas bíblicas:

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6)

“Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses 3:21)

“Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre” (Deuteronomio 12:28).

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:1-4)

“Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él” (Proverbios 20:7)

viernes, 14 de enero de 2011

El hogar, ¿Cómo ganar a los padres para Cristo?

Pablo, al escribirle a Timoteo, le aconsejó lo que sigue: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:12-16).

Aunque este consejo se dio hace cerca de 2.000 años, es todavía para los jóvenes que hayan recibido a Cristo y estén profundamente preocupados por el bienestar espiritual de sus padres.

Recientemente, un pastor dijo que cuando un adolescente se convierte y desea aprender a dar testimonio, le aconseja que se vaya a casa, recoja su habitación, haga su cama, preste atención a sus padres, sonría, escuche a otras personas y que espere hasta que sus padres le pregunten qué le ha sucedido, antes de decirles que Cristo ha cambiado su vida.

Nota: Los adolescentes cristianos no son los únicos que tienen padres no saldos. Algunos adultos cristianos tienen también padres inconversos y algunos de ellos están ya envejeciendo.

Billy Graham, ofrece este consejo: “Ante todo, le aconsejo que tenga paciencia con sus padres. Querrán estar seguros de que su experiencia con Cristo no es sólo un capricho pasajero. En segundo lugar, permítale a Cristo poseerle de tal modo que puedan ver una diferencia en usted. En tercer lugar, ore por ellos. Puede parecerle que no le escuchan; pero oyen mucho más de lo que cree. Esto no sucederá en una semana, un mes o, incluso, un año; pero el Espíritu de Dios está activo siempre. Recuerde que la Biblia dice: “No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9)

Estrategia de asesoramiento:

1. 1. Felicite al joven que busque consejos para dar testimonio de Cristo. Estará dando pruebas de un interés espiritual por encima del promedio.

2. 2. Luego de leer lo que está arriba escrito, haga hincapié en lo que sigue:

A. En las Escrituras (1 Timoteo 4:12-16), la palabra clave es el ejemplo. En el hogar, esto se demuestra, sobre todo, mediante el respeto, la obediencia, y los actos de amor y bondad. Recuerden el antiguo refrán: “Lo que haces habla tan fuerte que no puedo oír lo que dices”.

B. Asegúrense de ser congruentes en su vida cristiana, sin estar entusiasmados un día y abatidos al siguiente.

3. 3. Anímenle para que preste una gran atención al desarrollo de su propia vida espiritual, leyendo y estudiando la palabra de Dios, mediante la oración (puede poner los nombres de sus padres para encabezar su lista de peticiones), siendo un buen estudiante en la escuela, y participando en actividades cristianas con otros jóvenes.

4. 4. Aconséjenle que ore pacientemente, pidiendo oportunidades para dar testimonio del Señor. Esto lo podrá hacer personalmente o invitando a su familia a algún servicio cristiano especial o a la iglesia.

5. 5. Oren con el joven para que el consejo que dio Pablo a Timoteo se haga realidad en su propia vida. Lo anterior puede no parecerle muy emocionante; pero la experiencia ha demostrado que es el mejor camino que seguir, si no el único.

Citas bíblicas:

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:12-16).

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego; con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7)

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. (Hechos 1:8).

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:13).

lunes, 9 de agosto de 2010

La muerte

La Biblia menciona la muerte cientos de veces. Se trata de un enemigo formidable: “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:26); pero se trata de un adversario vencido: “Sorbida es la muerte en victoria” (1 Corintios 15:54).

Jesucristo cambió el significado de la muerte y la Biblia respalda ampliamente esta premisa.

Al morir, el espíritu del cristiano creyente entra directamente a la presencia del Señor. La muerte física no es más que una transición de la vida en la tierra con Jesús a la vida en el cielo con Cristo. La muerte no altera la continuidad de la relación; sólo la enriquece.

“El estar con Cristo es mucho mejor” (Filipenses 1:23). El apóstol confirma que la transición es inmediata: “Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Corintios 5:8).

La Biblia enseña que, un día, los “muertos en Cristo” resucitarán y entonces recibiremos nuevos cuerpos. No sabemos exactamente qué o cómo serán esos nuevos cuerpos, aparte de que serán espirituales, permanentes y gloriosos.

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:49). “Pero sabemos que cuando él (Cristo) se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan3:2) (Véase también 1 Corintios 15:51-58).

Nota: Billy Graham escribió sobre “La resurrección que destruye la finalidad de la muerte, proporcionando una alternativa a la rigidez del polvo de la muerte y abriendo el camino a la nueva vida”.

En la segunda venida de nuestro Señor Jesús, los creyentes muertos resucitarán y se reunirán con El inmediatamente. “Los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

¡Tenemos esperanza más allá de la tumba! “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:19).La reunión de los creyentes vivos con los fallecidos, antes de la venida de nuestro Señor, se denomina nuestra bendita esperanza. (Véase Tito 2:13).

Así, el cristiano debe ser capaz de enfrentarse a la muerte en forma realista; pero vistoriosa. Aunque inevitable y con frecuencia inesperada, nunca debe tomarnos completamente desprevenidos. La muerte no tiene que ser nunca la “gran incógnita” que produce miedo, y terror; en lugar del momento en que ya no “veamos como expejo, obscuramente”, sino “cara a cara” (1 Corintios 13:12).

Estrategia de asesoramiento:

1. Si su interlocutor es cristiano, será preciso recordar que la muerte y el luto producen cambios y ajustes.

Traten de mostrarse comprensivos y atentos. “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18). Al compartir con esa persona las citas bíblicas que se mencionaron al comienzo de este tema, recomiéndenle que tome nota de ellas, que las examine después y, si es posible, que se las aprenda de memoria, para tener mayor fortaleza y consuelo. Sean sensibles para guiarle hacia una nueva entrega y una nueva devoción personal con Jesucristo. Denle las Cuatro leyes espirituales.

2. Si el interlocutor no es cristiano, recalquen que para estar preparada adecuadamente para la muerte, una persona debe tomar la decisión crucial respecto a la relación eterna durante esta vida.

Invítenle a que reciba a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Denle las “Cuatro leyes espirituales”.

3. Anímenlo para que lea y estudie la Biblia y para que cultive sus hábitos de oración.

4. Invítenle al CCLT, que pueda involucrarse en algún ministerio, y allí podrá obtener compañerismo, adorar al Señor, aprender de la Biblia. Esto también le ayudará a recibir seguridad respecto a la “bendita esperanza”.

Citas bíblicas:

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. (Salmo 23:4).

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. (Juan 14:1-3).

“Le dijo Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. (Juan 11:25).

“Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).

“Antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos la reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:9-10).

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya”. (Filipenses 3:20)

jueves, 15 de julio de 2010

Jesucristo

Se ha aclamado a Jesús como el principal líder religioso que ha existido, como la persona más influyente que ha vivido en este planeta, y como un hombre único, en el sentido de que nadie se puede comparar a Él.

Sin embargo, el considerar a Jesucristo simplemente sobre la base de Su vida ejemplar, y sus enseñanzas morales superiores no será suficiente para retirar las piedras de tropiezo en el camino cristiano, puestas por el mundo incrédulo. La verdadera prueba definitiva de lo que pensemos sobre El, debe girar en torno a quién dijo El que era, y qué realizó durante Su breve ministerio en este mundo. Debemos llegar a la conclusión de que no puede haber cristianismo sin Cristo; todo se centra en El.

El tema predominante de las Escrituras es la Persona y la obra de Jesucristo. Es Dios. Se hizo humano, murió crucificado y fue sepultado. Se levantó de los muertos y es el único y suficiente Salvador del mundo. Volverá otra vez a la tierra. Si se retira esto de las Escrituras, se les quitará todo su significado y su continuidad.

Jesucristo es Dios:

La divinidad es la única explicación posible de lo que era y lo que hizo.

1. Existía desde el principio con el Padre. “Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho” (Juan 1:2-3) (véase también Juan 17:5 y Colosenses 1:17).

2. El hijo de Dios.

A. Sus enemigos admitieron: “Decía que Dios era su propio padre, haciéndose igual a Dios" (Juan 5:18).

B. Pedro confesó: “Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:69).

Jesús afirmó: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30).

3. Era sin pecado, como sólo Dios puede serlo.

A. Jesús desafió a sus enemigos, diciendo: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46).

B. Pedro dio testimonio: “…porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1 Pedro 2:21-22).

C. Pablo afirmó: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. (2 Corintios 5:21).

4. Perdona los pecados, como sólo Dios puede hacerlo.

A. Los escribas dijeron: “¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Marcos 2:7).

B. Jesús dijo: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…” (Mateo 9:6) (véase también Juan 8:11).

C. Pedro escribió: “Quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

5. Realizó obras milagrosas.

A. Curó enfermos: Mateo 8:9-13; Lucas 4:31-34; 5:12-15; Juan 4:43 a 5:16, y muchas otras citas bíblicas.

B. Alimentó a los hambrientos: Juan 6; Marcos 8, etc.

C. Resucitó muertos: Lucas 7:11-18; Juan 11:1-46.

Jesucristo se hizo hombre:

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14) (Véase también Filipenses 2:7-8).

1. Su nacimiento milagroso se profetizó 800 años antes de que ocurriera. “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14).

2. La profecía se cumplió al pie de la letra. “María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús” (Lucas 1:30-31).

3. Jesús demostró tener características humanas. Se cansaba (Juan 4:6). Tuvo sed (Juan 19:38). Comía alimentos (Lucas 24:40-43). Demostró tener sentimientos. (Marcos 6:34). Lloró (Juan 11:35). Conoció la tentación (Hebreos 4:15). Y Murió (Juan 19:30).

Jesucristo realizó las obras de su Padre:

1. Murió en la cruz. Este es el tema fundamental del evangelio.

A. La realidad de Su muerte: la cuarta parte de los evangelios se dedica a Su pasión y resurrección.

1. Para eso vino al mundo (Juan 12:27).

2. Su muerte se profetizó cientos de años antes de que ocurriera (Isaías 53:3-8).

B. El significado de Su muerte.

1. Fue un rescate por el pecado (Mateo 20:28; Romanos 3:24; 1 Pedro 1:18).

2. Fue para pagar el castigo por el pecado (Romanos 3:24; 1 Juan 2:2; 4:10). El hombre es objeto de la ira de Dios debido a su rebelión y su pecado; pero el Señor tomó la iniciativa para satisfacer su ira, enviando a su propio Hijo al Calvario.

3. Es una reconciliación. La enemistad entre nosotros y Dios ha concluido (Romanos 5:10) y estamos reconciliados con Dios (2 Corintios 5:18-19).

4. Es una substitución. Murió en nuestro lugar (1 Pedro 3:18; 2 Corintios 5:21).

5. En resumen, se ha resuelto completamente el pecado (1 Pedro 2:24; Hebreos 9:26; Hebreos 10:12).

2. Resucitó de entre los muertos. Esto es extraordinario y fundamental para el cristianismo.

A. La realidad de la resurrección (Juan 20:1-10; 1 Corintios 15:4).

B. La credibilidad de la resurrección:

1. Jesús la predijo: Mateo 13:39-41; Lucas 24:1-7.

2. La tumba estaba vacía: Juan 20:11-13.

3. Muchos testigos lo vieron vivo: las mujeres (Lucas 23:55-56); María Magdalena (Juan 20:1, 11-18); Pedro y los otros discípulos (Juan 20:3-9, 19-20, 24-31; 21:1-14).

Los resultados de Su obra:

1. Ascendió con Su Padre (Lucas 24:49-53; Hechos 1:6-11).

2. Es nuestro mediador eterno (1 Timoteo 2:5; Hebreos 8:6, 1 Juan 2:1).

3. Es nuestro Salvador: “Y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). “A este, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hechos 5:31).

A. Es el único Salvador. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

B. Es un Salvador completo. “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hechos 7:25).

C. Es un Salvador personal. “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, será s salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10).

La consumación de Su obra:

1. Volverá otra vez a la tierra (Hechos 1:11; Hebreos 10:37; Juan 14:3).

2. Los creyentes en Cristo resucitarán corporalmente, para iniciar una vida nueva y eterna (1 Tesalonicenses 4:17-18; 1 Corintios 15:51-58).

3. Reinará como Rey de reyes y Señor de señores sobre Su nueva creación (2 Pedro 3:10-13; Apocalipsis 22:3-5).

Estrategia de asesoramiento:

La mejor respuesta que podemos darle a Jesucristo y su palabra es:

1. Recibirlo como Señor y Salvador. Pregúntenle a su interlocutor si ya ha hecho así. Explíquenle las Cuatro leyes espirituales.

2. Entronizarlo como Señor en nuestra vida. “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8). “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

3. Ser testigos suyos cuando nos lo exija. “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3). “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Citas bíblicas:

Su divinidad:

Juan 1:1-3; Juan 17:5; Juan 8:56-59; Juan 10:30-33; Colosenses 1:15-19; Colosenses 2:8-9; Filipenses 2:6-11; Apocalipsis 5:12-14.

Su humanidad:

Juan 1:14; Filipenses 2:5-8; Juan 10:30; 1 Juan 1:1-4; Lucas 1:30-33; Mateo 1:18; Hebreos 4:15; Marcos 6:34; Juan 11:35; Juan 19:28; Lucas 24:40-43.

Su muerte:

Mateo 27:32-56; Marcos 15:20-47; Lucas 23:26-49; Juan 19:1-42; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 1:18-19; 2:22-24; Isaías 53; 1 Juan 3:5-8; 1 Corintios 15:2-4.

Su resurrección:

Mateo 28; Marcos 15; Lucas 24; Juan 20-21; Hechos 2:24-36; 1 Corintios 15; Gálatas 2:20; Romanos 10:9-10; 1 Pedro 1:19-21; 1 Tesalonicenses 1:10.

Su segunda venida:

1 Tesalonicenses 4:13-18; 2 Tesalonicenses 2:1-11; 1 Corintios 15:51-57; Juan 14:1-6; Hechos 1:11; Mateo 24:30; Apocalipsis 1:7; Juan 21:23; Mateo 24:42-44; 1 Juan 3:2-3.