miércoles, 14 de septiembre de 2011

Reconsagración

El testigo cristiano puede tener el privilegio de orar con otro cristiano que desee reconsagrar su vida a Cristo. Esta reconsagración la busca casi siempre aquel que ha recibido a Jesús como su Salvador y Señor; pero que trata de encontrar una dimensión más profunda de comunión con él.


El deseo de reconsagrar la vida de la persona debe basarse en varias motivaciones:


· Una falta de satisfacción plena derivada de un sentimiento de que “debe de haber algo más en la vida cristiana de lo que he experimentado hasta ahora”.


· Una búsqueda de liberación del pecado y la culpa que se deben a que se ha descuidado el arrepentimiento y la confesión cotidiana de los pecados ante Dios para limpieza y renovación del creyente.


· Un deseo de conocer la voluntad de Dios para llevar una vida de servicio más ferviente.



Estrategia de asesoramiento:


1. Dejen que su interlocutor exprese con toda libertad y amplitud sus motivos para reconsagrar su vida. El testigo que tiene una vasta experiencia en lo tocante a la voluntad y los caminos de Dios podrá hacer preguntas pertinentes que le ayuden a enfocar la causa real.


2. ¡Felicítenlo! Nuestro deseo de consagrarlo todo a Dios le agrada y él lo recompensa. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. (Hebreos 11:6), “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones”. (Santiago 4:7-8)


3. Si el caso lo amerita, animen al interesado a confesar todos los pecados de que esté consciente y a confiar en que Dios lo purificará según se nos asegura en Hebreos 9: 14 “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” y 1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.


4. Inspírenlo a entregarse por completo a Dios en un acto de obediencia absoluta, basándose en Romanos 12:1-2 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” y Efesios 5:15 “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios”.


5. Impúlsenlo a que busque la plenitud del Espíritu Santo tomando como base Efesios 5:18 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. Y Efesios 3:16-19 “Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda plenitud de Dios”.


6. Aliéntenlo a prometerse con toda decisión leer diariamente la Biblia y comenzar a estudiar y memorizar los pasajes de un modo organizado y disciplinado. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. (Salmo 119:9,11) y “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16)


7. Hagan hincapié en que debe orar diariamente como se nos pide en 1 Tesalonicenses 5:17 “Orad sin cesar” y Efesios 6:18 “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.


8. Motívenlo a ser un testigo de su fe día tras día:


A. De hecho, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. (Efesios 2:10)


B. De palabra, “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16), “Asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado” (Filipenses 2:16).


9. Pídanle a la persona que ore haciendo su reconsagración a la luz de los pasajes anteriores. Luego, ore con ella para que su vida se convierta en un caminar diario con Cristo, lo que generará muchas oportunidades de servicio.



Citas bíblicas:


“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová”. (Josué 24:15)


“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Samuel 15:22)


“Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío” (Salmo 43:4)


“Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta” (Salmo 107:8-9)


“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33)


“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento” (Mateo 22:37-38)


“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5)


Filipenses 1:6 y 9:11


1 Tesalonicenses 5:23-24


1 Pedro 2:11-12.

Los enemigos

Un enemigo puede dar muestras de hostilidad o mala voluntad y tratar de causar daños, debido a una actitud antagónica o destructiva. Nadie está totalmente libre de los sufrimientos causados por las malas acciones de otros. En esos casos, podemos sentirnos impulsados a responder en la misma forma, a vengarnos, “ajustar las cuentas” o dar más de lo que se recibe, “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).


Sin embargo, la Palabra de Dios nos indica respecto a esas respuestas lo que sigue:


“Estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).


“No paguéis a nadie mal por mal” (Romanos 12:17).


“No os venguéis” (Romanos 12:19).


“Amad a vuestros enemigos.


Bendecid a los que os maldicen.


Haced bien a los que os aborrecen.


Orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44)


Hay actitudes y actos que tienden a crear enemigos o ensanchar todavía más las diferencias ya existentes.


1. Actos egoístas o falta de sensibilidad hacia los demás.


2. Falta de disposición, debido a la soberbia, para entender que podemos ser nosotros los “ofensores”, en logar de los “ofendidos”.


3. El hablar de las personas, en lugar de conversar con ellas, “menospreciando” o criticando sus actitudes y actos, en lugar de hablar directamente con ellos a ese respecto, con humildad. La propagación de nuestra propia versión de un relato sirve para polarizar una relación; los relatos suelen empeorar cuando los repiten otros. Esos actos son hipócritas.


4. El pasar por alto deliberadamente una situación, en lugar de orar por ella y hacer algo para corregirla. El no prestarle atención a alguien no servirá para que disminuyan las tensiones.


5. El rechazar nuestras responsabilidades, soportando una situación en forma pasiva, en lugar de tomar la iniciativa.


6. Ocultarse tras una máscara de “indignación justificada”.


7. El creer que somos moralmente superiores porque hemos descubierto algo que nos sirve para condenar a otros.


8. El no darnos cuenta de que, con frecuencia, es más difícil perdonar a las personas a las que hemos ofendido que a las que nos hayan lastimado a nosotros.


9. El negarse a “recorrer la segunda milla” o a “volver la otra mejilla”, como lo enseñan las Escrituras. Se nos indica que debemos perdonar hasta “setenta veces siete” (Mateo 18:21-22). El perdón es la esencia de una vida redimida. “Perdonad y seréis perdonados” (Lucas 6:37).


10. El desobedecer la Palabra de Dios que nos ordena específicamente que amemos a nuestros enemigos, los bendigamos, le hagamos el bien y oremos por ellos (Mateo 5:44)


Nota: Billy Graham escribió: “Dios puede darle y le dará un espíritu de perdón, cuando acepte Su perdón por medio de Jesucristo. Cuando haga esto, se dará cuenta de que el Señor le ha perdonado tanto que deseará perdonar también usted a todos los daños que haya sufrido. En el mundo se acepta generalmente la norma de ajustar cuentas con el otro individuo. Entre los cristianos, es preciso soportar las ofensas por amor de Cristo, perdonándoles a otros para que puedan descubrir a través de nosotros la gracia de Dios para perdón de los pecadores”.


Estrategia de asesoramiento:


1. Asegúrenle a su interlocutor que Dios nos cuida en todas las situaciones. Su Palabra nos enseña muchas cosas respecto a los enemigos.


2. Pregúntenle si ha recibido alguna vez a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Si no es así, compartan con él las “Cuatro leyes espirituales”.


3. Si el interlocutor es cristiano, anímenlo para que renueve su entrega a Cristo. Hagán hincapié en 1 Juan 1:9 y Romanos 12:1.


4. Utilicen los puntos que siguen, porque podrán servir como ayuda para entender mejor lo que es la reconciliación. Esfuércense en comprender la situación. Pidan información sobre las personas participantes y sus problemas.


A. ¿Qué produjo la ruptura de las buenas relaciones?


B. Considera su interlocutor que es posible que haya contribuido a que se creara ese problema?


C. Hasta donde pueda determinarlo, ¿Cuál es la actitud de la otra persona? ¿Está mostrándose totalmente sincero su interlocutor en sus esfuerzos para evaluar la situación?


D. Hagan hincapié en que tiene la obligación de perdonar, con todo lo que esto implica. Debe dar el primer paso para lograr la reconciliación. Un cristiano maduro aceptará siempre su responsabilidad como pacificador. Anímenle para que adopte la actitud de Cristo, que nunca exigió sus “derechos”. Cuando le injuriaban y escupían, no se vengaba.


E. Al interlocutor le conviene mucho aclarar la situación tan pronto como le sea posible. “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto… no sea que el adversario te entregue al juez… y seas echado en la cárcel… De cierto te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante” (Mateo: 5:25,26).


F. Cualquier acercamiento se deberá llevar a cabo con humildad. Recuerden que sólo Jesús era absolutamente justo, porque no tenía pecado. “La blanda respuesta quita la ira” (Proverbios 15:1). “Decid la verdad con amor” (Efesios 4:15).


G. Se debe orar sinceramente por la otra persona y abrir el corazón a las posibles soluciones.


H. Como consejeros, no se olviden de orar con su interlocutor, pidiéndole a Dios que intervenga y que actúe sobre ambas partes para lograr alguna solución satisfactoria.


I. Pregúntenle qué desea hacer como primer paso para la reconciliación. Recuérdenle que el retraso para actuar será perjudicial para la reconciliación.


Citas bíblicas:


“Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él” (Proverbios 16:7)


“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18)


“Apártese del mal y haga el bien, busque la paz y sígala” (1 Pedro 3:11)


“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” (Mateo: 5:44-46).


“Y Jesús decía; Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).


Salmo 34:14


Romanos 14:17-19


2 Timoteo 2:22

Las profecías

Un axioma muy útil para entender las Escrituras es: “Lo Nuevo está oculto en loa Antiguo; lo Antiguo se revela en lo Nuevo”. Por supuesto, nos referimos al Antiguo y Nuevo Testamento.


La profecía era, a la vez, una manifestación en el presente y una predicción –en la que los acontecimientos se vaticinaban décadas y siglos antes de que sucedieran en realidad. Gran parte de las profecías que contienen las Escrituras se han cumplido ya. Otras se están realizando en nuestros días. Pedro dijo: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:29-21).


Profecías cumplidas:


Las pruebas más convincentes de cumplimiento de las profecías se refieren a la Persona y la obra de Jesucristo, tal y como se revelan en los cuatro evangelios. La falta de espacio hace que no sea posible enumerarlas todas. Sin embargo, las siguientes son pruebas contundentes:


Debía ser de la familia del Rey David (Isaías 9:6-7; 11:1; Salmo 89:3-4; Marcos 12:36 y Juan 7:42).


Nacería de una virgen (Isaías 7:14 y Mateo 1:23).


Nacería en Belén (Miqueas 5:2 y Juan 7:42).


Tendría una entrada triunfal en Jerusalén (Zacarías 9:9 y Mateo 21:5).


Moriría junto a delincuentes (Isaías 53:9-12 y Lucas 22:37).


Echarían a suertes sus ropas (Salmo 22:18 y Mateo 27:35).


Sus últimas palabras fueron predichas (Salmo 22:1 y Mateo 27:46).


Resucitaría de entre los muertos al tercer día (Salmo 16:10). Jesús afirmó la resurrección, refiriéndose a las Escrituras del pasado (Lucas 24:46).


Pedro lo confirmó, citando la profecía de David (Hechos 2:25-32).


Aunque Isaías profetizó 800 años antes de la venida de Cristo, nos describió los sufrimientos del Señor (véase Isaías 53:6).


Profecías que quedan por cumplirse:


Las profecías que quedan por cumplirse se refieren en gran parte a la llamada “bendita esperanza” del creyente cristiano –la inminente segunda venida de Jesucristo. El autor de la carta a los Hebreos dice: “La cual (esperanza) tenemos como segura y firme ancla del alma…” (Hebreos 6:19)


Nota: Billy Graham escribió: “La importancia de la esperanza de la segunda venida de Cristo se recalca por la frecuencia, la amplitud y la intensidad con la que se menciona en la Biblia. Se indica en todos los libros del Nuevo Testamento, excepto cuatro. Cristo se refería continuamente a Su regreso, no sólo ante Sus discípulos, sino también ante otras personas. Al sumo sacerdote le dijo: ´Y además os digo que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo´ (Mateo: 26:64).


En uno de cada treinta versículos de la Biblia se menciona este tema. Se cita 318 veces, en 216 capítulos del Nuevo Testamento. La vigésima parte del Nuevo Testamento completo se ocupa de este tema. Además, es algo que predijeron la mayoría de los escritores del Antiguo Testamento: Moisés (Deuteronomio 33:2); Job (Job19:25); David (Salmo 102:16); Isaías (Isaías 59:20); Jeremías (Jeremías 23:5); Daniel (Daniel 7:13-14); Zacarías (Zacarías 14:4) y muchos otros”.


Hay diversas opiniones relativas a las profecías futuras. En lugar de discutir sobre ellas, recordemos que “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2 Pedro 1:20). Sin embargo, creemos que la llamada opinión premilenaria ofrece la explicación más completa de los acontecimientos futuros y da una lista aproximada de sus principales características.


1. La venida de Cristo es inminente: podría producirse en cualquier momento (Mateo 24:42-44; 1 Corintios 15:52; Apocalipsis 22:12).


2. La primera etapa de Su venida se conoce como el “rapto”. “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él… Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:14,16-17). “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito2:13). Esta es la primera resurrección: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:52-57) “Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia, porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (2 Corintios 5:4) y “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. (1 Juan 3:2).


3. Seguirá el juicio de los creyentes ante el tribunal de Cristo: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o malo”. (2 Corintios 5:10). La norma para este juicio es nuestra fidelidad en la vida y el servicio (véase 1 Corintios 3:11-15 y 4: 1-4). Este juicio no será por nuestros pecados. Eso se resolvió en el Calvario, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. (2 Corintios 5:21).


4. Llega el período de la Gran Tribulación, “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro” (Daniel 12:1), “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, , aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mateo 24:21-29), “Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7:14). El “hombre de pecado” (Anticristo) se manifestará, “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:3,4,8). “Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas, un hombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia. Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se les permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda la tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. Si alguno tiene oído, oiga. Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad, si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos”. (Apocalipsis 13:1-10)


5. Cristo vuelve (la segunda etapa) como Rey de reyes y Señor de señores, “Entonces vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Y vi un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos”. (Apocalipsis 19:11-21). Se produce la batalla decisiva de Armagedón, “Y vi un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos”. (Apocalipsis 19:17-21), “Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón” (Apocalipsis 16:16). “Despiértense las naciones, y suban al valle de Josafat; porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor” (Joel 3:12).


6. Sigue el milenio (reinado de mil años), “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. (Apocalipsis 20:4-6)


7. La segunda resurrección reunirá a todos los que rechazaron a Cristo en todas las épocas. Serán juzgados “de los libros, según sus obras”, “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apocalipsis 20:12), en el juicio ante el gran trono blanco. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).


8. Comienzan el nuevo cielo y la nueva tierra, el hogar eterno de los redimidos (véase Apocalipsis 21 y 22).


Estrategia de asesoramiento:


Para los que teman a los acontecimientos futuros:


El único modo de poder estar seguros y tener confianza en el futuro es entregarle nuestra vida al Señor que tiene el futuro en sus manos. “La cual (esperanza) tenemos como segura y firme ancla del alma) (Hebreos 6:19). Explíquenle a su interlocutor las “Cuatro leyes espirituales”.


Para el cristiano que no esté seguro de la venida de Cristo:


1. Asegúrenle que podemos estar informados y seguros respecto al presente como al futuro. Pablo dijo: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis, como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13).


2. Anímenle a que acuda a la Biblia, mediante la lectura y el estudio, y a que asista fielmente al CCLT, ya que allí podrá aprender aún más de la palabra de Dios e “interpretar correctamente la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Recomiéndenle que visite una librería cristiana, donde podrá adquirir buenos libros sobre la vida y el testimonio de los cristianos, así como también estudios bíblicos sobre las profecías.


Para el cristiano preocupado por su situación ante Dios:


1. Pregúntenle dónde se desvió de su camino.


2. Invítenle a volver al Calvario, para su confesión y perdón, sobre la base de 1 Juan 1:9 y 2:1.


3. Aconséjenle que adopte una posición firme por el Señor. Deberá:


A. Participar en la lectura y el estudio de la Biblia.


B. Buscar compañerismo en la iglesia.


C. Dar un testimonio activo de palabra y obra.


Eso le dará seguridad en Cristo y le hará conocer la voluntad de Dios para su vida.



Citas bíblicas:


La primera etapa de Su venida: el rapto:


“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él… Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:13-18)


“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. (1 Juan 3:2).


La segunda etapa de Su venida: el día del Señor:


“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Daniel 7:13-14)


“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemados… Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.”. (2 Pedro 3:10,13).


La actitud del creyente en vista de Su segunda venida:


“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando sea manifestado Jesucristo. Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1 Pedro 1:7-13).


“Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8:38)


“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno, según el don que ha recibido, minístrenlo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4: 7-10)


“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad del oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Timoteo 4:2-5)

La mundanalidad

Ser mundano o tener mentalidad mundana es, por definición, dedicarse o estar embebido en los intereses terrenales, por oposición a las cuestiones espirituales.


El cristiano no mundano o carnal se olvida a menudo de que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la pidas nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3). Más bien, se caracteriza por la indiferencia espiritual, la inestabilidad, y es indisciplinado. Se engaña a sí mismo (Santiago 1:26) y es rebelde a Dios (Santiago 4:4). De él se dice que es un “amigo del mundo” (Santiago 4:4), que tiene una identidad espiritual dudosa y que es “amador de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:4)


Muestra un interés tibio por las cosas que atañen al reino de Dios, de donde, es víctima fácil de casi cualquier tentación o secta que cruce su camino. Defiende “de labios” ciertas formas de doctrinas; pero carece de conocimientos verdaderamente substanciales. El Apóstol Pablo aconseja “A estos evita” (2 Timoteo 3:5).


El cristiano espiritualmente preocupado es, por otro lado, aquel que “primeramente busca las cosas de Dios y Su justicia” (véase Mateo 6:33). Adopta una posición firma contra el “espíritu de este siglo”, identificándose plenamente con la familia de Dios. Goza de un buen grado de percepción y discernimiento espirituales que se derivan de la oración y el caminar en el espíritu (Filipenses 1:6-11).


Aunque estará muy lejos de ser perfecto y habrá ocasiones en que se mostrará débil y lleno de dudas, buscará y experimentará una renovación constante al pie de la cruz (1 Juan 1:9 y 2:1). Su deseo sincero es estar lleno de los “frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1:1).


Sabe perfectamente que el ocuparse del Espíritu es “vida y paz” (Romanos 8:6).


Nota: Billy Graham comentó “La Biblia enseña que debemos vivir en este mundo; pero no participar de sus males. Tenemos que separarnos del mal del mundo. Cuando me enfrento a algo de este mundo, me pregunto: ´ ¿Viola esto algún principio de las Escrituras? ¿Limita en algo mi vida cristiana? ¿Puedo pedirle a Dios que me bendiga en ello? ¿Será una piedra de tropiezo para los demás? ¿Me gustaría estar allí, leyendo o viendo eso, si Cristo volviera en este momento?`. La mundanalidad no cae como avalancha sobre una persona y la arrastra consigo. Es más bien un deseo constante y lento que erosiona la roca. El mundo ejerce una presión constante sobre nosotros, día tras día. La mayoría quedaríamos devastados si no fuera por el Espíritu Santo que vive dentro de nosotros, que nos sostiene y protege”.


Estrategia de asesoramiento:


1. Si un cristiano les pregunta cómo salir victorioso en la lucha contra el mundo y cómo convertirse en un ser espiritual, felicítenlo por su interés en su crecimiento personal.


2. Para que pueda establecer las bases para nuevas actitudes y metas, aconséjenle que renuncie conscientemente a sus deseos pecaminosos y egoístas, que pida perdón a Dios por ellos y, al mismo tiempo, que busque su renovación espiritual. “…Escogeos hoy a quien sirváis… Pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).


Léanle Romanos 12:1, pidiéndole que consagre plena y fervientemente su cuerpo (vida) a Dios.


3. Aconséjenle prepararse para adversidades, tentaciones y fracasos, que nos sobrevienen a todos cuando tomamos la determinación de mantenernos “sin mancha del mundo” (Santiago 1:27) Dios no permitirá que las tentaciones nos abrumen (1 Corintios 10:13) y nunca nos dejará ni nos abandonará (Hebreos 13:5 y Juan 14:16).


4. Aconséjenle que lea y estudie fielmente las Sagradas Escrituras, y que cultive y practique cada día la oración. No hay ningún substituto para estas dos cosas, si la persona desea crecer en gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Al practicar estas disciplinas, desarrollamos un hambre y una sed de justicia que nos harán volver una y otra vez a la presencia de Dios para confesarnos, renovarmos, crecer y aprender. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37,38). Este ciclo habitual de tener sed y allegarse a la fuente de agua se convertirá en parte indispensable de nuestra existencia.


5. Con frecuencia es necesario alterar el estilo de vida y el círculo de amistades de la persona, con el fin de alcanzar una vida en el Espíritu sin obstáculos. Aconséjenle a su interlocutor que cultive la amistad de cristianos consagrados y desarrolle nuevos intereses y expresiones a través del servicio en una iglesia con buenas bases bíblicas. “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de reunirnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25).


6. Oren con el interesado en favor de una consagración genuina y rueguen por victorias espirituales inmediatas que la confirmen.


7. Por último , impúlsenle a establecer metas espirituales inmediatas a que se esfuercen en alcanzarlas, siguiendo de cerca su progreso que lo lleve de victoria en victoria.


Citas bíblicas:


“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de El”. (Colosenses 3:1,2,17).


“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).


Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado de él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:7-11)


“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios y sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida” (Filipenses 2:12-16)


“Gozosos en la esperanza… unánimes entre vosotros… no paguéis a nadie mal por mal… Estad en paz con todos los hombres… No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:12-21) (Frases selectas).


“Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación …bueno no es comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite” (Romanos 14:19-21).



domingo, 4 de septiembre de 2011

La tentación

Así como la aguja de la brújula se ve afectada por la atracción magnética, el cristiano se siente atraído por el pecado. Esto lo vemos ilustrado en el deseo de Israel de volver a las “cebollas y los ajos” de Egipto (números 11:5) y Dimas, el joven que cita el Apóstol Pablo, diciendo que “amando este mundo se ha ido…” (2 Timoteo 4:10). Pablo describe al cristiano como un ser compuesto de dos naturalezas; la vieja y la nueva, que compiten constantemente entre sí para obtener la supremacía. El cristiano, debe entender esto y aprender a enfrentarse a esta “atracción magnética” de su propia naturaleza pecaminosa y los engaños de Satanás.


Nota de Billy Graham: “Dios nunca prometió alejar la tentación de nosotros, porque incluso Cristo se sometió a ella… Existe una sensación de triunfo y confianza que se deriva de la victoria sobre la tentación, que no podemos obtener de ninguna otra manera. La tentación nos revela la verdadera naturaleza humana. No hace que los cristianos sean incrédulos, sino que el triunfar sobre ella fortalece al cristiano y le hace descubrir nuevas fuentes de poder… en el momento de la tentación, Cristo se hace más real que nunca para el creyente”.


Varias cosas que debemos recordar sobre la tentación:


1. La tentación es común a todos los cristianos. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana” (1 Corintios 3:13). Muchos otros se han enfrentado a los mismos problemas antes que nosotros.


2. La tentación proviene del diablo (véase la tentación de Jesús en Mateo 4:1-11).


3. La tentación por sí sola no es pecado; pero lo es el sucumbir a ella.


Nota de Billy Graham: “El pecado se produce cuando utilizamos la tentación para ceder a ella. Ninguno de nosotros debe colocarse deliberadamente en una posición en la que pueda ser tentado. Satanás siempre atacará nuestros puntos más vulnerables. ´Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces, la concupiscencia después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz muerte´ (Santiago 1:14-15). Cuando un pensamiento entra en nuestra mente, lo acariciamos, germina y crece hasta convertirse en un acto de maldad”.


4. Dios no nos empuja a la tentación en el sentido de que nos tiente deliberadamente e individualmente. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13).


No obstante, Dios permite a veces que seamos tentados (véase Job 1:6-12) para que aprendamos a enfrentarnos a la tentación, a vencerla y salir fortalecidos. “Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1 Juan 2:14). Asimismo, el cristiano recibe bendición en la victoria (véase Santiago 1:12).


5. Ninguna tentación es irresistible. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13)


6. Cualquier tentación que estemos experimentando, Jesús la padeció antes que nosotros. El “fue tentado en todo según nuestra semejanza; pero sin pecado” (Hebreos 4:15).


Estrategia de asesoramiento:


1. Pregúntenle a la persona si es cristiana, si ha recibido ya a Jesucristo como Salvador y Señor. Si no es así, explíquenle las “Cuatro leyes espirituales”. Nadie es lo suficientemente fuerte como para vencer por sí solo la tentación, no importa lo elevado que sean sus ideales o causas.


2. Compartan con la persona maneras de cómo enfrentarse y vencer la tentación.


A. Debemos resistir al tentador. “Resistid al diablo y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).


B. Debemos someternos a Dios: “Someteos, pues, a Dios” (Santiago 4:7). Para lograr este debemos:


1. Consagrarnos diariamente a Dios según se establece en Romanos 12:1 y hacer una confesión diaria de nuestros pecados para no permitir que nos abrumen (Salmo 51:10).


2. Someter nuestras mentes al control de Dios. “Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2).


“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2).


3. Orar sin cesar. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).


“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el espíritu” (Efesios 6:18).


4. Leer, memorizar y estudiar la palabra de Dios.


D.L. Moody solía decir: “El pecado lo mantendrá alejado de este libro (la Biblia) o bien, este libro lo mantendrá alejado del pecado”.


“La palabra de Dios es viva y eficaz… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12)


5. Asociarnos con la clase de amigos adecuados, es decir, la gente del Señor.


“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33)


“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de reunirnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándoos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25)


6. Vestirnos de toda la armadura de Dios (véase Efesios 6:13-18).


7. Depender del Espíritu Santo.


“¿Cuánto más vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?” (Lucas 11:13)


“Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16).


“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad…” (Juan 16:13)


Citas Bíblicas:


“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios porque Dios no puede ser tentado por el mal ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado, y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerta” (Santiago 1:12-15)



“…Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”. (Apocalipsis 12:10-11)


Mateo 4:1-11


Romanos 8:26


Gálatas 5:16