miércoles, 26 de noviembre de 2008

Disciplina

Con frecuencia, un cristiano confesará algún pecado o alguna desobediencia que dio como resultado un castigo de Dios. En otros momentos, una conversación revelará problemas y dificultades que parecen indicar que Dios está disciplinando al interlocutor.

El castigo del Señor es bíblico:
“Bienaventurado el hombre a quien tú, Jehová, corriges, y en tu ley lo instruyes, para hacerle descansar en los días de aflicción” (Salmo 94: 12-13)

“No menosprecies, hijo, mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”. (Proverbios 3:11-12)

Nota: Billy Graham comentó: “La Biblia dice: ‘El Señor a quien ama castiga’. Si la vida fuera siempre fácil, ¿no nos debilitaríamos? Cuando un constructor naval necesitaba troncos para producir un mástil para un velero, no cortaba árboles del valle, sino de la ladera de la montaña, donde los árboles habían sido sacudidos por los vientos. Sabía que esos árboles eran los más resistentes de todos. Las dificultades no son lo que preferimos; pero si las afrontamos con valor, pueden fortalecer la fibra de nuestras almas”.

“Dios no nos disciplina para someternos, sino para prepararnos para una vida de utilidad y bienaventuranza. En Su sabiduría, está consciente de que una vida incontrolada carece de felicidad, por lo que pone freno a nuestras almas errabundas, para poder dirigirlas por las sendas de la justicia”.

El castigo es conveniente, cuando se toman en cuenta las alternativas:
“Y él les dio lo que pidieron; más envió mortandad sobre ellos” (Salmo 106:15)

“Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27)

Dios tiene motivos para disciplinarnos o castigarnos:
1. Quiere conducirnos al arrepentimiento. “Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por vuestra parte” (2 Corintios 7:9)
2. Quiere hacernos volver a tener comunión con Él. “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también nosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3)
3. Quiere que seamos más fieles. “Ahora bien, se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:2)
4. Quiere conservarnos humildes. “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”(2 Corintios 12:7-9)
5. Quiere enseñarnos el discernimiento espiritual. “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:31-32)
6. Quiere prepararnos para un servicio más eficaz. “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo e el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58)

Estrategia de asesoramiento:
1. Animen a su interlocutor. Puede sentirse contento de que el Señor descargue la disciplina de su mano sobre él. Al castigarnos o disciplinarnos, Dios no está descartando a su hijo ni desheredándolo, sino que, en lugar de ello:
A. Está confirmando su amor por nosotros (“Al que ama, castiga”)
B. Está confirmando Su relación con nosotros. “Pero si os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”. (Hebreos 12:8)
C. Quiere que le respondamos con obediencia y fidelidad. “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba, mas ahora guardo tu palabra”. (Salmo 119:67)
2. Ayudarle a abrirse al Señor a la manera del salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos, y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. (Salmo 139:23,24)

Pueden ser útiles algunas preguntas, tales como, por ejemplo:
¿Por qué cree que está siendo castigado o disciplinado?
¿Cree que hay alguna desobediencia o algún pecado en su vida que esté corrigiendo Dios?
3. No minimicen de ninguna manera el pecado de desobediencia que admita su interlocutor. Será la base para que le pidan que se arrepienta, confiese su pecado y vuelva a tener comunión con el Señor.
4. Anímenlo para que inicie y continúe una experiencia devocional diaria con Dios, mediante la lectura de Su palabra y la oración.
5. Animen al interlocutor a que busque la dirección de Dios para descubrir Su finalidad para su vida. De la disciplina se pasa a la obediencia y la bienaventuranza que conducen a oportunidades para vivir para Cristo y servirle.
6. Anímenle a que asista a la iglesia donde pueda encontrar un buen compañerismo orientado bíblicamente. ¡Los amigos cristianos nos ayudan a fortalecernos!
7. Oren con esa persona para pedir su restauración y renovación completa.

Citas Bíblicas


Salmo 94:12,13
Proverbios 3:11-12
1 Corintios 9:27

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hace unos años pasaba un momento muy difícil y Dios trajo a mi mente este pasaje que tantas veces había oído durante las “Santas Cenas”. Jesús en el momento más difícil de su vida fue capaz de dar gracias en medio del dolor y entregar su cuerpo para que Dios se glorificara e hiciera su voluntad, ahora me tocaba a mi; estaba siendo partido porque quería hacer la voluntad de Dios y debía aprender varias lecciones de vida y fue cuando Dios me dijo: “Acuérdate de mi y de lo que hice y haz lo mismo”.
Si quería hacer la Voluntad de Dios debía voluntariamente dar gracias mientras mi cuerpo era partido, mientras sufría, si hubiese tomado una actitud contraria (como hice durante un tiempo) el Señor nunca hubiese sido anunciado en mi vida; recordé que mi vida ya no me pertenecía y si mi cuerpo debía ser partido debía acordarme de lo que hizo el Señor: dar gracias.