sábado, 28 de febrero de 2009

La Ira

La ira es una emoción, una reacción involuntaria ante un suceso o una situación desagradable. En tanto la ira se limite a esta emoción inicial e involuntaria, se podrá considerar como una reacción natural. Sin embargo, se vuelve peligrosa cuando nuestra respuesta ante ella es inadecuada; cuando perdemos el control (y descargamos la ira libremente) o nos la guardamos, de modo que volvemos amargados, resentidos y hostiles. Es entonces cuando la Biblia nos llama a cuentas.

Al abordar el tema de la ira, debemos entender que no toda la ira es mala. Cuando la Biblia se refiere a la ira, puede estar haciendo hincapié en varias emociones distintas. Por ejemplo:

1. La ira de Moisés se encendió al ver la infidelidad y la idolatría de su pueblo (Éxodo 32:19)
2. Al curar al hombre que tenía la “mano seca”, se indica que Jesús “los miró en torno suyo con enojo”, entristecido por la dureza de sus corazones (de los fariseos) (Marcos 3:5)
3. Aunque no se indica explícitamente, la ira se encuentra en la actitud y los actos de nuestro Señor Jesús cuando expulsó a los mercaderes de la casa de Dios (Marcos 11:15-17)
4. Hasta cierto punto, la ira se encuentra presente en nuestra actitud hacia el pecado y el modo en que lo abordamos. “Airaos, pero no pequéis” (Efesios 4:26)
El control de la ira es bíblico

“El necio da rienda suelta a toda su ira; mas el sabio sosiega” (Proverbios 29:11) Al tratar de controlar nuestra ira, debemos darnos cuenta de que todas las personas tienen derecho a sus propias opiniones y que sus vidas se deben distinguir por la dignidad y el respeto. Al mismo tiempo, con el fin de mantener todas las cosas dentro de la perspectiva correcta, no nos olvidemos de que si Jesús hubiera exigido Sus derechos, no hubiera muerto en la cruz. En este punto, hay una distinción muy fina. Lo que tenemos que recordar es que los cristianos debemos ser muy cuidadosos en nuestras respuestas, sin olvidarnos de que es posible que nuestra posición sea correcta, pero nuestras actitudes erróneas.

Nota: Billy Graham escribió: La Biblia no prohíbe el enojo; pero establece dos límites. El primero es que debemos mantener la ira libre de amargura, desprecio u odio. La segunda es la verificación diaria de si hemos resuelto nuestros sentimientos maliciosos. Hay un antiguo proverbio latino que dice: “El que se acuesta airado tiene al demonio como compañero de lecho”. Por supuesto, la vida contiene muchos motivos de irritación, que se convierten en magníficas oportunidades para que Satanás nos conduzca a las malas pasiones.

La ira será excesiva o estará fuera de control cuando:
1. Dé como resultado explosiones de cólera y un lenguaje ofensivo.
2. Produzca amargura, resentimientos y hostilidad (el deseo de “ajustar las cuentas”)
3. Es espiritualmente debilitante, provoca inquietud interna, destruye la tranquilidad propia y es contraria a los sentimientos de bienestar. ¿Tengo el sentimiento de que mi actitud es desagradable para Dios o que le estoy dando “lugar al diablo”? (Efesios 4:27)
4. Daña a otras personas. ¿Afecta negativamente mi testimonio cuando los demás observan mis malas respuestas? ¿Son víctimas de esas respuestas?
¿Cómo podemos aprender a controlar la ira excesiva?
1. Traten de no interpretarlo todo como si fueran ofensas, desprecios, deseos de lastimar, etc. Al mismo tiempo, procuren identificar las cosas que causan su ira excesiva.
2. Hagan que sus actitudes y respuestas sean objeto de oración firme. También debemos llevar ante el Señor la conducta irritante de otras personas, dándonos cuenta de que Dios utiliza a los individuos y las circunstancias para refinar nuestro carácter. ¡Es posible que tengamos demasiadas aristas que se deban suavizar de nosotros mismos!
3. Cultiven la práctica de confesar como pecado la ira excesiva. La importancia de “lo inmediato” en esta búsqueda del perdón se debe colegir a partir de las palabras del Apóstol Pablo: “No dejéis que se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26) Aprendan a poner las cuentas en orden, al menos para el final del día.
4. Dense cuenta de que los cristianos deben enfrentarse a dos naturalezas que se esfuerzan por obtener la supremacía. Debemos aprender el principio de “despojo” y “revestimiento” de Efesios 4:22-24.
A. “Despojémonos” del viejo hombre, corrompido por sus deseos engañosos (versículo 22)
B. “Vistámonos” con el nuevo hombre, creado para ser como Dios en justicia y santidad (versículo 24)
C. El efecto de poner en práctica el principio de “despojo” y “revestimiento” es renovarnos en el espíritu de nuestra mente (versículo 23) Este es el modo en que se hace válido 2 Corintios 5:17.
5. Esfuércense en alejar la ira de ustedes mismos para enfocarla en los problemas que la provocan.
6. Sométanse todos los días al Espíritu Santo. “Andad en el espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne”. (Gálatas 5:16)
7. Permitan que la Palabra de Dios ejerza su poder sobre los aspectos de sus vidas, al leerla, estudiarla y aprenderla de memoria. “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, ensenándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría” (Colosenses 3:16)


Estrategia de Asesoramiento:

1. Una relación personal con Jesucristo es básica para resolver cualquier problema espiritual.
Pregúntenle a la persona en cuestión si ha llegado a tener esta relación con el Señor. Denle las “Cuatro leyes espirituales”.
2. Háganle preguntas a su interlocutor cristiano, para determinar cuál es su situación en lo que se refiere a su ira excesiva o no resuelta.
Hablen con él sobre los antecedentes, haciendo hincapié en las actitudes de los cristianos, la confesión diaria y los componentes del principio del “despojo” y “revestimiento”. Hagan que tome nota de los consejos y las citas bíblicas, como ayuda para que los recuerde.
3. Oren con esa persona. Rueguen que pueda tener una “conciencia libre de ofensas contra Dios y los hombres”, y la fe necesaria para confiar en Dios para obtener la victoria continua.

Citas Bíblicas:
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”. (Santiago 1:19-20)

“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor”. (Proverbios 15:1)

“Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca”. (Colosenses 3:8)

“El necio da rienda suelta a toda su ira; mas el sabio al fin la sosiega”.
(Proverbios 29:11)

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. (Efesios 4:22-24).

1 comentario:

Ely Chan dijo...

Estas palabras me han ayudado a entender muchas cosas, que conocía pero no entendía, tengo un problema grave de ira.