jueves, 9 de octubre de 2008

Amargura y Resentimiento

La amargura es el producto de una intensa animosidad, caracterizada por el cinismo y la mala voluntad. El resentimiento es un desagrado lleno de indignación y mala voluntad como resultado de algún daño, insulto o injuria, ya sea real, imaginario o no intencional. Esas cosas van juntas con frecuencia y son el resultado de la ira no resuelta.
Los consejeros profesionales revelan que un gran porcentaje de quienes resiben asesoramiento en la actualidad son seres amargados, airados y resentidos. los sentimientos corroen al individuo, hasta que algunas personas se transforman en incapacitados emocionales y enfermos físicos. Su capacidad para actuar se reduce, disminuyendo su eficiencia. Con frecuencia tienen dificultades para dormir y sus relaciones personales tanto en el seno de sus familias como fuera de ellas, sufren una especie de erosión. Algunos pueden obsesionarse tanto en el deseo de "ajustar cuentas"que pueden llegar a matar a alguien. El individuo que tiene ira no resuelta y profundamente enraizada no será una persona en su plenitud.
Un caso clásico del síndrome de "resentimiento y ajuste de cuentas" se encuentra en la historia de Caín y Abel (Génesis 4:1-16). Caín estaba furioso porque sus ofrendas se vieron rechazadas por Dios que aceptó las de su hermano. En realidad, no era una diferencia entre Caín y Abel, en absoluto, sino entre Dios y Caín. Fue Dios el que rechazó su ofrenda. Sin embargo, Caín se llenó de resentimiento y depresión ("Su rostro decayó"). En lugar de arrepentirse y buscar el perdón del Señor, descargó su ira sobre su hermano.
En muchas oportuniades habrá personas que nos hablarán de problema de esta naturaleza porque están tratando de obtener simpatía o reforzamiento. Les dirán que han sido malinterpretadas, incomprendidas y maltratadas, sin darse cuenta de las implicaciones pecaminosas de su propia conducta. A medida que se desenvuelva su relato y en cuanto detecten resentimientos y amargura, trátenlos como pecados.
La Palabra de Dios dice: "Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca". (Colosenses 3:8)
Estrategias de asesoramiento
1. Mientras su interlocutor les revela su problema, permanezcan neutrales. Asegúrenle que la Palabra de Dios contiene la solución para sus problemas.
2. Asegúrense de que están hablando con alguien que ha recibido verdaderamente a Cristo.
De no ser así, dénle las Cuatro leyes espirituales para obtener la paz con Dios.
3. Si su interlocutor no se ha dado cuenta todavía de que la amargura y el resentimiento son un problema grave para él o ella o si está consciente de ello y está buscando sinceramente una solución, asegúrense de que comprenda que se están enfrentando a un pecado en su vida. El pasas por alto este hecho hará que resulte imposible cualquier tipo de solución real.
4. El arrepentimiento y la confesión darán como resultado el perdón y la restauración de la comuni;on con Dios. Compartan con esa persona sobre el tema de la "Restauración", haciendo hincapié en el pasaje de 1Juan 1:9. Oren juntosm pidiéndole a su interlocutor que confiese su amargura y su resentimiento.
5. Si realizan lo anterios, será apropiado tomar disposiciones para la reconciliación, sobre todo cuando haya habido acusaciones, recriminaciones, críticas y el rompimiento de alguna relación. La victoria se obtiene cuando se resuelven los asuntos tanto en el plano vertical como en el horizontal. El precio es "una conciencia libre de ofensas contra Dios y los hombres" (Hechos 24:16)
No es necesario hacer que el asunto sea público; pero Jesús dijo: “Ve y reconcíliate primeramente con tu hermano” (Mateo 5:23). El apóstol Pablo recomendó: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres… Así que si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer, si tuviere sed, dale de beber, pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Rom. 12: 18, 20-21) Si hay reconciliación, Dios estará complacido y ambas partes tendrán una curación espiritual. Por otra parte, si no sucede nada positivo, el interlocutor habrá hecho todo lo que exige Dios. Habrá sido obediente y, por ende, podrá seguir viviendo con su conciencia limpia.
6. Aconséjenle a su interlocutor que ore para que el Señor lo llene con amor hacia la otra persona, tanto si se produce una reconciliación como si no es así. “El amor… no guarda rencor, no se goza de la injusticia” (1 Corintios 13:5-6)
7. Si la amargura y el resentimiento son de larga duración y el interlocutor insiste tercamente en que su actitud es la correcta, denle la amonestación de Pablo: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:31-32) Pídanle a esa persona que reflexione en estos versículos y que ore por sus enemigos a la luz de esta verdad.
Oren con su interlocutor.

Citas Bíblicas
“Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23)

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”
(Mateo 6:14-15)

“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No es venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:14-19)

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:14-15)